Hace dos semanas hablábamos sobre la relación de amor y odio que los medios estadounidenses tienen con el candidato republicano a la presidencia, Donald Trump. Una relación compleja, pues si bien las razones para crucificarlo públicamente son muchas, las razones para tenerlo cerca son más. Sus comentarios, su personalidad y los bastiones de su carrera a la presidencia son una fabrica de dinero para anunciantes, publicistas y medios.

Por otro lado tenemos a la otra contendiente que,si bien tampoco ha brillado por su carisma o por una agradable personalidad, cuenta con un fuerte, sólido y largo capital político. Candidata por el Partido Demócrata, Hillary Clinton abandera los principios de su partido cabalmente.

La relación de Hillary con los medios a lo largo de sus más de 25 años de carrera política y pública tampoco ha sido amable. Desde sus primeras apariciones públicas a nivel nacional en 1992, antes de que su marido llegara a la Casa Blanca, Hillary se mostró poco empática con los medios y las respuestas a las preguntas que se le formulaban eran bruscas y en más de una ocasión tuvo que salir a pedir disculpas por su franqueza.

En un principio Hillary trazó una línea bien clara entre su vida pública y privada. Situación bien entendible considerando la edad de su hija Chelsea y el deseo de mantener cierta privacidad ante los medios. Con el paso de los años y los varios escándalos de supuestos y comprobados romances en los que su marido, entonces presidente, estaba involucrado, Hillary entendió que la relación con la prensa sería algo más difícil de manejar de lo que en un principio hubiera pensado.

El clímax de ésta complicada relación se dio en 1998 al poco tiempo de haber salido públicamente por medio de una entrevista con el periodista Matt Lauer en el Today Show, a ?defender los supuestos rumores de la relación sexual entre su marido y Monica Lewinsky. Una vez que los voraces periodistas lograron demostrar que no se trataba de un complot ?republicano como la Primera Dama había manifestado, sino una dolorosa realidad, Hillary entendió que la relación con la prensa sería el gran reto a vencer durante el resto de su vida.

Entre 2001, año el que la pareja Clinton salió de la Casa?Blanca y el 2007, su vida pública dejó de ser relevante para los medios y Hillary se reivindicó como figura pública, pues sus apariciones se limitaron a conferencias y labores altruistas. Durante estos años ocupó el puesto de senadora.

En el 2008 la señora Clinton fue protagonista de noticias de primera plana derivado de su campaña para la nominación demócrata, la cual perdió al actual presiente Barack Obama.

Durante estos años, ya con una trayectoria sólida y bien trazada en Washington, la señora Clinton comenzó a escuchar e incluso aplicar algunos de los consejos que sus asesores le daban sobre la relación con prensa. La estrategia sobre la cual cimentó parte del marketing de su campaña fue capitalizar el hecho de ser mujer. Esto tuvo un efecto suavizante con los periodistas. Después de su derrota varios de sus aliados y contrincantes acusaron a los medios de machismo e imparcialidad. Situación que la favoreció bastante durante la siguiente etapa de su vida pública.

Entre el 2009 y el 2013 su papel como secretaria de?Estado volvió a ser noticia en los medios y sus posturas tajantes duramente criticadas. Desde luego el mayor escándalo de esta etapa fue cuando se le acuso como responsable de la muerte de cuatro ciudadanos norteamericanos en Libia. Cuestionada en el 2013 sobre este hecho en el senado, la entonces secretaria de Estado contestó una frase por la cual ha tenido que pagar un precio alto: What difference at this point does it make? (A estas alturas, ya que mas da) .

Sin lugar a dudas Hillary Clinton ha sido uno de los blancos favoritos de la prensa estadounidense y esta razón fue quizá la que más ponderó a la hora de postularse para la?carrera demócrata.