Los bailes masivos, así como las marchas políticas, son un fenómenos moderno muy relacionado con la democracia.

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Antes del advenimiento de la sociedad de masas en el siglo XIX, ni los bailes ni las manifestaciones eran verdaderamente masivos. Los bailes, porque la música o era un espectáculo por el que había que pagar o sólo se disfrutaba en fiestas populares más o menos pequeñas, y las manifestaciones, porque la política era un asunto muy distante de los gobernados, que sólo sufrían las consecuencias de los poderosos.

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En el México actual hay marchas cada semana y bailes en cada pueblo. A veces hay los dos, baile y mitin, el mismo día en el Zócalo del DF.

Los dos se prestan para el desfogue y el desmadre, para politizar y también para divertirse. Nada hay más democrático que la catarsis colectiva.

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En las fotos de esta semana del Archivo Gustavo Casasola podemos ver dos placas que hablan de manera muy cercana de la democratización mexicana. En una vemos a los miembros de los partidos antirreeleccionistas sacándole escalofríos a don Porfirio y compañía. En otra vemos pasar frente a El Caballito a una nutrida marcha de empleados exigiendo mejoras a las condiciones laborales.

Fundación Casasola por la Cultura, A.C.

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