Hay fines de semana que nos dejan perplejos. Esta ciudad es epicentro de un consumo impresionante en bienes y servicios de entretenimiento, cultura y/o esparcimiento. No hay acuerdo sobre en cuál etiqueta caben mejor las también denominadas prácticas y/o hábitos culturales. Es un callejón conceptual sin salida, pero repleto de dinero.

Intentemos hacer cuentas sobre la base de dos conciertos de Paul McCartney, que sumaron 100,000 espectadores que pagaron entre 350 y 8,000 pesos por un lugar, oscilación que incluye costo en reventa. Agreguemos un parámetro de 100 pesos por persona en gasto de transporte, comida y algún souvenir. También la consecuente visita al antro o la fiesta en casa.

Hay que sumar además las implicaciones económicas que tuvo la transmisión del concierto en Chapultepec. Es (fue) todo un cluster.

Para 96 horas en días de pago de salarios, la cartelera Teatromex ofertó alrededor de 40 obras y/o espectáculos. Ello quizá implique, en ecuación especulativa, la entretención de alrededor de 50,000 seres. Enfatizo el espectáculo que reunió a solistas de diversas compañías de ballet en el Auditorio Nacional. Por su aforo pudieron ser más de 20,000 almas.

El vistazo no puede dejar de lado el cine, cuyos componentes de gasto son relevantes en traslados, alimentación y otros transversales según donde se ubiquen las salas. Se estrenaron siete largometrajes, dos de ellos mexicanos. Nuestras cintas lograron colarse a 81 pantallas. Las restantes en más de 1,000. Nadie castiga al que esto permite.

La dinámica que observa la vida cultural crece en manos de diversos actores privados. Unos le pelean clientes a la Corporación Interamericana de Entretenimiento. Otros coproducen. Un tanto va solito. Se segmentan nichos y consumidores. Hay de sobra. Para corroborar lo anterior, no sólo está la reciente apertura del Teatro Nextel en Parque Interlomas, zona donde se mueven 2.5 millones de personas. Ellos sólo necesitan que menos de 10% hagan suyo al año el espacio.

El Centro Deportivo Chapultepec, una añeja asociación civil, ya le encontró el modo para crear su empresa. Invirtieron 15 millones en renovar el viejo foro. Son 650 butacas listas para disfrutar el banquete inaugural: El gesticulador, de Rodolfo Usigli, bajo la dirección de Antonio Crestani, director del Centro Cultural Helénico.

El negocio cultural es una arena de creativos y temerarios. Con CIE a la cabeza, la reciente noticia es un hecho sin precedentes. Habrá de marcar la historia del subsector. Firmaron un convenio con Turissste a efecto de crear una tarjeta de descuento para que pensionados y jubilados puedan acceder a descuentos de 20 a 50% para asistir a los espectáculos de OCESA. Según Expansión, estiman un mercado potencial de 10 millones de personas sólo en el DF. En la actualidad hay 40 millones de derechohabientes.

Son numerosas las implicaciones de este acontecimiento. Es la evidencia de que la economía cultural está ahí, moviendo dinero, empleos y valores simbólicos. Una guerra sin cuartel por los consumos. Por ello es de relevancia la reforma que el sector cultural demanda: hacer aún más dinámico este componente del aparato productivo.

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