El viento del Caribe impregnaba las narices de un dulce olor a clavo y albahaca y era difícil distinguir si provenía de las cocinas del Hotel Santa Clara o de la finca marcada con el número 38-205 en la calle del Curato de Santo Toribio, la casa en Cartagena de Gabriel García Márquez, donde sus cenizas reposan desde mayo.

Está a unas cuantas cuadras del Claustro de la Merced, cuyo legado ahora traspone las murallas para ir a despertar y convocar a los nuevos Gabos en el barrio Nelson ?Mandela, uno de los más pobres y apartados de la ciudad, allá en la ?Cartagena que no conocen los turistas, allá donde los herederos de esa estirpe desgraciada no tiene, a veces, una primera y, mucho menos, una segunda oportunidad.

En la esquina de Carrera 4 y Calle 39, en ese edificio del siglo XVII, confluyeron el deseo inquebrantable de Gabriel García Márquez de reposar para siempre en la ciudad que amó y recreó en su universo literario; la Ley de Honores de Colombia (L. 1741), promulgada en el 2014 tras la muerte del escritor, que encomienda a la fundación que el Nobel creó liderar el proyecto de diseño y operación del Centro Internacional para el Legado de Gabriel García Márquez (Centro Gabo), y la decisión de la viuda Mercedes Barcha de entregar los restos de su esposo a la Universidad de Cartagena, para su morada eterna en el exconvento de Nuestra Señora de las Mercedes, cumpliéndose así el hondo anhelo popular, a decir del gobernador de Bolívar,de tener a Gabo, Gabito, acá con nosotros por siempre .

En un acto íntimo y casi sin testigos, Mercedes, acompañada por su nieto Mateo, depositó las cenizas en el memorial construido al centro del patio por el arquitecto Álvaro Barrera un jueves 19 de mayo como a las cuatro de la tarde.

Sin embargo, su memoria y legado no se quedan allí guardados en el recinto. Como los libros de una biblioteca, que se escribieron para que circularan de mano en mano, así la memoria y el legado de Gabriel García Márquez han vivido, tras su muerte, un proceso de apropiación por parte de la ciudad, advierte Jaime ?Abello Banfi, director general de la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI).

Ésta es la ciudad que él eligió, la ciudad de sus afectos, la ciudad que amaba y admiraba, que convirtió en escenario de algunas de sus novelas, donde se instalaron sus familiares, donde decidió construir su casa definitiva, donde creó su fundación (...).

Gabriel García Márquez es parte ya del legado cultural de esta ciudad. Hay tours gastronómicos inspirados en él; los guías turísticos hacen recorridos siguiendo los pasos de García Márquez en la ciudad, es decir, hay todo un proceso de apropiación popular de la figura y memoria de este gran escritor , comentó.

Y, efectivamente, recorriendo Cartagena uno puede constatar que cualquier taxista, cochero o vendedora de fruta es capaz de hablar de García Márquez, como cualquier mexicano hablaría de José Alfredo ?Jiménez. Lo que no ocurre con nuestro mexicano Nobel de Literatura, Octavio Paz, quien es más bien un autor de culto.

Es mayoritariamente desconocido que Gabriel García Márquez comenzó a contar historias, aun antes de saber escribir, pintarrajeando las paredes de la casa de sus padres en Aracataca. Y con ese modelo pedagógico la FNPI ha ensayado un proyecto piloto entre niños y adolescentes: el taller Cronicando para aprender a investigar, contar y compartir cuentos que son verdad , que es como el primer botón de muestra de las actividades que pretende realizar el Centro Gabo para generar procesos de apropiación social del conocimiento a partir del legado en movimiento del escritor y despertar e impulsar vocaciones hacia las artes y las ciencias.

Queremos que el legado de ?Gabo sirva para formar ciudadanía y que desencadene proceso de transformación social, sobre todo en espacios lacerados por la violencia y la exclusión , dice Abello Banfi.

Por lo pronto, durante mayo y junio 46 chicos de entre 11 y 14 años de edad del barrio Nelson Mandela se autodenominaron el Club del Nuevo Gabo y acompañados por la FNPI hicieron labores de reporteo, escribieron crónicas, dibujaron mapas del barrio, pintaron un mural, dibujaron autorretratos, tomaron fotos, compartieron con varios periodistas invitados que les contaron los secretos del oficio y técnicas para contar historias , según indica la propia fundación.

De esta manera, se cumple también aquello que dijo alguna vez el propio Gabriel García Márquez hace unos años: Creo que algunos niños a una cierta edad y en ciertas condiciones tienen facultades congénitas que les permiten ver más allá de la realidad admitida por los adultos (...) Hay quienes saben contar un cuento desde que empiezan a hablar y hay quienes no sabrán nunca. En los niños es una prueba que merece tomarse en serio .

Dormir a la muerte en Macondo

Cuando Gabriel García Márquez llegó a Cartagena en 1948, la luz malva del atardecer ya caía sobre la nueva fachada neoclásica que adquirió tras la consumación de la Independencia, El Claustro de la Merced. El edificio se integra al casco histórico de la ciudad amurallada de Cartagena. La Heroica. Patrimonio Mundial desde 1984. La ciudad que conquistó al escritor cuando la vio en toda su grandeza y no pudo reprimir el sentimiento de haber vuelto a nacer .

El Claustro de Nuestra Señora de la Merced, un edificio del siglo XVII que mira al mar Caribe detrás de la muralla de Cartagena de Indias. Allí la brisa salada se cuela hasta su patio central, rodeado de arcadas blancas y amarillas donde todas las tardes cumple una cita la hora malva y saluda con su luz crepuscular, también venida ahora sobre el rostro bronceado de Gabito.

Allá, en la Cartagena de Indias colombiana los 100 años de Macondo sueñan, sueñan en el aire y los años de Gabriel trompeta, trompeta lo anuncian... En un acto de realismo mágico, Gabriel García Márquez se fue a echar su sueño eterno a Macondo y ha amanecido vivo en una ciudad real que palpita en su literatura. La ciudad se encadena a Macondo y al héroe casi mítico que lo urdió. En este nuevo capítulo la soledad ha sido vencida igual que el olvido: García Márquez y Macondo están vivos. En Cartagena de Indias.

Un santuario para la cultura

En el edificio que guarda las reliquias del Premio Nobel de Literatura 1982 los colombianos ya levantan un nuevo templo para la cultura. En la sede de posgrados de la Universidad de Cartagena pronto se escuchará la cátedra Gabriel García Márquez, habrá actividades académicas, educativas y lúdicas en torno a la vida y obra del escritor que nunca dejó de bailar. Asimismo, se creará la colección bibliográfica Biblioteca de Literatura Colombiana, bajo el sello de la casa de estudios.

La historia del edificio, cuya construcción concluyó entre 1687 y 1690 con el fin de alojar a la Orden Real y Militar de Nuestra Señora de la Merced, está marcada por las transformaciones, igual que ocurre en México con los monumentos coloniales. En 1799 dos tropas reales pidieron alojo y permanecieron en el claustro hasta 1802.

El destino del inmueble lo decidió la historia. Ya consumada la independencia de Colombia y siendo éste un edificio gubernamental, su fachada colonial se hace neoclásica, acorde con un gobierno republicano. Hacia 1912 el antiguo claustro estrena nueva cara con un letrero al centro que rezaba: Palacio de Justicia.

Pegada al claustro estaba la iglesia que con motivo de los festejos del Centenario de la Independencia fue demolida para construir en su lugar el Teatro Municipal, inaugurado en noviembre de 1911, ahora llamado Teatro Heredia, pero, oficialmente, Teatro Adolfo Mejía, donde se celebra anualmente la gala del Festival Internacional de Cine de Cartagena.

Ahí, junto a la sede de uno de los eventos cinematográficos más importantes del mundo, reposan las cenizas del autor del guión de la película Tiempo de morir, estrenada justamente allí.

Cenizas sobre la historia

Su memorial fue construido en el patio central del claustro, que hoy pertenece a la universidad adonde ?García Márquez llegó en abril de 1948 para continuar sus estudios de Derecho, como lo quería su padre. Venía de Bogotá abatido por la sangrienta refriega derivada del asesinato del político liberal Jorge Eliecer Gaitán, experiencia conocida como el Bogotazo. Pero por voluntad propia nunca terminó sus estudios, pues abandonó la universidad para dedicarse al mejor oficio del mundo : ser reportero y luego escritor.

El arquitecto Álvaro Barrera, una institución en Colombia en materia de patrimonio cultural, fue el encargado de llevar a término el mausoleo para Gabriel García Márquez. Los trabajos arrancaron en noviembre del 2015. Entonces, en el patio central del claustro destacaba una tarima de baldosas rojizas de 70 centímetros de elevado sobre el piso. En diciembre inició su demolición porque ahí se colocaría el memorial. Del suelo comenzó a brotar historia: el lomo de un aljibe que remite a los primeros tiempos de Cartagena de Indias.

El arquitecto explica que sabían de la existencia de un aljibe construido en los siglos XVII-XVIII con el claustro, pero no tenían claras sus dimensiones. Nosotros íbamos a ejecutar un proyecto diseñado por la arquitecta Gloria Patricia Martínez, que por razones ajenas a su voluntad nos cedió este proceso. Con la sorpresa, tuvimos que hacer un replanteamiento; llamamos al historiador Jorge Sandoval, quien se encargó de la investigación y con él llegó el arquitecto Ricardo Zavaleta para realizar las exploraciones arqueológicas , dijo.

El aljibe es un elemento arquitectónico que se usó en la arquitectura colonial para almacenar agua potable que alimentaba pozos; el líquido era recogido del entorno y conducido a través de canales. Como en la Nueva España, se construían subterráneos o semisubterráneos cubiertos por una bóveda. Las paredes interiores se recubrían para impedir filtraciones y mantener el agua pura.

Álvaro Barrera narra que con la documentación histórica acabaron de descubrir la totalidad del aljibe y fue explorado su interior: encontraron grabadas en los muros cruces cuya iconografía aún está en investigación pues no son representativas de la orden mercedaria.

Luego vino la disyuntiva: había que conservar el aljibe por ser un monumento histórico y había que colocar en el centro del patio el busto y las reliquias: ¿cómo darle valor a ambos? Concluimos que en el centro del aljibe pondríamos el pedestal sobre una plataforma de vidrio que protegiera el ladrillo colonial y resaltara la columna con las reliquias .

Como si fuera una caída de agua, la plataforma de vidrio que conduce por el frente y los costados a la columna colocada sobre el aljibe para resguardar las reliquias se ilumina de color malva en las tardes de ?Cartagena, mientras la hierba crece alrededor en las jardineras y oculta su amarillo dorado que sólo aparece con el Sol. Entonces, el rostro bronceado de Gabo duerme en la oscuridad tibia y sensual del Caribe criollo, allá, al sur de América, donde Macondo.

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