En cierto momento de Mátalos suavemente, la nueva película protagonizada por Brad Pitt y Ray Liotta, Jackie Cogan, el personaje de Pitt, dice: En América, estás solo. América no es un país, es un negocio . La línea, el final de un breve monólogo, es lo más impresionante de la película, una clásica historia de crimen, balas y dinero. Un asunto, como suele ser, de hombres. No hay personajes femeninos en Mátalos suavemente y, curioso, todo se queda entre conocidos: es una historia de criminales lidiando con criminales.

Markie (Liotta) opera partidas de póker ilegales, ésas en las que se apuesta y se pierde en grande, un negocio usual en el que suelen participar sólo iniciados de la mafia y amigos de los amigos. Una noche, un par de jóvenes, novatos y muy torpes ladrones asaltan la mesa. Todo parece indicar que se trata de un inside job, un golpe gestado desde adentro de la organización criminal.

Si vieron Los Soprano, sabrán que así fue como Tony Soprano comenzó su ascenso en el mundo del crimen. Su asalto al póker del jefe hizo que Soprano y sus amigos fueran considerados valientes y astutos y que, una vez aclarada la situación, fueran aceptados como hijos de la familia. No sucederá esto en Mátalos suavemente: es claro que Johnny y Russell, los rateros, van a morir.

Para eso llega Jackie Cogan (no confundir con el cómico inglés Jackie Coogan), un asesino profesional que, a pesar de ser un tipo durísimo, no gusta de matar sádicamente. No, lo suyo es matarlos suavemente , dar el tiro de gracia sin que haya habido ni siquiera necesidad de iniciar el tiroteo.

Cogan opera como un hombre de negocios en una época de crisis económica: si quieres el trabajo, el dinero tiene que estar listo y tiene que ser una paga justa.

Lo que sigue es una trama que tiene su escarceo con el cine negro y con las teorías conspiratorias (todo sucede en el 2008, siempre que hay una televisión encendida vemos la cara de Obama o de Bush hijo), pero en realidad se trata de una serie de actos de violencia. Algunos, con gracia y buenas líneas; otros sólo suceden.

No es casualidad que Andrew Dominik, director (yan antes había trabajado con Pitt), haya escogido a James Gandolfini como el gran jefe mafioso que decide el destino de los personajes. Gandolfini-Tony Soprano es ideal para atraer a fans del género mafioso.

Ése el problema de Mátalos suavemente: Dominik se esfuerza demasiado en convencernos de que, si nos gustan las de criminales, entonces, su película es ideal para nosotros. Juntas a Liotta (Good Fellas), Gandolfini (Sopranos) y a Brad Pitt-(Brad Pitt) y con eso basta. Increíble, pero no, no basta.

El que mejor hace su trabajo no es ninguno de esos tres, sino el veterano Richard Jenkins como una especie de administrador y domador de leones (es él quien sabe cómo negociar con Cogan) que tiene grandes momentos. La película es aburrida y hacia el final uno quiero que llegue Cogan y nos mate ya, lo más rápido que se pueda. Bueno, no es cierto, pero captan la idea.

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