Las fotografías de Graciela Iturbide (México, 1942) son poesía. O la poesía es como las fotografías de Graciela?Iturbide. Su más reciente?exposición, Ofrenda, que se presenta en la Galería 526 del Seminario de Cultura Mexicana, así lo demuestra.

El secreto de sus imágenes, que están construidas con una técnica magistral en cuanto a composición y, a la postre, la luz y los infinitos grises entre el blanco y negro de cada toma, tiene que ver más con la personalidad de la autora que con su obra.

En Ofrenda, por ejemplo, retrata o documenta luchadores, homosexuales y prostitutas de la India, y en ningún momento se siente la visión de una intrusa, de una fotógrafa a la que la suerte le dio la gracia de captar un instante efectista. ?Por el contrario, su punto de vista frontal pareciera sólo?posible por alguien que ha pasado años con dichos grupos, alguien de la familia, alguien a quien se le otorga la confianza?para, desde el corazón de la tribu, darse su tiempo para crear iconografías, ya posadas, ya consecuencia de un soplo específico.

Graciela Iturbide es, en este ?sentido, como el Virgilio y el Dante de la Divina Comedia.?El primero guía sin mayores sobresaltos o por lo menos no se observan los sobresaltos en las fotografías exhibidas mientras que el segundo, una vez afuera del infierno o del purgatorio, escribe su poema.

La lírica de esta fotógrafa se finca, en principio, en la imagen. Con la composición le da ritmo y, en el laboratorio, con los grises, logra imprimir textura y profundidad a cada pieza. Todo ello, incluso en las fotografías en el que la o el modelo posa para la cámara, el espectador siente que se trata de una toma fácil, que cualquiera la podría hacer si se está en el momento y en el lugar adecuados, cuando lo que logra Iturbide es complicadísimo, una combinación de un oficio de años aunado a un talento que la convierte en una de las mejores artistas de México.

La exposición se llama Ofrenda porque, imagino, los y las modelos que aparecen en las imágenes, luchadores, homosexuales y prostitutas, ofrecen sus cuerpos, sus templos, para vivir. Se ofrendan a sí mismos. Son el ensalmador y el salmo en un mundo que, a ojos occidentales resulta lejanísimo, pues no entran en el cliché que tenemos de los luchadores,?homosexuales y prostitutas, aunque, pienso, si viniera una fotógrafa hindú y retratara a nuestros luchadores, homosexuales y prostitutas, y expusiera su obra en la India, a los espectadores les parecería lejanísimas dichas imágenes.

Los luchadores que retrata?Iturbide en algo se parecen a los luchadores de sumo, pero?sin el glamour ni la parafernalia japonesa. El público, más allá de la poesía de la fotógrafa,?se enfrenta a una especie de combatientes grecorromanos que sólo visten calzones blancos y que se untan tierra en el cuerpo.

Los homosexuales que?retrata Iturbide recuerdan a los muxes oaxaqueños que, según la tradición zapoteca, no son hombres ni mujeres sino un tercer sexo.

Aquí las imágenes de los hindúes y las de los mexicanos se tocan y hablan de una misma condición humana, ya?visible en nuestros días, mientras que las prostitutas no parecen prostitutas, y no porque se salen de la iconografía estereotipada de quienes ejercen este oficio en occidente.

Los tres grupos pertenecen a clases poco afortunadas en el esquema de castas de la India y, en la exposición, hay cuatro o cinco fotografías en las que las imágenes no son de figuras humanas. Destaca una pared en la que se puede presuponer que, en los carteles que tiene pegados, las prostitutas anuncian sus artes amatorias.

La Galería 526 se encuentra en Masaryk 526, Polanco, ?Ciudad de México. Estará abierta todo marzo.