Blusas de vivos colores con intrincados bordados recuerdan a prendas artesanales pero tienen su propio giro, su propia rítmica.

María Esther Martínez, Mai, (o Maruch, como le dicen las mujeres en tzotzil) tuvo que viajar a Barcelona para redescubrir los colores mexicanos. En Barcelona todo era blanco y negro, era un mundo muy materialista; fue todo un shock cultural estudiar moda allá .

Mai siempre había querido diseñar moda, pero a la hora de inscribirse en la carrera en la Universidad Iberoamericana se decantó por diseño gráfico. Como estudiante hizo servicio social en Chiapas con mujeres indígenas. Por eso, en cuanto pudo escapar de Barcelona, lo hizo con un proyecto en mente: regresar a San Cristóbal de las Casas a hacer moda con aquellas mujeres.

Su marca se llama Corazón Artesanal y tiene todo un proyecto social que lo respalda. Desde el 2012, Mai ha ido construyendo su relación con mujeres (y algunos hombres) artesanas. Se trata de crear prendas de ropa que respeten sus modos, sus símbolos. Les damos talleres de colometría, de calidad del producto, de generación de productos sin afectar su cosmovisión , explica Mai.

Una creación colectiva

Cada dos semanas Mai y los artesanos se reúnen para elegir modelos y diseños. Los artesanos confían en ella porque, dice, todo es transparente. Las artesanas deciden los precios, es un cambio de mentalidad ayudarles a entender que su trabajo vale mucho (...), desde aprender a elegir el material hasta escoger un precio justo para todos . La etiqueta de cada prenda de Corazón Artesanal lleva la firma del artesano que la trabajó y las horas que invirtió en hacerla. Ése es el valor agregado de cada prenda de la marca: se está comprando una prenda auténtica hecha a mano que además tiene el giro de reinventar, de la mano de Mai, una tradición textil.

Las ganancias se dividen así: 20% para los gastos fijos de la tienda, 40 para los artesanos y 40 para Mai. Pero hasta ahora, casi cinco años después de comenzar Corazón Artesanal, Mai está viendo ganancias. Hasta ahorita estaba viviendo de mis ahorros, pero con el crecimiento de la marca ya estoy viendo la luz , bromea.

Cada vez somos ?más cercanas

Mai está trabajando en la próxima colección. Su labor en siete distintas comunidades (Zinacantán, San Andrés Larraínzar, San Juan Chamula, San Juan Cancuc, Pantelhó, Navenchauc y Amatenango del Valle) la ha convertido en una especie de misionera. No se dedica solamente al diseño de prendas sino que también ayuda alfabetizando y dando trabajo a madres solteras (10% de las mujeres con las que trabaja lo son).

La nueva colección está basada en que somos cada día más cercanas. En cada prenda interviene la creatividad de muchas mujeres. Tratan de hacer la obra perfecta, cada pieza lleva su firma .

Algunas prendas se trabajan en telar de cintura, pero muchas artesanas que ya pasan de los 60 años no alcanzan a ver los delgados hilos. Para ellas creamos una prenda, los cuellos bufanda (para los que) en vez de meter los hilos al telar usamos estambres y así pueden tejer sin forzar la vistas .

La sustentabilidad del negocio, dice Mai, es lo más difícil. Apenas está teniendo ganancia. Este año ha sido el mejor: tienen dos tiendas en San Cristóbal de las Casas y también venden en la Ciudad de México, Los Ángeles y Francia. Tienen venta en línea y planean llegar donde las redes las lleven.

Es fascinante lo que hace Mai, pero vale la pregunta: ¿no se trata de apropiación cultural?

Hay un boom de este tipo de proyectos , acepta. Pero cuando comencé no los había, llegaban diseñadores y se llevaban las ideas de los artesanos. Ni siquiera sabían el nombre de las comunidades de donde salían. No se vale que sólo sea una cuestión de moda. Nosotros estamos en constante convivencia con los artesanos .

Para mantenerse a flote, Mai sabe también de finanzas. En realidad nadie me asesora, tengo amigos que estudiaron Administración [...] y me echan la mano. Todo ha sido ensayo y error .

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