Junior y su padre atraviesan emocionados la cocina de Gastromotiva; detrás, Alan, un chavo de 19 años que sueña con trabajar en un restaurante, y así, mujeres y hombres de entre los 18 y 40 años de edad se preparan para aprender a cocinar y darle un nuevo rumbo a sus vidas.

Gastromotiva Comida que transforma fue arropado en México en el espacio donde durante años estuvo una fábrica de textiles en la colonia Doctores, un lugar que guarda varios secretos, entre ellos, una cocina.

El arroz, el fuego, las piezas del pollo, los platos que van y vienen y los estudiantes que cortan cebolla, limpian y sonríen le dan vida a Gastromotiva, proyecto que busca cambiar vidas a través de la gastronomía y lo está logrando con el apoyo de muchas empresas y chefs reconocidos.

¿Qué es Gastromotiva?

Hace 14 años, un grupo de jóvenes de las favelas en Brasil se acercó a David Hertz para pedirle trabajo, pero el chef decidió no darles empleo... sino todo lo contrario, los enseñó a cocinar.

“David comenzó a enseñarles lo básico en la cocina de su casa para ayudarlos y a las pocas semanas se dio cuenta de que ya estaban listos para trabajar en un restaurante y así comenzó Gastromotiva”, señaló en entrevista Jorge Machado, director del proyecto en México.

A partir de esta experiencia, David Hertz decidió renunciar a su trabajo como chef y se dedicó por completo al movimiento de Gastronomía Social.

“Es utilizar la comida como una herramienta de cambio social y es enseñarle lo básico de la cocina a los jóvenes durante tres meses y esto les cambia la vida, pues aprenden un oficio y encuentran un trabajo”, explicó el entrevistado.

Gastromotiva acaba de cumplir cuatros años en México con el apoyo de algunos de los chefs más importantes del país como Elena Reygadas, Enrique Olvera, Edgar Núñez, Jorge Vallejo y Eduardo García, entre otros, así como el empresario gastronómico Alejandro de la Peña.

“Gracias a nuestra relación con los restaurantes logramos que entren a trabajar en alguno y los resultados son maravillosos”, dijo.

Muchos de los egresados de Gastromotiva ya trabajan en restaurantes reconocidos como: Pujol, Rosetta, Máximo Bistrot y Contramar, por mencionar algunos.

Durante el periodo de aprendizaje, en cada joven se invierten alrededor de 18,000 pesos y, actualmente, Gastromotiva tiene su propia cocina en Doctor Erazo 172, en la legendaria colonia Doctores, lo que les ha permitido realizar varios eventos y ofrecer diariamente comidas a la gente de la zona en un comedor de hasta 60 personas.

“Es un lugar maravilloso y accesible para los jóvenes, quienes llegan de distintas colonias. Cada curso, en dos turnos, es de 100 chavos, pero recibimos más de 300 solicitudes de gente que quiere cocinar y que ven a los chefs como sus ídolos”, comentó Machado.

Gastromotiva es una fundación que siempre está en busca de donativos para poder seguir con el programa. Por el momento, el gobierno no los apoya, pero están en pláticas para que suceda ante la relevancia del proyecto.

“Los donadores ven el impacto social que tenemos con los jóvenes, quienes llegan sin saber que con el curso su vida puede cambiar, porque también nos ocupamos de orientarlos”, señaló.

Gastromotiva tiene dos núcleos, uno en Brasil y otro en la Ciudad de México, siendo el único de su tipo en el país.

“En estos momentos estamos estandarizando muchos de los procesos, documentando las actividades y midiendo el impacto del programa. Queremos hacerlo muy bien antes de abrir otras sedes en el país, lo que sería un sueño”, finalizó Jorge Machado.

Junior bromea con sus amigos mientras que sus compañeras hablan de viajar por el mundo, alguna estudiante sueña con ser chef en un crucero y Luis piensa en su negocio de comida prehispánica... todos en Gastromotiva tienen sueños que ya comenzaron a cocinar a fuego lento y que pronto se harán realidad.

El movimiento Gastronomía Social

Una iniciativa global que articula las mejores prácticas e integrantes de la sociedad, empresas, gobiernos y agencias internacionales en torno al poder transformador de la comida. El hambre, el desperdicio, la falta de oportunidades y la malnutrición.

vgutierrez@eleconomista.com.mx