Cuando eres niño y te mandan a leer El principio en la escuela, por lo general no entiendes nada. Es un libro corto, pero denso. Es lógico: en ese momento el Principito eres tú. No tienes perspectiva: eso que te están contando sobre ser pequeño y ver el mundo con ojos nuevos es tu vida. Para describir un árbol hay que estar a unos pasos de él, no debajo de la copa. Los niños pueden entretenerse con la historia de Antoine de Saint-Exupéry, pero no necesariamente enamorarse de ella.

Vi con escepticismo la idea de hacer una adaptación fílmica de un libro más bien poético. ¿Cómo hacer este libro etéreo una película que pudiera competir con Pixar? Luego me enteré que el director sería Mark Osborne, el director de Kung Fu Panda, y pensé: Quizá sí .

Decodificando a El principito

Hay una pequeña niña. Su madre tiene grandes planes para su vida. Para lograrlo, la niña tiene toda su vida planeada hasta la ridiculez: estudiar geometría analítica a las 4, practicar francés a las 5, hacer ejercicio en la tarde y tener una cena rica en vitaminas y minerales a las 7. Una control freak en miniatura. O eso es lo que quiere su madre. La madre no es malvada. Como tantos padres que quieren el control total sobre sus hijos, sólo busca lo mejor para ella.

Pero un día un avioncito de papel entra por su ventana mientras la niña estudia algún mamotreto ilegible. El papelito cuenta la historia de un niño que viaja por la estrellas.

Su vecino es un viejecillo loco y adorable: él le mandó el avioncito. Es un regalo para que ella recuerde algo. ¿Qué? Algo que ha perdido y que le urge recuperar. La niña y el viejito se hacen amigos. Son las vacaciones de verano y cada día el viejo aviador le cuenta la historia de ese niñito, un principito que se encontró un día en el desierto del Sahara.

La película combina dos tipos de animación: una, muy hermosa, basada en los dibujos originales con los que Saint-Exupéry ilustró su libro; es la animación del cuento que el aviador le cuenta a la niña. La otra es la que representa a la realidad, muy parecida a la animación que usa Pixar y otras casa de animación, más convencional.

El principito huyó de su asteroide amado. Amaba a la rosa que nació en su asteroide donde sólo nacían baobabs. Ella es hermosa y exigente, él solo es un niño. Se amaban, pero eran demasiado jóvenes para saber hacerlo , dice el aviador.

Osborne no sólo descodifica El principito para que cualquiera, no importa su edad, pueda disfrutarlo, también se desvía de la versión original para contar la historia de la amistad entre la niña y el aviador. En cierto momento la niña va en busca del Principito porque su amigo está muriendo. El viaje la lleva a un planeta gris y horrible en el que sólo viven adultos y nadie es feliz. Es una escena plásticamente impecable: recuerda los famosos cuadros de oficinistas de Magritte.

El trabajo de adaptación de Osborne y de sus dos guionistas es impecable. Lograron una historia divertida pero llena del mensaje de El principito: ?crece pero no olvides lo que es ser niño. Porque ser niño es el máximo acto filosófico, la máxima poesía.

concepcion.moreno@eleconomista.com