El presidente George Bush padre ordenó un ataque militar contra Panamá sólo para atraparlo. El general Noriega, otrora colaborador de la CIA, para 1989 era considerado el mayor enemigo de EU.

Jorge M. Reverte escribió en El País: Si hubiera conseguido resistir la invasión del ejército norteamericano, habría sido un auténtico emperador de las drogas .

Pobre de origen, fue becado en la Escuela Militar de Chorrillos en Lima, Perú, y en 1968 participó en el golpe de estado que llevaría al poder al autoproclamado líder máximo de la Revolución Panameña, Omar Torrijos, cuya sombra le sirvió a Noriega junto con el apoyo de la CIA para realizar diversos negocios que lo convertirían en un hombre peligroso.

Tras la muerte de Torrijos en 1981, Noriega ascendió a general y comandante en jefe de las Fuerzas Armadas y, a partir de 1983, en líder militar de Panamá, en dictador de un país marítimamente clave en el paso de mercancías por Centroamérica.

En 1987, sin embargo, el exjefe del Estado Mayor del Ejército, Roberto Díaz Herrera, declaró lo que los panameños suponían que Noriega era un intermediario del tráfico de drogas y armas entre EU y los países de la zona; de ser el autor intelectual del accidente aéreo en el que murió Torrijos; del asesinato, tortura y desaparición de opositores a su régimen, lo que desataría protestas populares que provocaron que el dictador declarara Estado de emergencia y suspensión de las garantías constitucionales.

Para 1989, Noriega ya no le servía a EU y, con el pretexto de salvaguardar los derechos humanos, Bush mandó a sus Fuerzas Armadas que asesinaran a miles de panameños que, al principio, el líder prometió defender hasta sus últimas consecuencias para, en menos de 15 días, entregarse y ser juzgado en un tribunal norteamericano.

Manuel Antonio Noriega estuvo preso 17 años en una cárcel en Miami, uno en Francia y seis de una condena de 60 en Panamá. Aquí, en el Centro de Rehabilitación Renacer, lo conoció mi amigo B, en ese entonces recluido en dicho penal.

Del entorno de Noriega llamaba la atención que, dada su historia criminal, la gente, incluidos policías y custodios, se refirieran a él todavía como ‘mi general’ , cuenta mi amigo.

Cuando lo conocí , agrega, esperaba encontrarme a un hombre temerario y peligroso; me sorprendió entonces conocer a un viejito con problemas para caminar, gorra de camionero americano y jeans hasta el ombligo, que pareciera que nada tenía que ver con el Cara de Piña, el dictador acusado de múltiples asesinatos y desapariciones .

Apunta: En el área verde, Noriega recibía a sus visitas los domingos, justo debajo del edificio en donde algunos reclusos habíamos construido un estudio de música. Ahí le montaban un comedor grande, con muebles coloniales, y sus visitas eran empresarios panameños y miembros del gobierno.

Cuando hubo un problema de goteras y, dado que su celda tenía aire acondicionado,(...) nos sacaron del estudio y lo alojaron ahí, mandándonos a una celda pequeña (...) bajo el calor tropical de la selva. En dos meses, gracias a la presión de gente del exterior interesada por la cultura, ganamos de vuelta el estudio y derrocamos al general de su expropiada torre de marfil , concluye B.

A finales del 2016, a Noriega le detectaron un tumor en la cabeza; el gobierno panameño le otorgó arresto domiciliario. Tras ser operado, sufrió un derrame cerebral que lo mató hace una semana.

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