Entrar al estudio del escultor Jorge Marín es como estar en una atmósfera de espiritualidad; al ver seres alados entre paredes blancas y techos altos uno piensa en el cielo. Al menos esa fue la sensación de esta reportera al estar ahí. Jorge no sólo utiliza sus manos para moldear sus emociones en cada obra, sino que al hablar también las mueve como si estuviera dando forma a sus ideas en el aire.

El escultor mexicano recibió a El Economista en su casa-estudio para hablarnos no sólo de la exhibición de Alas de México en Shanghai, China que estará hasta febrero del 2016 y posteriormente se trasladará a Hong Kong y Corea , sino de su responsabilidad como artista, de sus gustos y su pasión por la escultura.

Marín, nacido en Uruapan, Michoacán, y con más de 25 años de carrera en la escultura, no se imagina siendo o haciendo otra cosa que no sean piezas figurativas. Fue un proceso difícil de entenderse y escucharse a sí mismo para encontrar el lenguaje correcto de expresión. Después de descubrir la riqueza y plenitud de ser escultor no se me antoja nada más en la vida; me siento tan convencido porque me costó mucho trabajo llegar a esto, pero cuando llegué a este convencimiento fue rotundo , nos cuenta el maestro, y esta pasión tardía, pero definitiva, la encontró luego de un andar por el diseño gráfico, la restauración e incluso la historia del arte.

Para él la escultura es una posibilidad de comunicar todo su pensar y sentir de una forma plena a través del volumen. Éstos se reflejan en cada pieza, que bien puede ser en tamaño pequeño, como a gran escala, pero prevalecen las figuras humanas con máscaras, con alas, picos y plumas; o bien figuras sin piernas, sin manos o cabezas de las que parece que surgen ideas en forma de torbellinos.

En el estudio también hay obras de bronce de caballos o de hombres sobre esferas que parecen estar listos para emprender el vuelo.

Se inspira en las inquietudes humanas universales: miedos, deseos, frustraciones, alegrías, el goce, el amor, por eso dice que se da una conexión muy rápida entre la obra y el espectador. Son símbolos universales los que utilizo en mi trabajo y eso es lo que busco con mi obra, que no pasen desapercibidos y logren un diálogo con el espectador; una comunicación sin palabras y lúdica , comenta. A pesar de que siente un gusto especial por la naturaleza y los perros, éstos no se reflejan tanto en su obra.

Cuenta que en especial la pieza Alas de México provoca que la gente que posa junto a ellas sonría y sienta diferentes sentimientos o sensaciones positivas a pesar del idioma y situación personal de cada individuo.

De hecho, recuerda que en el reciente montaje de Alas de México en Shanghai, por el idioma fue complicada la comunicación con los técnicos o periodistas, pero al final todo el equipo se tomó la foto junto a la pieza y cada uno se mostraba contento y satisfecho.

Está convencido de que con esta pieza lleva una cara poco conocida de México y cambia la forma en que se ve al país desde el extranjero, que en estos momentos está en decadencia por la inseguridad y violencia.

Marín dice ser un hombre que le gustan las rutinas, sin embargo, en este momento de su vida no aplica mucho esto, principalmente por lo apretada de su agenda para exhibiciones en el extranjero o los encuentros con estudiantes dentro del país.

La escultura también ?es un negocio

Sus piezas están o han estado exhibidas en ciudades estratégicas por Asia, Europa y Centroamérica, sin embargo, asegura que le gustaría llevar más de su trabajo al interior de México y en especial a comunidades más alejadas de las grandes ciudades y de la cultura.

Ser reconocido en el ámbito escultórico ha sido un trabajo duro, largo y que requirió mucha paciencia, por lo que a lo largo de estos años Jorge Marín se dio cuenta que un escultor debe dejar de pensar en ese concepto romántico de que un artista es un ser aislado del mundo e incomprendido , porque tenemos una posición activa en la economía de un país, en la sociedad, en la comunicación y también tienen que verse como empresa, un negocio.

Comenta que su formación académica fue muy limitada a una parte del mundo real del arte y fue el quehacer artístico el que lo hizo ver el abanico y las diferentes facetas, como el mercado, la oferta y la demanda; la producción, la especulación, la difusión.

También, para cuidar su negocio, credibilidad y autenticidad, ha emprendido dos acciones para combatir la piratería e imitación de sus piezas en el mercado del arte.

Uno es el tema mediático, para informarle a la gente sobre los fraudes en obras artísticas: no sólo es una degradación de mi trabajo, sino una pérdida de inversión, incluso de ilusiones para el comprador , nos dice.

Además, en el tema legal, haciendo un seguimiento puntual de sus obras para frenar una posible venta fraudulenta.

En su página www.jorgemarin.com.mx pueden verse qué obras son falsas, pero también el escultor está abierto para resolver inquietudes.

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