Durante los últimos años, se han hecho todas las maromas publicitarias posibles para cacarear la nueva ola de la literatura norteña como una de las más grandes vetas de lo que hoy se escribe en México. Sin embargo, ¿es posible hablar de un valor intrínseco a lo norteño y a su literatura? Sorprende que esta literatura se considere una de las más vivas, cuando en la región donde surge no se cuenta con un entorno que propicie su sostenibilidad.

Para los coahuilenses Luis Jorge Boone (Las afueras, 2012) y Carlos Velázquez (La biblia vaquera, 2011), la etiqueta es simplemente eso, una etiqueta editorial. Dice Luis Jorge: Para mucha gente, es fácil pensar que si alguien nació en el norte, pues es norteño. Yo no tengo ninguna bronca con que digan que soy norteño, pero los del norte ya tampoco me consideran de allá. Me dicen que soy chilango. Y los de aquí me dicen que soy norteño , comenta. Luis Jorge es editor de Almadía y vive desde hace algunos años en la ciudad de México.

Carlos Velázquez comenta: Definitivamente, eso es algo que va más allá de la literatura. El norteño, como tal, ya ha sido rebasado.

La identidad norteña es un proyecto que no está totalmente definido, que no ha terminado de afincarse. Al no tener una tradición tan sólida como otras regiones del país, es un proyecto que se está construyendo todos los días y que, de alguna manera, está en constante mutación, y, por lo mismo, considero que desde la etiqueta editorial el norteño como tal o el escritor norteño ya ha dejado de existir. Pero muchísima gente piensa que sigue existiendo .

Julián Herbert (Canción de tumba, 2012) es de Torreón. Para él La Laguna es una región en cierta medida mítica, y una primera cuestión a considerar es que Torreón es una ciudad joven (poco más de 100 años) pero con una historia muy compactada: La toma de Torreón por las fuerzas de Villa, el ferrocarril, el algodón, la industria... Eso ya le da un sentimiento peculiar a la región. Es un entrecruzamiento también, pues La Laguna está justo en la esquina entre Durango, Chihuahua y Coahuila. Ese pequeño nudo que se hace ahí es cultural, donde llegaron muchos extranjeros: árabes, chinos, ingleses.

Por eso La Laguna creció en un mundo como muy cosmopolita. Torreón es una ciudad de vaqueros que estuvo llena de prostíbulos.

La Laguna, como región, es un monstruo de tres cabezas porque está formada por tres ciudades: Torreón, Gómez Palacio y Lerdo. Y, alrededor, orbitando, hay mucha vida rural, mucha tradición, pero también mucho tránsito de delincuencia organizada, desde hace mucho. Hay una suma de cosas que han estado pasando allí, muchas influencias culturales .

NORTE, ¿IGUAL A NARCONOVELA?

Uno de los temas que sin duda atraen el morbo es la violencia. Y a los autores norteños se les ha etiquetado más de una vez como buenos narradores de los problemas ligados al crimen organizado. Esto, para Carlos, es un malentendido como muchos otros, en torno de esa figura llamada norteño: Cuando tú te pronuncias en contra de la narconovela, la gente que hace novela policiaca se ofende.

Hace poco, Rafael Acosta me escribió en el muro del Facebook que aquellos que dicen que la novela del narco es una porquería no han leído Trabajos del reino. Y me parece que ése es un malentendido mayúsculo porque, en principio, no creo que Trabajos del reino sea una novela del narcotráfico. No creo que lo que escribe Élmer Mendoza sean novelas sobre el narcotráfico , dice Velázquez.

Entonces, se van desvirtuando todos los modelos y subgéneros de esa categoría y se producen los imitadores, que es más que nada contra quienes he expresado cierto rechazo. El escritor norteño, como tal, va a desaparecer y solamente aquel que pueda retratar este cambio vertiginoso en la conducta, en el estilo de vida, en la manera en la que se va construyendo la identidad todos los días, es el único que va a poder preservarse dentro del campo literario , opina el autor de La marrana negra de la literatura rosa.

En este mismo sentido, Luis Jorge añade: Creo que la bronca principal está en el arraigo exacerbado. El norte fue uno durante los últimos 30 años y después empezó a cambiar, a descentrase, a borrarse las líneas, su literatura comenzó a hacer novelas que aspiraban a traspasar las fronteras y no a lo regional; entonces, ya hubo ciertos exilios, un desarraigo, gente que se empezó a mover o que no tiene que escribir sobre su rancho. Eso lo han hecho Élmer o David Toscana. Ellos se han desarraigado de su tradición y eso es lo que ha definido la idea del norte ahora .

Y está este asunto de los posnorteños , ataja Carlos. De alguna manera, la gente piensa que los escritores jóvenes, al desmarcarse de ciertas temáticas, nos estamos revelando en contra de los autores de la generación anterior. Eso me parece una mala lectura del fenómeno porque todo lo que empezó como un juego con lo del posnorteño y el norteño que ya había sido rebasado, se ha tomado como una ofensa hacia la generación anterior. Pero creo que ellos son los primeros posnorteños. ¡Fíjate! ¿Qué novela más posnorteña que Aparta de mí este cáliz, de Luis Humberto Crosthwaite, que narra la historia de un Jesucristo cholo? Hay una pulla que realmente no debería existir, y esto está más cercano a la etiqueta editorial. Este desarraigo se hace para desmarcarse de la etiqueta editorial. No tiene que ver con un problema generacional. Aunque no pertenecemos a las mismas generaciones, nosotros definitivamente somos una extensión tanto de Crosthwaite, como de Élmer y Toscana, incluso le debemos más a ellos que al propio Sada. Ésa es mi percepción personal , dice Carlos.

INFLUENCIAS NORTEÑAS

Yo estoy hecho de los autores que he leído -dice Julián Herbert-. Mis primeras grandes influencias no son ni Carlos Fuentes ni Juan Villoro, que lo admiro mucho, mis influencias más inmediatas fueron Francisco José Amparán y Jesús de León que son dos escritores coahuilenses que leí cuando tenía 17 años , comenta Herbert, quien recientemente escribió el prólogo del libro Otras caras del Paraíso (Almadía, 2012), primera y única novela de Francisco José Amparán, cuya primera edición data de 1995 y que para esta reedición contó con el impulso de Carlos Velázquez y de Luis Jorge Boone, así como de la viuda de Amparán, Mirna Hernández.

Cuenta Julián que Francisco José Amparán fue una gran influencia para los escritores norteños jóvenes: Paco hizo algo inaceptable quedarse a vivir en la Laguna y escribir más cuentos que novelas .

DE NATURALEZA COSMOPOLITA

Así como para Julián, para Carlos y Luis Jorge, sus influencias literarias son muy locales pero el espacio en el que crecieron, muy cosmopolita. Pretender que uno nada más viene de la literatura en estos tiempos es una cosa medio mocha, ferviente. A mí, las primeras historias que vi y seguí eran las de la televisión gringa, los canales libres que llegaban a varias ciudades de Coahuila y pasaban en inglés, caricaturas, las series, todo Walt Disney, pero, además, escuchaba música texana, las películas no estaban traducidas y para mí era normal saber otro idioma, de ahí pasé primero a leer a los gringos fronterizos del Big South y ya después llegué a mis elecciones afectivas: Leonard Cohen, primero como poeta que como compositor, por ejemplo. Y estar en esa franja -porque ni México ni Estados Unidos se terminan en el Río Bravo: avanzan como fantasmas hacia uno y otro lado.

Para mí, la Marvel y la DC Comics son mis superhéroes. Aquí hay referencias que yo no comparto, como La familia Burrón , dice.

Velázquez, en lugar de recordar el pasado, hace una pausa en el presente: En estos últimos días, platicando con un amigo, me puso a pensar sobre mi proceso creativo. Eran como las 4:50 de la mañana y me empezó a mandar mensajes en Facebook y, después, en la misma plática, me preguntó ¿qué haces? Le contesté que estaba, por segunda vez en ocho meses, viendo la serie The Wire –había leído un libro dedicado a esa serie editado y me entró la sensación de verla de nuevo- y me dice: ‘¿Por qué no mejor te pones a escribir?’ Y sin pensarlo le contesté: ‘Es que viendo The Wire estoy escribiendo’ .

Carlos se detiene en un aspecto de valor: Me estoy dando cuenta de que, para poder producir, tengo que consumir. La obra ya no nace de la inspiración propia .

LÍNEAS COMUNES

Finalmente, advierten algunas líneas comunes entre los nuevos escritores norteños: Una parte muy importante, que no se puede palpar, es la obsesión. Por alguna razón, la mente norteña de los últimos años está un poco enferma, tiene una cierta compulsión por las cosas que toca, no solo todo lo quiere norteñizar y no podemos escapar a eso, porque es parte de lo mismo que nos conforma; sin embargo esta obsesión, hasta el momento, no he podido detectarla en ninguna otra literatura. Esta obsesión por el modus vivendi, por el habla, no lo encuentro en la novela del DF ni en la literatura del sur. Eso es algo muy importante en la obra de todos: tienes una bola de cabrones obsesivos, sumamente enviciados con lo que están haciendo .

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