Los mercados populares son la gran cosa en México. En la Ciudad de México mantienen su sabor auténtico, aun cuando se pongan a vender fayuca o el juguete pirata que esté de moda.

Mis primeros recuerdos cálidos de un mercado son del mercado del barrio de San Cosme, en la colonia San Rafael. Vendían (ya no) unas flautas magníficas de barbacoa con la salsa de chile pasilla más perfecta que he probado. No sé, dicen que la mejor sazón es la de la memoria, pero esas flautas eran memorables.

Recuerdo ese mercado porque era el de la infancia de mi padre. Pero cuando él era niño, era todavía un mercado callejero de puestos de madera. Dice mi papá que solía pasearse por el mercado en las tardes y veía a los puesteros que después de su jornada se juntaban para jugar dominó. Y decía: Así quiero ser de grande . ¿Quién no?, pienso. Esa calma, ese gusto de la obra terminada. Unas fichas de dominó después de la jornada. Hermoso.

En la foto que nos envía el Archivo Gustavo Casasola hay un viejo mercado popular donde se ven piezas de cestería, cuerdas de henequén y otros gracejos y menajes. Es una foto con casi 100 años de antigüedad, pero así recuerdo el mercado de San Cosme, sobre todo los pasillos donde siempre me parecía que podía encontrar todo.

Vamos a echar el dominó, ¿o qué, se van a pandear?