Stephen Hawking, considerado como una de las mentes más brillantes de la ciencia del siglo XX y XXI, murió la madrugada del 14 de marzo en su casa de Cambridge, a los 76 años.

Su muerte no sólo afecta a la comunidad científica. Mientras que la mayoría de los investigadores realizan su tarea en lo oscuro de un laboratorio y muchos años después son reconocidos, Hawking fue como una figura de culto, pues llevó su vida y obra al límite. Fue científico, pero también embajador de la justicia social y de los derechos de las personas discapacitadas.

Sus teorías abrieron un universo de posibilidades, pero desde los 22 años, la enfermedad condicionó su vida, le fue diagnosticada una esclerosis lateral amiotrófica y los médicos le dieron sólo dos años de vida, sin embargo vivió 54 más. En ese tiempo, Hawking pudo viajar por todos los continentes, incluida la Antártida, ganar una gran cantidad premios, aunque el Nobel se le escapó, se casó dos veces y fue padre de tres hijos.

Además apareció en la serie The Big Bang Theory y en Los Simpson, celebró su cumpleaños 60 subiendo a un globo aerostático y cinco años después, probó la gravedad cero a bordo de un Boeing 727. Esto sin duda es una muestra de que las capacidades físicas no son el límite.

“Es un momento triste para la comunidad científica y con toda sinceridad para la humanidad, su contribución a la ciencia fue extraordinaria, pero sobre todo fue un extraordinario ser humano. Tengo la misma sensación de pérdida de cuando murió Nelson Mandela con su gran contribución a la humanidad”, dijo en entrevista el doctor Manuel Torres Labansat, físico teórico y director del Instituto de Física de la UNAM; quien agregó que su labor fue amplificada, pues hizo en vida que la ciencia no se quedará encerrada en quienes dicen entenderla, sino que extendió sus beneficios.

La contribución de Hawking

"Mi objetivo es simple. Es un completo conocimiento del universo, por qué es como es y por qué existe", aseguraba el Profesor Hawking. Por ello enfocó su vida al entendimiento profundo del universo en el que habitamos.

La experiencia ha demostrado que la ciencia básica es esencial para el desarrollo de las sociedades, el desarrollo tecnológico y, finalmente, tiene derramas tecnológicas útiles para la sociedad. “En ese sentido podemos localizar el trabajo de Hawking en esta área, pues su finalidad es entender el universo y las leyes que lo describen como motor principal”, explica el doctor Torres.

“Él tenía la ambición de lograr una teoría que nos permitiera entender el universo como un todo (la teoría del todo)… Similar a la evolución de un agujero negro, pero en el cual hay un punto de ruptura y de comienzo que en lugar de compactarse se está expandiendo. Hablamos de la teoría del Big Bang, donde las contribuciones de Hawking fueron valiosas para su entendimiento, ésa fue una de sus primeras contribuciones”, agregó.

Pero esa no sería la que es considerada su mayor contribución. Con la teoría gravitacional iniciada por Newton y luego ampliada por Einstein, Hawking pretendía entender aspectos fundamentales de cómo se conforma y comporta el universo, por lo que llegaría su más grande apuesta, que es el entendimiento de los hoyos negros.

Combinando dos teorías fundamentales de la física (la gravedad y la teoría de la mecánica cuántica), logró demostrar que a diferencia de lo que se pensaba: que los hoyos negros producían una gran atracción de objetos masivos que comenzaban a colapsar hacia dimensiones menores absorbiendo todo lo que hay a su alrededor e impidiendo que cualquier cosa saliera de ellos, encontró y demostró que eso no sucedía. Los hoyos negros con diferentes vidas, si van perdiendo energía y por lo tanto se evaporan, a esto se le llamó el efecto Hawking.

Esto cambió radicalmente el entendimiento que tenemos de estos fenómenos y unió el primer eslabón para hacer una teoría que conciliara y unificara dos grandes teorías de la física, “aún es un reto no concluido, pero el paso fue extraordinario”.

Hoy sabemos que estos hoyos negros no son una invención de la teoría, sino que existen y forman parte importante de nuestro universo. Los científicos están casi seguros que en el centro de cada una de las galaxias hay hoyos negros gigantescos que influyen en la dinámica del universo. Incluso han detectado la colisión de hoyos negros produciendo ondas gravitacionales.

El doctor Torres asegura que en México hay un gran interés por entender de qué está compuesto el universo y participa activamente en este esfuerzo internacional. Un ejemplo es HAWC, un observatorio de rayos gama, con un telescopio de agua que recibe las radiaciones del espacio y con el agua produce un efecto denominado Cherenkov, que produce señales.

Inspiración de muchos

El físico Mexicano originario de Huatusco, Veracruz, Eric Vázquez Jáuregui es uno de los pocos latinoamericanos dedicados a la búsqueda experimental de materia oscura y neutrinos. Él trabajó en el laboratorio SNOLAB que se encuentra en Ontario, Canadá, pero hoy reside en México, pues decidió regresar a sembrar vocaciones como en algún momento lo hiciera su maestro de preparatoria y ese gran personaje, el profesor Hawking.

“Yo encontré dos grandes inspiraciones para iniciarme en la carrera de la física, un maestro de preparatoria y un libro. Lo encontré en la biblioteca de la escuela, se trataba de Breve historia del tiempo, escrito por Hawking. Ese libro me encantó y me sedujo para dedicarme a la física. El cómo podía explicar las cosas de manera clara a un joven de preparatoria como yo, fue una de las cosas más importantes de Hawking y uno de sus legados más grandes”.

Pero ese no sería el único encuentro con este personaje para el doctor Vázquez, tiempo después pasaría algo inesperado. “Hawking tenía un colaborador en Waterloo, Neil Turok, cada año iba a visitarlo y en una de estas visitas, quiso regresar al SNOLAB”, en este lugar se encuentra un experimento de neutrinos por el cual Arthur B. McDonald recibió el Premio Nobel de Física en 2015, cuando fue inaugurado este laboratorio que se encuentra en una mina de Níquel al norte de Ontario en 1998, Hawking fue uno de los invitados y en el 2012, él quiso regresar.

“Yo estuve ahí desde el 2009 y hasta el 2014 como posdoctorante y luego como investigador. Cuando llegó el día de recibirlo, hubo un pequeño discurso y una comida que prosiguió con el recorrido, al bajar por el elevador, que descendía con todo cuidado, él dijo: “go faster” a través de su pantalla, eso fue muy divertido”.

Ya en el laboratorio, al doctor Eric le tocó explicarle uno de los experimentos de materia oscura que estaba armando con sus colegas. “El nerviosismo fue inicial, por conocerlo, y por lo que representaba para mí, era como decirle ‘si no hubiera sido por su libro, tal vez yo no estaría hoy aquí explicándole este experimento.’ Posteriormente me acerqué para decirle que esperaba que le hubiera gustado el tour, él accionó una alarma, uno de sus asistentes vino, le levantó la mano y yo la estreché, ese fue el día que yo lo saludé de mano, aunque me faltó decirle que él fue mi inspiración (ríe)”.

nelly.toche@eleconomista.mx