Michael Lewis escribe libros de periodismo financiero; en Boomerang: the Meltdown Tour se preguntó cómo ha afectado la crisis económica fuera de EU, donde la cultura financiera y social es muy distinta, y por qué. Es una lectura aterradora

Cuando solemos pensar en literatura de horror, es posible que venga a la mente alguna de las innumerables pesadillas de Stephen King, Lovecraft o Peter Straub. Fantasmas, casas embrujadas que atacan a sus ocupantes, mundos arrasados por plagas terribles, vampiros, etcétera. No es el género de Michael Lewis. No es el tipo de libro que suele escribir. Lewis escribe libros periodísticos. Más aún, escribe libros de periodismo financiero, si es que puede llamárseles así.

Recién salido de la escuela de economía de Londres, Lewis empezó a trabajar en Salomon Brothers, una de las firmas más reconocidas de Wall Street. Ahí, fue subiendo en el escalafón desde simple aprendiz hasta vendedor exitoso de bonos, en una de las épocas doradas para la Bolsa estadounidense. Lewis hace una crónica de su experiencia en Liar’s Poker. Una mirada inquietante tras bambalinas de la industria financiera estadounidense que fue un éxito. Escribe también Moneyball (en el cine: El juego de la fortuna), una crónica de cómo el formidable gerente general de los Atléticos de Oakland desafió la lógica financiera que reina en el béisbol para conseguir un equipo ganador con uno de los peores presupuestos de la Liga. Es la historia de Billy Beane (en la película: Brad Pitt), quien decidió en el 2002 apostar por jugadores que nadie quería respaldado por una estrategia de lógica y estadística.

Siguió The Blind Side, un análisis similar pero en el futbol americano colegial (la película la protagoniza Sandra Bullock y tuvo muy buena recepción en los Óscar hace algunos años). Lewis suele enfocar sus crónicas en las historias personales de sus protagonistas, sean éstos banqueros, funcionarios, políticos, economistas o deportistas.

Era casi inevitable que en los últimos años Lewis se hubiera dedicado a revisar la catástrofe financiera que sacudió al mundo entre el 2007 y el 2008, a raíz de la llamada burbuja inmobiliaria. El libro se llamó The big short: dentro de la máquina del fin del mundo. Lewis aborda los complejos y torcidos instrumentos financieros que emplearon los banqueros de Wall Street; esquemas que rebasan los sueños delirantes de Oliver Stone y su Gordon Gecko. Y es capaz de hacerlo de tal manera que un lector sin preparación financiera o económica puede entender dónde y por qué empezaron a salir mal las cosas.

Lewis consigue explicar los motivos de la crisis en EU. Y se siguió preguntando no sólo cómo había afectado la crisis a otros sitios, donde la cultura financiera y social es muy distinta, sino por qué. Boomerang: the Meltdown Tour es la respuesta.

Leía Boomerang cuando caí en cuenta de que era una de las lecturas más espeluznantes que jamás había realizado. El capítulo tres, literalmente, me quitó el sueño. Lewis decide visitar el país más quebrado del planeta: Islandia.

Un país tradicionalmente de pescadores, con 300,000 habitantes y una estructura financiera mínima que, de pronto, en medio del boom quiso convertirse en un país de financieros. Los islandeses dejaron las redes de pesca y empezaron a pedir prestado, comprar propiedades, clubes de futbol, líneas aéreas, bancos, y a querer administrarlos.

Lewis explora la compleja idiosincrasia de Islandia, un país pequeño que tiene cuatro partidos políticos grandes, no son capaces de ponerse de acuerdo , el más conservador está integrado básicamente por puros hombres, su opositor por mujeres. Los islandeses quebraron en forma espectacular y su gobierno absorbió las pérdidas, dejando a cada habitante la mayor deuda per cápita del mundo. De Islandia, Lewis viaja a Grecia. El país que tiene en jaque a la Unión Europea. Ahí descubre un escenario muy distinto. Un gobierno hiperinflado de burócratas con una recaudación mínima, llena de instituciones públicas catastróficas y una cultura de evasión de impuestos y corrupción sin parangón. Ejemplo: los ferrocarriles del estado cuestan tanto y transportan a tan poca gente que saldría más barato regalarle un viaje en taxi a quien quisiera usar el tren.

¿Por qué quebró Grecia? Ni ellos mismos lo saben o quieren saberlo. Durante años, el país mantuvo una estrategia de mejor ni averiguamos , mientras maquillaba las cifras que entregaba a la Unión Europea, hasta que ya no pudieron.

El caso más triste es el de Irlanda. Un país que ha vivido en la pobreza durante toda su historia. Pero hace unos años Irlanda se volvió la historia de éxito más optimista del planeta. Uno de los países con mayor crecimiento de Europa y, entonces, dice Lewis, se volvieron locos con el boom inmobiliario. Los irlandeses pidieron prestado para comprar en Irlanda. Compraban casas con precios inflados a siete veces su valor real. Construían más viviendas que habitantes hay en el país. Cuentan además con una ley perturbadora para los deudores, que nunca pueden declararse en quiebra o devolver propiedades a los bancos. La irracionalidad, la avaricia y la ceguera ante los pocos avisos de alerta que enviaba un profesor universitario llevaron al país a la orilla de la catástrofe. Y entonces su Ministro de Finanzas decidió que el país absorbiera la deuda de sus bancos. Garantizando a los acreedores de los bancos, pero no a sus deudores. El país quebró. No tiene manera de salir adelante.

El viaje de Lewis recorre Alemania, la potencia europea, tratando de entender por qué los confiables, serios y conservadores banqueros alemanes decidieron invertir a lo loco en los peores instrumentos financieros imaginados por las mentes de Wall Street, y finalmente se detiene a preguntar por qué EU no quebró. Descubriendo que la estructura federalista del país hace que la deuda gubernamental se vaya trasladando de la Federación a los estados, y de ahí a los pequeños municipios. Municipios como Vallejo en California, donde el gobierno lo forman el alcalde y su secretaria, y donde para sus 350,000 habitantes no hay ningún servicio municipal posible. Todo el presupuesto está destinado a pagar pensiones de trabajadores del estado retirados. No queda nada: ni para tránsito, bacheo, basura o lo que sea, y como muchos en el mundo: no son sujetos de crédito.

Twitter: @rgarciamainou