Soñé con Star Wars. Consecuencias de verla a medianoche en una sala llena de fans disfrazados. Lo mínimo de ley era una playera, una gorra que declarara el santo y seña.

Soñé con Star Wars: el despertar de la Fuerza porque es una película impactante. Una historia que tiene su candor y enciende una nueva esperanza.

Este fue el año de Star Wars. El despertar de la Fuerza, o Episodio VII, fue lo que los clásicos llamaban "un evento cinematográfico". Todo eso usted ya lo sabe, si es que no vive en una cueva. Lo supo, seguramente, hasta el hartazgo.

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Pero para los fans ese hartazgo es otra cosa: una mezcla de expectativa y miedo. "¿Y si no está buena?". El miedo, nos recuerda el maestro Yoda, es el camino a Lado Oscuro.

Pues sí, soñé con Star Wars durante una semana porque tenía miedo y porque no podía esperar más para verla. Soñar que no se ha acabado. Bienvenidos a la nueva vida de Star Wars.

J. J. Abrams lo logró

Fan o no fan, esta es una reseña de una cinta que verán millones de personas en el mundo. Tan solo la medianoche del jueves en México en la cadena Cinépolis al menos medio millón de personas vieron el estreno.

Sin más vueltas: creo que El despertar de la Fuerza es, junto al Imperio Contraataca, la mejor película de toda la serie. J. J. Abrams, el director, logró lo que George Lucas, el propio creador de la historia no pudo con sus precuelas: invocar ese halo mítico de las cintas originales que se había perdido en el camino.

Star Wars, aquellas de los 70, eran un cuento de hadas para una década hundida en el cinismo. Hoy El despertar de la Fuerza puede convertirse en mito de una heroína que las nuevas generaciones pueden abrazar en un mundo que cambia a ritmo de vértigo.

El despertar de la Fuerza es una película muy entretenida pero no es un ride de feria de efectos especiales.

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Afortunadamente Abrams supo que esto no se trataba de las naves y las explosiones en el espacio, sino de la vieja regla: una historia sencilla, bien contada.

Es, como dije más arriba, una cinta candorosa: es un recomenzar el cuento.

La cinta está llena de referencias a Una nueva esperanza, la primera película, la de 1977, aquella en la que un joven piloto, Luke Skywalker, descubre que algo llamado la Fuerza lo ha escogido para convertirlo en héroe.

Por eso si usted no ha visto nada de Star Wars nunca, El despertar de la Fuerza le gustará. Aunque no note la referencias a las cintas pasadas, esta película funciona como iniciación. Los personajes principales son nuevos, y la aventura que contemplan brilla con el aura de la novedad. Es colorida y llena de detalles pequeños y adorables.

De las cenizas nacen prodigios. De las brasas nacen proezas. Y la Fuerza ha despertado. Y ha elegido a una nuevo discípulo. Esta vez, a una niña del desierto.

Rey, todo es real

Deliberadamente no he hablado de la trama hasta ahora. La cultura del spoiler se ha vuelto una locura en la red. Las reseñas ya no sólo funcionan como aparatos críticos sino también como una especie de cacería de trama: a ver quién revela más de la historia, a ver quién "le echa a perder" la experiencia a los fans.

Trataré de revelar lo menos posible de la historia, pero si es usted de los que no quieren ni un spoiler, deje de leer ahora.

La trama no es perfecta, hay hoyos que quizá más bien son cables sueltos que se irán resolviendo en las siguientes entregas.

Todo comienza como ya sabemos, en una galaxia muy lejana. Han pasado décadas desde los acontecimientos de El regreso del Jedi, donde vemos que la paz regresa a la galaxia gracias a Luke Skywalker (Mark Hamill), el último caballero Jedi, y sus aliados, el pirata Han Solo (Harrison Ford) y la princesa Leia (Carrie Fisher).

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La Fuerza, esa entidad que rodea a todos los seres vivos y los une en armonía, está en equilibrio. El lado de la luz ha contenido a lado oscuro.

Sin embargo, al principio de El despertar de la Fuerza, Luke Skywalker, ahora un maestro Jedi, ha desaparecido. La República se tambalea frente a una entidad malvada llamada la Primera Orden, nacida de los restos del Imperio del mal, aquel de Darth Vader.

La Primera Orden tiene como objetivo primordial encontrar a Skywalker para que el Lado Oscuro triunfe e imponga de nuevo su tiranía. Hay un nuevo villano: Kylo Ren (Adam Driver), un discípulo del Lado Oscuro cuya historia esconde secretos que no son evidentes.

Pero hay una nueva esperanza y surge de un planeta perdido. Una niña que se dedica a vender chatarra es nuestra nueva heroína. Rey (Daisy Ridley) no lo sabe, pero la Fuerza la ha elegido. Para ella toda la historia de Luke Skywalker y la Fuerza no son más que cuentos. No, Rey: todo es verdad. Saberlo es la primera estación de tu viaje épico.

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En otro lugar de la galaxia, un soldado de la Primera Orden ha desarrollado escrúpulos morales. Es un giro interesante que es un toque puro de Abrams: ¿y si hacemos héroe a un stormtrooper? John Boyega interpreta a Finn, el soldado que decidió ser libre. Es el personaje más carismático de la cinta.

Sí, hay sus bemoles. Algunos inclusive dan risa: sí, ya nos vencimos a la Estrella de la Muerte. ¿Qué hacemos ahora? Pues enfrentarnos a una Estrella de la Muerte más grandota.

Pero el final, ese final que no revelaré, tan sencillo, me conmovió. Es un encuentro que nos recuerda que la saga de Star Wars es sobre todo una historia épica de aprendizaje. Un alumno y su maestro: tan profundo y tan sencillo como eso.

El despertar de la Fuerza emociona. Ya quiero ver las siguientes. Es como leer un gran ciclo mitológico que hoy comienza de nuevo.

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