Los zapatos femeninos de tacón alto son parte del imaginario de ayer y hoy. Helmut Newton, el fotógrafo de glamour que muriera en el 2004, empleó una infinidad de modelos desnudas que portaban ese atuendo con desenvoltura. El diseñador y artista visual Thierry Mugler hizo muchas imágenes donde se observaba a una joven con gesto enfadado, piernas musculosas, un calzoncito con texturas sugerentes, un abrigo de piel y unos zapatos de considerable tacón que apenas si la dejaban descender de una escalera. En otra foto, una rubia de vestido de tonos metálicos se detiene de una roca. Está enjoyada al extremo, en esa acción deja que lo entallado de la prenda le delineara la zona del trasero; mientras que los zapatos altos resultan incongruentes con el espacio en el que está concebida la imagen; ésa era su paradoja.

Newton era un maestro del erotismo y jugaba con esos sitios que permitían el lucimiento de prendas diseñadas por los más relevantes de la moda. En una fotografía que está concebida en rojos y negros, una mujer de amplio escote y pechos abundantes cierra la correa de un zapato de inmenso tacones que tienen unos puntos brillantes. Entonces la pierna se alza y muestra la abertura del vestido oscuro que se contrasta con el muslo que queda a disposición de la mirada. Un auténtico mago del ímpetu sexual que anudaba la frivolidad de los atuendos con la belleza de estas mujeres despreocupadas y sumisas a un mundo sin tiempo.

En Buenos Aires, cualquier día de abril del 2005, el panorama cambia por un momento: un anuncio espectacular da cuenta de una mujer hermosísima que trae unos zapatos altos, una tanga y una pose que atrapa al espectador. Desde luego que lo primero que se hace visible son esos tacones, luego vendrá el encuentro con un ser que domina la escena con su carga sexual.

Por cierto que hace algunos años, el fotógrafo argentino, afincado en México, Emiliano Thibaud concibió una imagen que estaba cargada de los fantasmas de eros: en las primeras horas de la mañana tomó una serie de imágenes de una muchacha que caminaba a la altura de la columna de la Independencia. Llevaba un abrigo y debajo estaba desnuda. Con desenfado, se quitaba la prenda exterior y se quedaba con unos zapatos rojos de tacón alto. El efecto era magnífico, toda la figura quedaba estilizada y el viaje iba de abajo a arriba. Esa fotografía hizo delirar al maestro José Luis Cuevas.

También es conocido el hecho de que en la serie televisiva Sex and the city, que tanto cautivó a la audiencia internacional, el personaje principal interpretado por Sarah Jessica Parker era una consumidora voraz de zapatos, en especial de los tocones de Manolo Blahnik, Salvatore Ferragamo y de otros diseñadores. Ése era su resguardo erótico, un detalle en el atuendo y una sugerencia que le daba vida a sus delgadas piernas. El resultado era afortunado en ese personaje que pasaba de una aventura amorosa a otra, en franco reto a las actitudes machistas de otras épocas.

Los zapatos altos tienen el encanto de lo femenino, aunque Pedro Almodóvar en Tacones lejanos (1991) travistió al cantante gay Miguel Bosé, en ese momento pasado en kilos y las escenas eran un tanto grotescas.

Porque, claro está que traer esos zapatos de inmenso tacón implica saber cómo usarlos, que la pierna adquiera ese toque líbrico que complace a lo femenino y a lo masculino. De otra forma se pasa de lo sublime a lo ridículo en un trayecto sin retorno. Por cierto, en estos días, en Bellas Artes se exhibe la colección de zapatos de Salvatore Ferragamo.