Una compilación de 300 obras de 85 artistas mexicanos y estadounidenses pretende derribar las fronteras entre ambos países por medio de la importante, pero poco advertida, relación artística y de intercambio de técnicas e ideología que el movimiento del muralismo mexicano influenció en Estados Unidos desde los años 30 del siglo XX.

Con una museografía bilingüe y un proyecto curatorial encabezado por Barbara Haskell y Marcela Guerrero, Vida americana: Los muralistas mexicanos rehacen el arte estadounidense, 1925-1945 se exhibirá de febrero a mayo del 2020 en la sala principal del Whitney Museum of American Art, uno de los recintos de arte moderno y contemporáneo más modernos e importantes a nivel mundial.

Esta exposición tiene la intención de dar a conocer la fuerte presencia del arte mexicano, sobre todo exponentes como Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco, quienes dejaron huella en artistas como Jackson Pollock, Thomas Hart Benton, Charles White, Mitchell Siporin, Philip Guston y Ben Shahn, entre otros, quienes vieron con buenos ojos el arte crítico y de alta carga social en la década de los años 30, durante la Gran Depresión de los Estados Unidos.

La galería de exposiciones del Whitney Museum, en su sede del Meatpacking District de Manhattan, Nueva York, incluirá pinturas, frescos portátiles, proyecciones, esculturas, estampas, fotografías, dibujos y reproducciones de murales in situ.

Para Haskell, la muestra es trascendental, ya que pretende cambiar el entendimiento de Estados Unidos y de la historia del arte al demostrar que el arte mexicano hizo mucho por el estadounidense desde 1925 hasta 1945. Enfatizó que incluso más que todo el arte francés, que fue punto de ebullición del impresionismo y las vanguardias, pudo influir en las primeras décadas del siglo XX.

Impacto del arte mexicano en Estados Unidos

Tantas formas artísticas fueron permeadas por el idealismo de la Revolución mexicana y sacudieron el arte norteamericano que vivía distanciado de la vida industrial del país.

La curadora estadounidense detalló que, durante ese periodo de 20 años, los artistas estadounidenses se interesaron en México y viajaron al país para aprender del muralismo, entonces en plenitud; mientras que los tres principales muralistas mexicanos de la época, Siqueiros, Orozco y Rivera, llegaron a Estados Unidos, donde además hicieron pinturas y litografías, y estuvieron en exposiciones a gran escala a lo largo de todo el país, desde la Costa Este hasta la Costa Oeste, y con gran fuerza en la ciudad de Detroit, donde su influencia fue profunda en diferentes tipos de artistas.

Este boom se dio en la coyuntura de la Gran Depresión en Estados Unidos, justo en la década de los 30, cuando un tercio de la población no tenía trabajo. Ahí los artistas se sintieron responsables de lidiar con la responsabilidad social y buscaron crear un sentido colectivo sobre las posibilidades de construir un mejor futuro compartido a partir un tiempo de crisis. Por ello buscaron a los muralistas mexicanos para que sirvieran de guías para dicho cometido.

“Orozco fue el primer muralista que llegó. El primer mural que hizo fue en Pomona College, en California, durante 1930. Nosotros recreamos una versión de media escala para la exposición”, señaló. Después trabajó en dos murales más, uno, en The New School, en Nueva York, que cubría cuatro paredes, y otro en New Hampshire, Nueva Inglaterra, de la misma magnitud.

“Muchos artistas estadounidenses fueron a ver los murales y todos quedaron impactados. Uno de ellos, Thomas Hart Benton, apoyaba totalmente a los muralistas mexicanos, especialmente a Orozco; llamó al muralismo mexicano ‘el único gran arte de nuestra época’ y lo aplaudió por rechazar el arte que lidiaba solamente con la riqueza y los privilegios”, evocó la especialista.

El impacto social del muralismo también fue modelo para el arte afroamericano, como el de Charles White, quien fue influenciado de manera determinante durante sus viajes a México. Incluso, durante una retrospectiva en el MoMA, reconoció la inspiración de los muralistas mexicanos, dijo, por mostrarle el camino para abordar con su arte la lucha de los afroamericanos por su liberación.

En una época en la que predominaba la injusticia económica y social, muchos artistas decidieron involucrarse como nunca antes había sucedido en el país vecino. Mitchell Siporin, por ejemplo, viajó a México para trabajar con Diego Rivera, de quien, por cierto, se incluirá una reproducción del mural “El hombre controlador del Universo”, que pintó en el Palacio de Bellas Artes, en 1934.

Siqueiros, detalló la especialista, quien trabajó tres murales en Los Ángeles, tuvo a los reconocidos Fletcher Martin y Philip Guston, como discípulos. Además, durante un viaje a Nueva York, en 1936, el mexicano ofreció un taller para experimentar con nuevos materiales y técnicas. Una de las cosas que hizo fue pegar el lienzo sobre el piso y dejar que los artistas que iban aventaran pintura sobre él. Jackson Pollock fue miembro de este grupo. “Entonces las pinturas icónicas de action painting, de Pollock, y su expresionismo abstracto se deben en parte a su experiencia con Siqueiros”, destacó Haskell.

No hay fronteras para el arte

En entrevista con Marcela Guerrero, curadora asociada del Whitney Museum, la experta puso en contexto las medidas actuales de separación entre la frontera de México y Estados Unidos como una decisión desinformada del contexto artístico.

“Ha habido mucha fluidez entre la relación del arte mexicano y el arte estadounidense. En este momento en el que se habla de muros fronterizos, en el arte no hay dichos muros, siempre ha sido lo opuesto. Esta exposición lo que va a demostrar son los diálogos que había, lo mucho que circuló el arte mexicano en Estados Unidos, todos los viajes que hacían los artistas a estudiar porque se escuchaba de lo importante que era Rivera, Siqueiros y Orozco, y la gente venía como si fuera una peregrinación para verlos en vivo, es bonito crear algo que va a ayudar a combatir esta retórica tan terrible de separación y demostrar que había una admiración de parte de la comunidad americana, que es realmente lo que debería existir”.

La curadora también enfatizó la importancia de esta exposición para que la comunidad latina haga presencia en la sala principal del Whitney el año entrante. “Mi sueño y meta es que mexicanos-americanos o mexicanos que llevan viviendo mucho tiempo en Estados Unidos asistan a esta exposición”, comentó.

Agregó que si bien esta relación de arte americano entre México y Estados Unidos no estaba definida, otra de las evidencias de la influencia mexicana en territorio estadounidense son los movimientos artísticos posteriores de los años 60 en las comunidades latinas que nacieron y radican actualmente en el país vecino.

“Los chicanos tuvieron una fuerte influencia de los muralistas mexicanos, es un ejemplo y un modelo que se replicó en los años 60 especialmente con su movimiento, la idea es que todos ellos vengan a ver la exposición y que sientan orgullo de que finalmente se está mostrando este tipo de arte que es digno de estar en los lugares más importantes de Estados Unidos”, expresó Guerrero.