Grandiosidad es el concepto empleado por el director Gustavo Dudamel para finalizar este 4 de febrero, en su fase californiana, el Proyecto Mahler; fervor que el venezolano quiso poner en claro al dirigir en el corto lapso de tres semanas la obra sinfónica del maestro austriaco, lo que sucedió en gran parte de memoria. Una hazaña que culminó con la Octava Sinfonía.

El Shrine Auditorium de Los Ángeles se convirtió en una catedral de la música repleta de fieles, en donde ofició el cardenal Dudamel con las notas corales de un auténtico dios sinfónico: 1,011 artistas ocuparon un escenario que días antes fue transformado radicalmente para dar cabida a todos estos oficiantes.

Al final, casi 6,000 devotos asistentes manifestaron con gritos y 10 minutos de aplausos su emoción por ser partícipes de este momento único en la vida, que tomó como piedra de toque el centenario de la muerte del gran compositor.

Entre estos devotos concurrentes estaban estrellas de cine, intelectuales y, obvio, gente del mundo de la música; todo Dios se dio cita en el Shrine Auditorium para presenciar una pulcra, precisa y emotiva dirección orquestal, según refieren los diarios de California en sus notas de los días posteriores.

Y ahí estaban en el escenario 91 músicos de la Filarmónica de Los Ángeles; 99, de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar; 813 miembros de 16 agrupaciones corales, más ocho cantantes solistas..., y seguramente el espíritu de Mahler habitando en cada nota de la partitura.

Porque el compositor era místico, aunque muchos de sus seguidores no lo acepten. Al respecto, uno de los más importantes especialistas en Mahler, Henry-Louis de La Grange, entrevistado por el periodista David Ng, de Los Angeles Times, refiere que la Octava Sinfonía es un himno de gloria , un himno a la eternidad . Agrega que es bastante mística, naturalmente, como lo era Mahler. Aunque a algunos mahlerianos no les guste esto. Ellos no pueden aceptar el hecho de que él fuera optimista .

El mismo especialista revela el sitio que tiene la Octava Sinfonía en la historia de la música: Está en el mismo nivel que la Novena Sinfonía de Beethoven y el Réquiem de Guerra de Benjamín Britten .

La Octava Sinfonía en mi bemol mayor de Mahler también es llamada Sinfonía de los mil porque requiere de un gran cuerpo coral y de un enorme grupo de instrumentistas. La idea de esta sinfonía es la redención de la humanidad mediante el amor. Lo que marcó un vuelco en el ánimo pesimista que le había acometido al maestro en otras obras; la Octava fue concebida como una manifestación de fe en el eterno espíritu humano .

EN EL ESCENARIO

91 músicos de la Filarmónica de Los Ángeles.

99 músicos de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar.

813 miembros de 16 agrupaciones corales.

8 cantantes solistas.