Cada vez se presenta mayor evidencia sobre el funcionamiento de la radiación ultravioleta de onda corta (UV-C) para desactivar el SARS-CoV-2, esporas, virus y bacterias de manera segura, por ello para algunos grupos científicos y empresas de iluminación investigar al respecto se volvió un proyecto prioritario en esta época.

“Nosotros empezamos a investigar en abril de 2020. Una vez que la pandemia explotó se tuvo la duda de qué se podía hacer desde la luz para poder ayudar con esta pandemia. La respuesta la encontramos en el ultravioleta que si bien no es luz, sino radiación, de alguna forma se relaciona y puede emitirse de una manera similar”, comparte Rafael Álvarez, gerente de investigación y desarrollo de Construlita, en entrevista. 

Desde el inicio del proyecto encontraron que la radiación UV-C modifica el código genético de los organismos y con esto es inviable que se reproduzcan. “El ADN tiene una estructura conocida como doble helicoide o la famosa escalera de caracol. Lo que pasa con esta estructura molecular, siguiendo con la metáfora, es que al usar UV-C se rompe un escalón y al tenerlos incompletos se genera una estructura molecular distinta, en este sentido, aunque los organismos pueden seguir teniendo vida, ya no se pueden reproducir, simplemente terminan su corta vida y se mueren”.

Pero la afectación que se logra para eliminar por ejemplo coronavirus debe tener una dosis correcta, es decir, no por el hecho de que los organismos sean bañados con UV-C va a ser suficiente para que se tenga la afectación al código genético; para ello se requiere una dosis medida con distancia y tiempo.

Con ese conocimiento se decidió utilizar luz por tubos, pero esta no podía estar directamente expuesta hacia las personas, porque tiene más energía que el UVA y UVB, y porque además la UV-C no llega a la superficie de la tierra de manera natural, por eso se infiere que puede ser dañino para las personas y provocar carcinogénesis o afectaciones en los ojos.

“Así entendimos que no debía ser expuesta a las personas ni a espacios donde cohabitan”. Fue así que diseñamos un sistema que permite la sanitización del aire sin afectar las superficies. Es decir que la radiación no tiene contacto con personas o áreas comunes.

El producto denominado Softlight UV-C, además de iluminación, incluye un sistema de ventilación: primero succiona el aire, lo lleva al interior para exponerlo a la radiación ultravioleta de onda corta, ahí es donde aplica la dosis necesaria que hace que los patógenos que están en el aire muten, y, por lo tanto, se inhabilitan e impide su reproducción. Esta tecnología está ajustada para que el SARS-CoV-2 tenga una desinfección de al menos 99.9999 por ciento.

Esto resulta seguro para las personas que se encuentran dentro del espacio cerrado porque el diseño y estructura logra que la radiación se encuentre a una distancia controlada; asimismo, la fuente de radiación UV-C tiene un filtro de cuarzo, la función de éste es que la emisión de la radiación ultravioleta de onda corta se mantenga por debajo de 185 nanómetros; con ello, se evita que ésta se convierta en ozono y sea seguro.

Al no ser imperceptible al ojo humano, ¿cómo probar su efectividad?

Actualmente no hay un marco normativo que regule este tipo de dispositivos. La Cofepris se enfoca a la parte de sustancias, por ello el equipo y los datos no pudieron ser validados en México; tampoco hay un laboratorio que valide cepas de virus, ya que no existe la seguridad para realizar este tipo de pruebas.

No obstante, Softlight UV-C fue validado en el National Emerging Infectious Diseases Laboratories (NEIDL) de la Universidad de Boston, en Estados Unidos, laboratorio que también ha estudiado el ébola, la influenza y el SARS-CoV-2. Lo que se hizo fue llevar esta fuente de luz para allá e identificaron que con una dosis se llega a ese nivel de desinfección. Tomando esa información se hicieron los cálculos para aplicar esa dosis sobre al aire que circula a través de los dispositivos.

Posteriormente, de la mano con el Centro de Tecnología de Iluminación de la Universidad Autónoma de Guadalajara, se trabajó en la validación del desempeño del producto, el primer paso fue entregarles el prototipo y con él se analizó que el reflejo que se emitía no era dañino para el ser humano. Gracias a las mediciones de radicación con un espectrofotómetro, se corroboró la seguridad de esta luz en un ambiente donde hay gente constantemente. “Con esto tuvimos un producto listo para funcionar”.

La luminaria a diferencia de otras opciones que han salido a la luz está pensada para espacios como oficinas, bancos, aeropuertos, escuelas, es decir espacios concurridos. Para la concepción del producto se tomó en cuenta justo la aglomeración de personas y espacios donde normalmente se incuban virus y bacterias. En el ambiente de la iluminación se le llaman gabinetes y se instalan sobre plafones reticulares o corridos. El precio sería el doble de un producto normal de iluminación, pero los beneficios se traducen en aforos más amplios y con la sanitización resuelta. “Esto al final del día genera un costo accesible para adquirir un producto de sanitización e iluminación eficiente al mismo tiempo”.

Se descomponen en la estratosfera

Los Rayos Ultravioleta son rayos invisibles que forman parte de la energía del Sol que llega a la tierra. La radiación UV se compone en tres tipos: un 95% de luz visible (detectada por el ojo), infrarroja (la que genera que nos acaloremos) y el otro 5% de ultravioleta en la que están presentes los UV-C, UVA y UVB.

Los rayos UV-C se descomponen en la estratosfera, la capa de ozono impide que la mayor parte de la radiación UV-C llegue a la Tierra y a su vez a nuestra piel.

El espectro de acción de la UV-C es amplio, no solo se limita al SARS-CoV-2, por lo que ayuda a la disminución en general de cargas bacterianas y virales.

También se ha demostrado su eficacia en bacterias como: legionella pneumophila, campylobacter jejuni, yersinia enterocolitica, shigella paradysenteriae, staphylococcus albus, streptococcus viridians, eberthella typhosa, streptococcus hemoluticus, dysentery bacilli, seratia marcescens y protozoario giardia lambia.

Para validar la desinfección del aire con Softlight UV-C, el Centro de Tecnología en Iluminación de la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG) empleó una carga de bacterias (acinectobacter baumannique) que se usan en la fermentación del agave. Estos organismos (las bacterias) son incluso más complejos que los virus. En México ahora mismo no se trabaja con virus para hacer pruebas o estudios.

nelly.toche@eleconomista.mx