Las artes visuales, el producto de un proceso creativo nunca replicable que sale de un taller, de un estudio, para buscarse lugar en un mercado, en un contexto social, urbano, político, lúdico; a encontrarse un lugar. Con las reservas que esta analogía lleva consigo, comparemos la salida de una pieza de donde fue creada con el alumbramiento y los rituales primordiales para un neonato: el escrupuloso traslado, la protección, los mimos y, finalmente, su presentación pública.

Pocas veces es factible para el público en general ir más allá de la exhibición de una pieza; involucrarse, por ejemplo, en los traslados o incluso colarse en la matriz donde fue gestada. Unos cuantos tienen acceso a este mundillo de materiales, olores, colores y caos individualizado: el estudio que ha sido reservado para muy contados coleccionistas, galeristas y mecenas... o amigos cercanos del demiurgo en cuestión.

Pero imagine usted la oportunidad de darse un tour por más de una decena de estudios de artistas en Ciudad de México, conversar con el anfitrión y, si le gusta algo de lo que ve, poder negociarlo directamente. Pero no solo eso. Haga de cuenta que, so pretexto de su visita, el artista hospeda un par, quizás más colegas y algunas de sus obras, para que hagan comunión —o contrasten— con su trabajo. Imagine las conversaciones que se han de entablar sobre técnicas, (des)orden, hábitos, preferencias a la hora de tomar café y las colaboraciones por detonarse.

Pues bien, para su segunda edición, la organización de la Feria de Arte Independiente (Fain), un encuentro para visibilizar a creadores emergentes que tomará lugar entre el 27 y el 29 de noviembre, y por las imperantes condiciones sanitarias, ha decidido desconcentrar el encuentro en un solo punto —el año pasado se hizo en Casa Equis— para llevarlo a 11 estudios distribuidos en 7 colonias: San Rafael, Centro, Juárez, Roma, Condesa, San Miguel Chapultepec y Nápoles, donde tomarán plaza 29 artistas nacionales e internacionales, anfitriones e invitados.

“No es fácil poder visibilizar y monetizar el trabajo de los artistas emergentes. Ahora, en este caso también es muy interesante para el público en general acceder a una experiencia de arte de una manera descontracturada, accesible y menos pretenciosa que otros modelos en los que el arte se acerca a algo más exclusivo. Nosotros tratamos de romper esa barrera”, comparte el director de Fain, Diego Beyró.

Los artistas participantes fueron elegidos entre cientos de postulantes sometidos al escrutinio de un jurado integrado por la galerista Karen Huber, la curadora Paola Jasso, el artista Alex Romero y el coleccionista Bernardo Saenger. Ningún creador debió pagar por su participación, destaca el director, lo cual dota toda la selección de calidad.

“Sin darnos cuenta, logramos un modelo mucho mejor. Incluso en un mundo sin pandemia lo repetiría porque se acerca mucho más a lo que queremos con esta feria: generar el contacto entre el público y los artistas, que la gente entre en el espacio de intimidad del creador, donde están sus pinceles, sus trapos, el entorno. Cada espacio va a ser único: un artista que trabaja en un departamento al que hay que acceder por elevador, otro que tiene un jardín, uno más que da a un patio al subir por las escaleras. Es lo que terminamos ganando con esta solución”, añade Beyró.

Será necesario registrarse

El público interesado deberá registrarse en la página de la Fain (fainferia.com), con dos opciones: una visita única o el recorrido de los 11 estudios. Cada sede, según sus características, deberá limitar las visitas a entre 10 y 20 personas por oportunidad. Por ello es importante registrarse con anticipación.

“Ha sucedido en los últimos 30 años que hay galerías muy establecidas y artistas que creen que va a llegar el comprador y ellos solamente deben esperar sentados a que algo pase; ese concepto del artista bohemio que está mal que se relacione con las ventas. Pero queremos ayudar a que los creadores sepan vender, preparar un portafolios y hablar de su trabajo. Es importante que se sientan autogestivos”, remarca.

ricardo.quiroga@eleconomista.mx