Lemmy Kilmister todos los días toma cerca de una botella de whisky mezclado con cola. Su voz denota el desgaste.

Su voz como pedazo de su personalidad es central en el documental Lemmy, 51% chingón, 49% hijo de la chingada que se estrenó en México dentro del festival Distrital.

"Es como una tormenta de arena que te está arrasando" describe Jarvis Cocker, vocalista de Pulp, la voz de Lemmy. "Es el más grande y maldito de los malditos del rock" dice Dave Grohl, baterista de Nirvana y de los Foo Fighters. "Su nombre debería ser un verbo", dice Lars Ulrich de Metallica.

Lemmy, él solo, es una fuerza de la naturaleza. Si bien su voz rasposa y grave a veces es difícil de entender, el resto de su ser es fortísimo. No es ningún sobreviviente que presume de su limpieza y su sobriedad. Ha cumplido 64 años y no ha bajado el ritmo de los whiskys con cola, los cigarrillos y las metanfetaminas.

Lemmy es el vocalista y bajista de Motörhead. Si el hombre y el nombre no le dice nada, ha estado usted muy desconectado de la escena rock de los últimos 35 años. Motörhead no son los Beatles ni los Rolling Stones, pero Lemmy es tan fundador del rock, tan leyenda, como Lennon o Keith Richards.

Cuando al inicio de la cinta un fan le hace la manida pregunta de sus influencias musicales, Lemmy lo dice todos: "Después de los años todo se reduce a lo primero que escuchaste y que te impactó: Elvis, Little Richard, Johnny Cochran". Otros podrían agregarse a la lista: Johnny Cash, Chuck Berry, Buddy Holly. Cuando Lemmy toma el bajo como una escopeta, al estilo Johnny Cash, un ciclo en la historia del rock se cierra.

El documental revela un gran personaje, la música casi pasa a segundo plano. Lemmy, el buen muchacho criado por su madre y por su abuela en Liverpool, el que se "cuando no había rock y todo eran los discos de tu mamá". Lemmy, el ayudante de Jimmy Hendrix.

"Jimmy te mandaba a comprar 10 ácidos, se quedaba con 7 y te regalaba 3" narra con un guiño a la cámara.

Lemmy, el que se ha vuelto el mejor amigo de su hijo, engendrado con una groupie. Lemmy, el adicto al speed al que tuvieron que sacar de prisión más de una vez. Lemmy, el coleccionista de parafernalia militar, de la que sabe tanto que es capaz de corregir documentales televisivos sobre historia bélica.

Lemmy, el que no es cualquier rockstar. Dave Grohl lo dice mejor: "Mientras los Keith Richards anda por ahí con su reputación de pistoleros, echándose a una supermodelo en París, ¿saben que está haciendo Lemmy? Tomándose un whisky, grabando el siguiente disco". Lemmy, el músico incansable como Bob Dylan.

Pero sobre todo Lemmy, un tipo inteligentísimo, como lo describe Wes Orshosky, director de la película junto con Greg Olliver. "Lemmy es muchísimo más lúcido que su ambiente habitual. Se las arregla para ser el tipo más inteligente en la habitación" dice Orshosky.

El documental transpira la inteligencia de su protagonista. Sentimos que Lemmy lo sabe todo. Y aunque su música sea demasiado ruidosa o su vida demasiado disipada, lo miramos como se mira a alguien contacto con lo sagrado.

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