Ha quedado demostrado: Lady Gaga es más que una princesa. Domina el escenario como pocos. Su gran inspiración para tal efecto es ni más ni menos que Freddie Mercury, el mejor frontman de la historia. Como a él, lo mejor para verla en vivo es contemplarla interpretando el piano: un fenómeno, una delicia. La artista se nos muestra más real. Radio Gaga es el principio de todo: gracias a esa canción de Queen, Lady adoptó su nombre.

Queen (reina) es un adjetivo que cada vez le queda más cerca para definirla.

Ir al concierto de Lady Gaga es haber ido a ver al monstruo más famoso del mundo, un monstruo sexy y único, por lo demás. Pero nos preguntamos: ¿Qué decirle equilibradamente, si para miles Lady Gaga es una cantante cualquiera, un poco vulgar y sin el menor chiste, y para otros miles es casi casi una religión?

Un concierto memorable

Bueno, que usó 14 cambios de ropa, que cantó poco más de dos horas, que tuvo como teloneros a amigos suyos: Lady Starlight y Semi Precious Weapons, cuyo líder platicó cómo había conocido a Lady Gaga. Fue en un concierto que dimos en un bar de Nueva York en el 2004. La vi en el público, detuve el concierto y le dije: ‘No sé quién eres, pero te quiero coger’ .

Que el productor Fernando Garibay, de raíces mexicanas, interpretó con ella una versión acústica del nuevo sencillo dado a conocer por Gaga, cuyo título es Americano , siendo esta parte lo mejor de la noche; que Germanotta se veía emocionada y afirmó que ninguna otra noche había reunido tanta gente un concierto del Monster Ball Tour .

Que sorprendida se detuvo para decir que era imposible que los mexicanos se supieran una canción que ni siquiera ha llegado a las listas y justo después se llevó un regalo cuando los 55,000 asistentes comenzaron a cantar el Cielito lindo ante la sorpresa de la cantante, quien dijo: Ustedes son lo más radical que puede haber ;

Que constantemente se refería a sus fans como pequenios monstruos ; que su interpretación de Bad Romance no podía escucharse en lo más mínimo porque la gente cantaba a rabiar y que cuando cantó Alejandro el foro se cayó y ella añadió al nombre Alejandro el apellido de El Potrillo: Fernández.

Que tantas cosas se reúnan en una sola noche significan que el concierto fue inédito. Y tenía que serlo porque Lady Gaga, Diva Gaga, Holy Gaga es más que una estrellita pop, de esas que explotan de manera casi espontánea como las palomitas y con esa misma velocidad se retuercen con limoncito.

Lejos y cerca

Por más que a los lúcidos les rechoque la actitud sobrevaluada que tiene de sí misma la chica de apenas 25 años, hoy en día es el gran ícono de moda, fenómeno cultural, enclave de una estética que nace de la versión más cruda del pop y efigie de una religión de monstruos que exigen ser tomados en cuenta.

Durante su concierto se detenía en varias ocasiones para formular frases, para transmitir el discurso que ha defendido desde que se convirtió en estrella: La autoconmiseración es una basura, ten confianza en ti mismo, pequeño monstruo, porque Lady Gaga cree en ti . Discurso efectista que es faramalla y puro show. Sí. Pero eso no le quita que para sus miles de fans sea inspirador y por eso auténtico. En México reunió 140,000 fans en tres conciertos; esos que ven en Lady Gaga un modelo posible, real, tangible, el más real de los cientos y miles que se les ofrecen en todo tipo de simulaciones por conducto de las pantallas de su computadora o de la TV.

Porque para sus fans, Lady Gaga es lo más parecido a ellos que lo que han tenido en mucho tiempo o más aún: es lo más parecido a ellos que lo que jamás les ha ofrecido la realidad de pantallas. Ella es lo más cercano en ese mundo, aunque en el fondo es lo más lejano: es imposible hoy en día acercársele un poco, incluso el acceso a la prensa para una conferencia que ofreció fue altamente restringido. De acuerdo con el escenario en el concierto, lo más cerca que quedó Lady Gaga de su público era a una distancia de 10 metros. No obstante, para un fan la posibilidad de ser semejante a Lady Gaga, un fenómeno feo, seco y estrafalario, es algo nítido. Por eso todos quieren parecerse a Lady Gaga y lo creen posible. Lo creen cercano.

Chicas y chicos de todas las edades maquillaron en su rostro un rayito rosado que caía desde la frente a la altura de su ojo derecho hasta la mejilla. Por eso, miles de asistentes a los conciertos del Foro Sol llegaron disfrazados de Lady Gaga: jóvenes varones, sexys chicas, mujeres adultas y de talla grande, niños acompañados por sus madres, personas feas y bonitas, travestis con tacones de plataforma. Todos similares en su deseo. Todos, como si fueran a misa, a ese ritual que es la recreación de un sacrificio. Feligreses de Lady Gaga se acercaban a rendirle tributo, a regalarle unicornios que aludían al cuerpo transexuado.

Un proyectil difícil de parar

Lady Gaga en sus conciertos no sólo canta, sino cuenta. La narración es una parte fundamental en los espectáculos de esta joven mujer: las narraciones y los recuerdos. Y es a partir de ellos como se generan huecos por los que se filtra, de manera casi imposible, a través de la solidez del látex, algo de sensibilidad y sencillez; también se filtra ambición, imaginación, inocencia; se cuela también vulnerabilidad.

Lady Gaga es una chica frágil que necesita meterse en un personaje para ser. Probablemente su caso sea parecido al de tantos actores que no superan en la realidad a los personajes que encarnan, de tal manera que se sienten todo el tiempo como tales entes de ficción. Nos guste o no, Lady Gaga se ha afianzado en la historia de la música. A ese proyectil va a ser muy difícil pararlo.

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