El galerista de arte contemporáneo Hilario Galguera, con más de 30 años en el negocio, quien recientemente inauguró en su galería, en la colonia San Rafael, la exposición Las tinieblas sobre la faz de la tierra, de Bosco Sodi, y con un booth en la reciente edición de Zona Maco, hace un corte de caja sobre su participación en la feria que conlcuyó el fin de semana pasado. Además reflexiona sobre el perfil del coleccionista contemporáneo y se pronuncia a fondo sobre las políticas públicas aplicadas al mercado del arte en México.

¿Cuál es el corte de caja de la participación de la galería en Zona Maco?

Salimos bien. Creo que no le voy a quedar a deber a nadie. Ese es el rango. Tengo que confesar que no estamos haciendo nada diferente a lo que se está haciendo en otros sectores en donde las cosas están difíciles. Aquí también. El 80% de los negocios que pude hacer fue con personas de fuera de México, no con mexicanos. Y también tengo que decir que los proyectos que me están dando aire son los que voy a desarrollar fuera de México.

Hay, desde luego esta tendencia, por la manera en la que se maneja nuestro mercado, en la que si le preguntas a otros de mis colegas, igual van a decir que les fue muy bien, pero estoy casi seguro, sin temor a equivocarme, que si les fue bien fue por el soporte que tienen ya en una plataforma internacional. Es decir, son galerías absolutamente profesionales que están a la par de cualquiera en el mundo y entonces ya no dependen del consumo interno. Con galerías más jóvenes, sé de por lo menos dos o tres que no tuvieron una venta.

¿Es posible sugerir a los gobiernos ofrecer estímulos para el mercado del arte a manera de flexibilizar impuestos de importación que agilicen el mercado local?

La responsabilidad de aterrizar democráticamente la difusión del arte es algo que no han entendido (las autoridades) y siempre han calificado a este sector de elitista, en donde, dicen, trabajamos con ánimo de lucro.

A la hora de preguntarse por qué no hay un mejor trato fiscal para nosotros: porque lo engloban todo dentro de lo mismo. En la medida en la que se ponen más restricciones al proceso de mercado, el desarrollo cultural de esta área específica del conocimiento se ve reducida a la nada. ¿Por qué no le ponen las mismas restricciones a la industria editorial, por ejemplo?

¿Esta ha sido una postura histórica?

Sin duda. Históricamente no hemos tenido una mente que pueda resolver este asunto. Hemos tenido promotores de cultura que sí tiene luces en el tema, pero finalmente, quienes sancionan esto, ya sea la Secretaría de Hacienda, el Sistema de Administración Tributaria, la Cámara de Diputados o incluso el Presidente de la República, son absolutamente ignorantes de esta situación. No tienen idea.

El reto de democratizar el arte

El problema al que nos enfrentamos son los distintos modos de producción de los productos culturales. Para obtener la máxima obra de la literatura (un libro), quizás no tenemos que invertir más de 200 pesos. Son ideas que pueden ser distribuidas por cientos de millones. En el caso de las artes visuales, el problema es que son únicas, no están pensadas para hacerse en serie. (El arte) es una experiencia que se vive de manera inmediata y directa.

Me parece que la cuestión fiscal es un tema central. La democratización del arte es esencial, debe de estar al acceso de todo el mundo tal como la literatura, la poesía, el cine, la danza, la música. Eso es lo que construye el corazón de la humanidad. Si no lo pones al alcance de todos estás dejando trunco el conocimiento de las personas.

El punto de inflexión se da cuando la pieza cambia de mano. En ese momento de cambio es donde dicen que estamos lucrando.

¿Qué otros modos de venta hay que puedan rebatir esa visión de lucro?

Cuando el artista produce su obra, el primero obligado en difundirla es el galerista, el que la pone a disposición del público, que entre más amplio, mejor. Pero también se pone a disposición de aquellos personajes e instituciones que después le darán mayor difusión. Por eso es que una de las cosas más satisfactorias para nosotros es cuando podemos vender una obra a un museo. El objetivo es que en lugar de que la vean tres personas, la puedan ver cien mil. Ahí creo que sí se cumple con ese ejercicio democrático y se hace de la obra un elemento de transformación social, cultural y económica.

¿Funciona de la misma manera para los coleccionistas?

Es lo mismo para ellos. El verdadero coleccionista es el que adquiere esas piezas con una responsabilidad social y democrática. Lo que les debe interesar es adquirir obras que con el tiempo crezcan espiritualmente, filosóficamente; que empiecen a descubrir nuevos valores y, por supuesto, comiencen a ser un elemento de transformación.

El verdadero coleccionista es ese que no decoró las paredes de su casa sino que creó un acervo para presentarlo al público. Ahí se cumple ese ejercicio democrático. Es por eso que, retomando los que decía antes, ir a ver una pintura de Damien Hirst sale más barato que comprar un ejemplar de El Quijote.

Siendo complicado (el mercadeo en México) por esas características, ¿por qué todavía el Estado se ensaña y empieza a decir que si voy a vender arte, por ser un artículo de lujo, me va a cobrar el 50% más el IVA, por decir algo? Lo único que están haciendo es que todas estas oportunidades de venta, incluso con obras de creadores mexicanos, ya ni siquiera se concreten aquí.

¿Desde el gremio ha habido acercamientos para dialogar con los gobiernos en este sentido?

Hace tres o cuatro años nosotros tuvimos conversaciones directas con Aristóteles Núñez (exjefe del SAT). Nos reunimos los galeristas, les expusimos las cosas, pero fue inútil. Es inútil.

En esta maraña, si yo traigo una obra de fuera y pago un impuesto por importación temporal y se me pasa un día, no creas que me imponen una multa, me hacen una auditoría. No estoy en contra de que se sancionen las cosas por omisión, pero el costo que las galerías tenemos por gastos jurídicos es abismal por esas medidas.

¿Con el gobierno entrante cómo se ven las cosas?

Cuando este gobierno se perfilaba para ganar, dije que si en el próximo gobierno no se lograba duplicar el presupuesto para el manejo de Cultura, ya no había más qué hacer. De lo contrario, podríamos hablar de que algunos de los coleccionistas más importantes, por ejemplo, de Zona Maco, podría ser el Estado mexicano. Ahora, no solamente no se duplicó, se rebajó.

¿Cuántas conferencias mañaneras llevamos? Y me pregunto cuántas veces se ha mencionado la palabra cultura.

Por otro lado, sí puedo decir que a lo largo de los 30 años que llevo en este negocio, si he recibido un apoyo tres veces, es mucho.

A estas alturas ya ni siquiera se trata de pedir sino que simplemente nos dejen trabajar.

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