Este fin de semana en Roma será electo, entre murmuraciones, el Papa negro. Así le llaman al general de la Compañía de Jesús, la orden religiosa más influyente de la Iglesia católica, sobre todo en materia de educación, derechos humanos y justicia social.

Le dicen así por el color de su sotana, en oposición a la del sucesor de san Pedro. Pero también por los enfrentamientos que a lo largo de la historia ha tenido el máximo jerarca de los jesuitas, en fidelidad conflictiva, con el Papado. El más reciente, el del añorado Pedro Arrupe con el longevo Juan Pablo II (Incluso al padre Nicolás le cuestionaron su distancia teológica con Benedicto XVII).

Aunque el cargo del general jesuita es vitalicio, como el del Papa blanco, Adolfo Nicolás Pachón, que hasta hace unos días ocupó el puesto, había anunciado desde el 2014 que presentaría su renuncia, por razones de edad, y para ello convocaba a la Congregación General XXXVI (CG36), máximo órgano de deliberación de los jesuitas.

Así pues, 215 religiosos provenientes de todo el mundo tienen estos días la tarea de definir, en discernimiento espiritual, el perfil y el nombre de quien será el próximo sucesor de san Ignacio de Loyola, y quien llevará las riendas de la orden religiosa de la que por primera vez provino un Sumo Pontífice, el Papa Francisco.

Entre los electores hay tres mexicanos; entre ellos David Fernández, rector de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México.

Corre el dicho de que entre dos jesuitas siempre hay tres puntos de vista. Durante estos días previos a la elección, los congregados harán un ejercicio singular que se denomina Murmuratio o de las murmuraciones, previsto por el propio san Ignacio, fundador de la orden. Se trata, escribe David Fernández en un blog de la propia CG36, de un diálogo interno por duplas durante cuatro días para conversar sobre posibles candidatos; y detalla: no se vale promover a nadie; está penado hacer campaña por alguien. Uno puede, sin embargo, hacer una lista de los posibles candidatos e ir a preguntar a quienes los conocen qué piensan de ellos, qué trabajos han desempeñado, cuáles son sus principales cualidades y cuáles sus defectos. Pero todos hemos de abstenernos de proponer algún nombre o de ofrecer información sobre alguien de quien no estemos hablando .

Tampoco se trata de elegir al más popular o más influyente o al mejor conectado, sino a un nuevo inquilino de la casa de Borgo Santo Spirito, vecina del Palacio Pontificio, que pueda llevar las riendas de la Compañía, en este momento en que no será del todo fácil definirse, cuando al frente de la Iglesia está justamente un jesuita.