Hay en la obra de Darío Ortiz una mística que invita a permanecer más tiempo frente al cuadro. Quizá son las torsiones de los cuerpos desnudos: la tensión de los músculos, las marcas de los huesos por debajo de la piel, las arrugas de expresión de cada rostro y otros relieves de la carne. Hay mucho de ensayo, de boceto, detrás de sus composiciones.

En su estudio se sobreponen lienzos intervenidos con acrílico, pastel, carboncillo y óleo. Todos están en proceso. Ortiz trabaja en ellos de manera alternada. Más allá, pegados en la pared, donde hubo espacio para ello, el artista colocó algunos trabajos en carbón, como si se tratara de ensayos anatómicos que evocan a la minuciosidad de los maestros renacentistas y barrocos.

“No hay obras terminadas. No soy bueno para terminar las obras, pero para empezarlas soy un berraco”, arguye el pintor colombiano a la vez que levanta un par de cuadros que están recargados uno sobre el otro. Detrás de ellos revela un óleo sobre lienzo al menos de 1 metro y medio de altura. “Es una obra en la que trabajo el tema del ‘Infierno’ de Dante, pero pensando precisamente en los temas migratorios, en el sistema de movimiento de masas, de refugiados, de cuerpos que escapan”, explica sobre la escena de un grupo de gente desnuda, apilada en la penumbra, tratando de escalarse mutuamente, con el rostro fatigado, como queriendo escapar de algo que quizás es ellos mismos; mientras que, detrás de ellos, como un contrapeso de la composición, el atisbo de un pintor frente al lienzo, dispuesto a perpetuar la escena, “siendo un testigo mudo”, agrega.

En defensa de la pintura

Darío Ortiz fue invitado a formar parte de la selección internacional de nueve artistas cuyas obras habitan el Pabellón de la República de San Marino en la 58ª edición de la Bienal de Venecia. “La curaduría de San Marino intenta mostrar las vertientes vivas del arte contemporáneo. Dentro de ellas, por supuesto, está el videoarte, la instalación, todo lo que es el arte conceptual, y algunas tendencias de pintura, entre ellas, la pintura figurativa, en la que me incluyen”, contextualiza.

Se le pregunta sobre la importancia de mantener la pintura figurativa tradicional o clásica. De inmediato interrumpe para opinar que esa concepción no le parece acertada. “Nos han vendido el discurso de que la pintura es tradicional, pero nadie dice que va al gimnasio porque dice que es tradicional que el ser humano corra. Tradición tiene que ver con otras cosas. Es bien cierto que la pintura sufrió una transformación en la que fue enterrada dentro del proceso. Sucede que hay una especie de redescubrimiento del lenguaje plástico”.

Opina que son los artistas del “tercer mundo” quienes están apostando por reivindicar la pintura figurativa, que las mayores propuestas no provienen de Europa o de los países anglosajones. Prueba de ello, argumenta, se ha visto en la mayor presencia del arte figurativo en las últimas dos ediciones de la Bienal.

“Existen registros pictóricos de entre 20 y 30,000 años de antigüedad de la pintura. Ha estado ligada al concepto del Homo sapiens. Desde esa perspectiva, haber creído alguna vez que era una actividad humana superada fue una de las muchas arrogancias equivocadas de la modernidad”, defiende.

Argumenta que el hecho de que la pintura pueda ser institucionalmente atacada o casi prohibida en varios estamentos del mundo del arte contemporáneo le da un valor de rebeldía extraordinario.

“Claramente hoy la rebeldía no es presentar una exposición vacía o desnudarse dentro de una exposición. Ésos ya son actos sabidos. Si quieres enfrentar al establecimiento artístico tienes que pintar. Todo lo otro es ser”, dice, y suelta una risa cuando se le recuerda que en otras declaraciones ha ceñido a su discurso el aforismo: “solo los peces muertos nadan a favor de la corriente”.

Y se extiende cuando explica que “dentro de esta lucha contra la pintura y la prohibición tácita a que hagamos pintura, la opción figurativa es la menos aceptada porque tiene que ver con hechos filosóficos, con ciertas religiones o con la construcción de las estéticas modernas. Ser figurativo es más, pues, un acto de rebeldía; y si, dentro de eso, además cometes el crimen de mirar hacia atrás y entender que dentro de la historia del arte hay elementos rescatables que te sirven para elaborar tu discurso, pues más”.

Ambivalencias de sexo y violencia

Numerar la cantidad de veces que le han negado una exposición o le han cambiado la curaduría por presentar un cuerpo desnudo es inútil, señala el artista. “Diariamente salimos a la calle y nos atacan las imágenes de sexo. Prendemos la televisión y hay mujeres denudas siempre. Y ni hablar de la violencia. Los noticieros y las películas muestran escenas sanguinarias extraordinarias. Pero pinta una imagen con sangre, para que veas la contundencia de esa imagen. La gente paga por ir al cine a ver escenas violentas y sale de exposiciones porque de pronto hay una escena violenta pintada. Existe una contra muy poderosa que ejerce la pintura y de alguna manera de eso se nutre mi trabajo”, refiere.

Retoma a Pablo Picasso cuando dice que “el arte no es la verdad sino una mentira que nos ayuda a comprender la verdad”. Con base en lo dicho, argumenta que otro de los temas que le inquietan es la razón del sexo en la sociedad y evoca a los teóricos al momento que argumenta: “el sujeto es una invención de la modernidad y el cuerpo es un descubrimiento de la posmodernidad”. Otro de sus temas es, dice, la vigencia de la religión en la sociedad contemporánea.

Lo que no depende del artista

“Para mí uno de los errores del arte contemporáneo es que intenta narrar los hechos de la actualidad como si fuera una transmisión en vivo de Instagram. Eso al cabo de un minuto termina siendo como la noticia de un periódico. Creo que una de las funciones del artista es tratar de ir más allá de lo mediático”, opina y pone un ejemplo.

Recuerda cómo la pintora inglesa Jenny Saville, el pasado 5 de octubre, durante la subasta de Sotheby’s, se convirtió en la artista viva más cotizada del mundo por la venta de su obra Propped en 12.4 millones de dólares. Sin embargo, la noticia fue eclipsada puesto que se remató durante la misma subasta en la que “el mundo se conmovió” cuando Banksy decidió triturar su obra Girl with balloon a la par del golpe de martillo.

“Soy un artista cotizado pero no comprendo muy bien por qué”, razona para sí. “Es que la compraventa del arte nunca depende del pintor. Hay unas estructuras comerciales que hacen de todo (...). El arte se volvió tan ajeno al público que tocó montar una suerte de traductores que le explicaran a la gente qué era lo que el artista había hecho. Ahora bien, como hay en juego tanto dinero, finalmente el traductor termina explicando no la obra sino diciendo las palabras exactas para comercializar. Dentro de eso, un arte no figurativo permite una mayor especulación”, concluye.

Arte figurativo

Aquel, en especial pintura o escultura, que es opuesto a la abstracción y se guía estrictamente por la representación a partir de un modelo o bien imaginaria, de las figuras observables y reconocibles, ya sea que se trate de lugares, objetos inertes, móviles o seres vivos, procurando la verosimilitud en el ejercicio representativo.

El paisajismo es una de las disciplinas más representativas de la figuración, mientras que el hiperrealismo procura la reproducción extremadamente fiel de las imágenes. Si bien existe la figuración no realista, ésta se construye con imágenes fantasiosas o subjetivas que sin embargo son reconocibles.

En su mayoría, todas las artes plásticas fueron figurativas a lo largo de la historia (el arte clásico, el islámico el renacentista, el barroco, el impresionista o el expresionista, por ejemplo) hasta la irrupción del arte abstracto, en el siglo XX.

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