Si un día a alguien, de cualquier mundo, se le ocurre construir un palacio en la luna, un castillo tránsfuga, que flote en el aire inexistente del espacio; ese alguien debe buscar los muebles de Eduardo Olbés.

Evocación Ming se llama la reciente exposición del Museo Franz Mayer que expone las obras que el mexicano-filipino Olbés ha hecho en materia de diseño de muebles. Bancos, mesas, sillones, divanes; pero qué bancos, qué sillones y qué mesas: como salidas de una cantera de piedras preciosas.

Dice Olbés en una entrevista que a él le interesa traer la belleza de vuelta a los museos y las galerías de arte. La belleza está pasada de moda, abunda en el mundo del arte el cinismo y el exceso de ironía. No hay nada irónico en las piezas que conforman el recorrido de Evocación Ming. No es que el también escultor no sepa el juego (en su exposición anterior, El narco y las ecuaciones económicas perversas) Olbés dio rienda suelta a su lado más ácido y difícil de digerir.

En Evocación Ming los muebles Olbés parecen deslizarse por la historia del diseño. Es evocación Ming porque hacen referencia al estilo de aquella dinastía china. El Ming antiguo, ese preciosismo de tierras lejanas, de tiempos legendarios que para Olbés parecen haber pasado a la vuelta de la esquina, hace tan sólo unos años, en su infancia quizá.

Uno tiene ganas de tocarlos, de sentir cómo las manos se resbalan en esas superficies pulidas hasta la exquisitez. Las 50 piezas expuestas son bellísimas. Olbés cumple lo que promete.

El visitante se encontrará con piezas que están, sí, metidas en lo utilitario (son, finalmente, muebles) pero que rozan sutilmente el arte de la escultura. Por ejemplo, un diván que coquetea cierto con la lápida mortuoria: un mueble perfecto para una dama de las camelias selenita.

Otra pieza destacada es la banca en forma de nube que corona un punto importante del recorrido. Otro mueble lunático, otra pieza maestra en su rareza y su delicadeza. La acompaña una mesa de piedra y maderas lujosas.

Olbés lleva 30 años viviendo y trabajando en nuestro país. Más que diseñador o escultor, se define a sí mismo como tallador de piedra. Tiene un taller de tallado de piedra en el Tepozteco, donde trabaja todos los días con artesanos y artistas mexicanos. Todas las piezas de Evocación Ming salieron de ese taller, tienen encima la mano del maestro.

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