El mercado de la Merced parece eterno, pero en realidad fue fundado en la década de 1960. Es enorme y se puede hallar todo tipo de efectos en la Meche.

Cualquiera que se haya subido a la línea rosa del Metro lo sabe: el olor a cilantro, cebolla y sabores varios llega hasta el subsuelo de la estación La Merced. Siempre me lo habían dicho, pero no lo creí hasta que lo comprobé. Es muy impresionante.

Últimamente (y seguramente no tan últimamente) la Merced se ha hecho tristemente célebre por la prostitución, sobre todo de menores de edad. Después de varios operativos, de esos que no solucionan nada, los hotelitos que rodean a la Meche tienen carteles en los que avisan que para entrar exigirán credencial de elector. Nada que una buena mordida no pueda solucionar.

Y sí, si uno recorre las calles del Centro Histórico que conforman la Meche puede ver a las jovencitas prostitutas que no parecen pasar de los 15 años de edad. Un conocido cuyo padre tenía un negocio en la avenida San Pablo alguna vez me contó que de niño caminaba por la Meche y las prostitutas lo trataban con una ternura especial, quizá porque lo veían seguido por ahí, quizá porque es güerito. Vaya usted a saber, pero cuento la anécdota para ilustrar que la prostitución en el mercado de la Merced no es nueva. Frutas, verduras y carne humana. Qué horror.