La creatividad es juntar dos elementos que no tienen nada en común y unirlos de tal suerte que todos digamos: Claro, ¿por qué no se me había ocurrido antes? .

De creatividad sabe mucho Mario Martín del Campo (Guadalajara, 1947), artista multifacético que no detiene su mirada en lo que vemos todos los días, no: Martín del Campo sabe que en la fantasía viven nuestros animales favoritos.

Camino andado es una breve pero bellísima exposición en el Franz Mayer que da cuenta de la más de cinco décadas de trabajo del artista y celebra sus 70 años de edad.

Objetos, dibujos, orfebrería en plata, muebles, invención varia. Martín del Campo es un maestro de lo que se solía llamar, no sin cierta condescendencia, las artes aplicadas. Dice el maestro que para él es un sueño estar en el Franz Mayer y es, de verdad, el lugar ideal para exponer su obra. Así como el Mayer reúne antigüedades, diseño y artes decorativas, el trabajo del artista pasa por esas facetas y hasta otras.

Jugando a lo Da Vinci

El recorrido abre con un tríptico que parece sacado de un catálogo steampunk: maquinarias hechas a partir de animales. Los animales son una presencia constante en la exposición. Es como si Martín del Campo quisiera recordarnos que los animales son la cara más lúdica de la experiencia humana. Somos bestias depredadoras pero también sabemos apreciar a nuestros hermanos animales como mascotas, juguetes y compañeros.

Martín del Campo es un mecánico del arte. Crea maquinarias fantasiosas a partir de objetos que existen pero que no siempre están relacionados.

Por ejemplo, una bicicleta de madera (mi pieza favorita) donde el asiento es una cabeza de dragón y la parte trasera lleva una trompeta. Las llantas, derretidas como los relojes de Dalí.

El maestro no llama a su obra surrealista sino fantasía realista: todas las piezas están hechas a partir de la subversión de las cosas comunes.

Su trabajo en plata no escapa de su creatividad. Muchas veces las obras en plata son predecibles: jarrones, esculturas figurativas, etcétera. Martín del Campo hace piezas únicas: medallones que encierran ciudades, paisajes, bestias mágicas. Son obras para contar historias.

Martín del Campo tiene una obsesión con el vuelo. Varias de sus piezas parecen sacadas del cuaderno de notas de Leonardo Da Vinci: el vuelo como sueño.

Camino andado es como recorrer el taller de Gepetto: no sería sorpresa que de repente las máquinas voladoras se escaparan de los gabinetes y llenaran el cielo de soles por montones. De una nave esférica asoman un par de ojos: otra historia para completar. Es una muestra hecha de juguetes. Esta es una exposición muy divertida, y qué fascinante es decir eso en un museo.

Las pequeñas esculturas de madera y plata también son preciosas: instrumentos musicales con vida y gesto, carritos manejados por animales, barcos que vuelan gracias a una hélice.

Mario Martín del Campo no se encierra en ninguna escuela o tendencia, por fortuna. Su camino andado es propio, sin hollar. Por décadas ha corrido libre. Que así sea.

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