Dentro de nuestra cultura hay muchas creencias y preconcepciones de cómo los hombres y las mujeres debemos comportarnos y muchas de éstas tienen que ver en la manera en que hablamos, sobre todo en el caso de las mujeres, ya que el habla masculina —en la mayoría de los casos y las tradiciones— ha sido considerada como la norma. Se han aseverado muchas cosas del habla femenina, que si es más refinada, usa menos malas palabras, es menos asertiva, menos creativa, que si usa más muletillas, etcétera. Pero, ¿cuáles de estos supuestos han podido ser comprobados por los lingüistas?

El esquema Lakoff

En los últimos años del siglo XX empezó a haber un gran interés por este tema, las diferencias culturales y cerebrales de los hombres y las mujeres, nuestras grandes batallas, la imposibilidad de comunicarnos, que si somos de Venus y los hombres de Marte. Quizás fue la lingüista Robin Lakoff la pionera de estos estudios, surgida de la generación boomer y gratamente influenciada por la Revolución Sexual de los años 60, al llevar a cabo la primera investigación académica sobre el habla femenina que publicaría en el libro Language and women’s place —El lenguaje y el lugar de la mujer— (1975), en la que proponía ver el habla de las mujeres como diferente y no como deficiente o anormal.

A partir de ahí, los estudios se han extendido en diversos ámbitos, hay muchos, de diferente índole y con distintos propósitos. Se ha estudiado cómo la forma de hablar de mujeres y hombres impacta en la comunicación entre ambos, el momento del habla, quién interrumpe más, quién es interrumpido con mayor frecuencia, qué tipo de formas gramaticales usamos unos y otros, quién tiene más vocabulario, quién expresa mejor las emociones y por qué muchas veces no podemos entendernos.

Chismes y chistes

Por otro lado, en otros estudios que se han realizado dentro de la familia, las mujeres suelen ser más expresivas y más entendedoras, mientras que los hombres son más resolutivos y tratan de resolver los conflictos más en corto. A la hora de arreglar problemas se sabe que las mujeres buscan más comprensión; por su parte, los hombres exigen y se evaden con mayor facilidad.

A la hora de los chistes, los hombres se pintan solos, son más decididos a exponer bromas, chistes, humor, malas palabras y dobles sentidos. En este tenor, en México, los hombres usan muchísimo más el albur que las mujeres; de hecho, el albur se considera una forma de relación hombre a hombre en donde se demuestra el poder y la sumisión sexual a través del juego de palabras. La cultura —no sólo en México, sino en el mundo— juega un papel importante en permitir que las mujeres digan palabras que se consideran altisonantes o expresen su humor, sobre todo si éste es sexual o escatológico.

En cuanto al chisme, es decir, contar detalles de la vida de otras personas o hablar mal o bien de ellas, las mujeres son mucho más afectas a él que los hombres. Se trata de una forma de intimar, de acercarse a la otra o al otro, de contar secretos, de compartir información y de entretenerse. Por cierto, las mujeres son más dadas a hablar de otros cuando están con otras mujeres que cuando están con hombres o en un grupo mixto, e incluso entran en mayor detalle en esos casos.

Preguntar e interrumpir

En estudios recientes también se ha visto que no es sólo importante si el que habla es hombre o mujer sino de qué sexo es el interlocutor. De acuerdo con el Journal of Language and Social Psychology, tanto hombres como mujeres son más dados a interrumpir cuando hablan con una mujer que cuando hablan con un hombre. Adrienne Hancock, de la George Washington University, hizo un estudio en el que resultó que durante una conversación de tres minutos las mujeres sólo interrumpieron a los hombres una vez, pero interrumpieron a otras mujeres 2.8 veces en promedio, mientras que los hombres interrumpieron a su interlocutor hombre dos veces y a su interlocutor mujer 2.6 veces. Esto quizás tiene que ver con algo que en lingüística se conoce como “acomodo de la comunicación”, en el que cambias tu código para quedar bien con la otra persona, o para tener más empatía con el interlocutor.

La forma en que las mujeres y los hombres muestran afecto o se sienten apreciados en la chamba es también distinta. John Gray y la especialista en inteligencia Barbara Annis llevaron a cabo más de 100,000 entrevistas entre ejecutivos hombres y mujeres en el lugar de trabajo, y resulta que, en general, los hombres sienten que las mujeres hacen más preguntas y que muchas veces esas preguntas interfieren con el trabajo y lo retrasan o que son muy criticonas y mandonas, mientras que las mujeres aseguraron que ellos no les hacen caso. Esto se debe, de acuerdo con Gray, a diferencias bioquímicas básicas. Mientras que los niveles altos de testosterona masculinos empujan a los hombres a reaccionar más rápido, a querer ser el jefe de la manada y la cerecita del pastel, las mujeres, que tienen mayores niveles de oxitocina —la hormona del vínculo— son más inclusivas y tratan de promover al equipo.

Conclusión

La lengua, lo he dicho muchas veces, es reflejo de la cultura y del mundo que nos rodea. Así, las diferencias fundamentales entre el habla de cada uno de los sexos reflejarán la manera en que éstos conviven, piensan y se comportan en el mundo y en las interacciones íntimas, sociales, laborales, etcétera. Conforme éstas cambien el lenguaje cambiará. Aun así, hay mucho más que decir e investigar al respecto este lunes 3 de junio a las 7:30 de la noche, en el Foro del Tejedor en la Roma, así que no falten.

María del Pilar Montes de Oca Sicilia habla como mujer pero dice leperadas como hombre.

Colores

Cuando se fueron los hombrecillos verdes llegaron los hombres de negro y luego todo se volvió gris.

Camino Arzatz

¡Ah, qué chida es la ch!

Botarse a uno la chompeta. Locución sinónima de enloquecer, salirse de lo acostumbrado, de la norma.

—¿Se te botó la chompeta? ¡No tires ese cartel, que es de Toulouse-Lautrec!

—Dicen que a la abuela se le botó la chompeta y andaba gritándole groserías a todos.

Conferencia

¿Por qué hombres y mujeres no nos comunicamos?

Imparte: Pilar Montes de Oca Sicilia, directora general de la revista Algarabía.

3 de junio a las 19:30 horas, en el Foro del Tejedor de la Cafebrería El Péndulo de la colonia Roma.

Álvaro Obregón 86, colonia Roma Norte, Ciudad de México.

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