Abril, en este lado de la tierra, es un mes que tiene buena fama. La primavera acaba de empezar, las flores (de colores) están en su mejor estado, el sol brilla y si acaso llueve, el agua es bendición. En abril, aguas mil ,dice el refranero mexicano, amable con este mes, y la única referencia de proverbio que tiene una gota amarga es el que afirma que en abril, poda el ruin; el bueno, en marzo o febrero . Pero dejemos de estar estupefactos y contemos nuestras bendiciones.

En el devenir de la historia mexicana la primera semana de abril es diferente. El 1 de abril de 1829, por ejemplo, Guadalupe Victoria, primer presidente de México, entregaba el poder al general Vicente Guerrero, héroe de la Independencia El segundo día de abril, pues resulta ser heroico y con un festejo que vale la pena. Heroico, porque se recuerda que el 2 de abril de 1914, después de furiosos ataques a la plaza de Torreón, las fuerzas constitucionalistas de Francisco Villa, doblegaron al ejército enemigo y gozoso, por el nacimiento de Francisco Sosa, no sólo nombre de la calle más bonita de México sino un coyoacanense ilustre, biógrafo e intelectual que escribió notable libro sobre el nombre, santo y seña de todas las estatuas del Paseo Reforma. Muy bien se puede celebrar su cumpleaños 169 con un magnífico paseo por la zona de Coyoacán.

Si el día es soleado comience en Los Viveros. Llenos de ardillas y corredores, se yerguen sobre los terrenos que donó el ingeniero Miguel Ángel de Quevedo, que abarcaban todo el Rancho Panzacola y son un pequeño pulmón del sur la Ciudad de México. Sus muchas actividades son notables y su flora espectacular. Alhelíes, campanillas, begonias, jacintos, dalias, anémonas, azaleas, pasionarias, geranios y todo el alfabeto de las plantas y flores nos reciben listas para llenarnos el olfato. (Si tanto aroma provoca mareo y estar borde del desmayo, no faltará un aspirante a torero que lo distraiga con calcetines de luces y su capote de trapo). Ardillas, mariposas, abejas y otros bichos acompañarán su recorrido. Por si se ofrece también hay macetas, abonos e insecticidas.

Después de la vegetación, el misterio y el espíritu. El recorrido puede continuar por la Plaza de la Conchita, nombre en diminutivo de este jardín, por estar en el antiguo barrio de la Concepción. Este lugar hay que gozarlo pero también cuidarse. Tenga en cuenta que su casi churrigueresca, pero muy bella capilla está generalmente en reparación, pero que sigue vigilada celosamente por la Casa de La Malinche. En La Conchita se casaron cinematográficamente hablando , María Félix y Jorge Negrete en la película El rapto. Todavía los del barrio se preguntan si será por eso que es una iglesia que, en cuanto a bodas es de muy mala suerte y tiene una maldición: los que se casan en ella o se mueren o no duran.

Las raíces de Coyoacán tienen que ver con el fuego y el estallido. Se remontan a la época de las tribus nómadas, en el tiempo previo a la erupción el volcán Xitle, ubicado en la Sierra del Ajusco. Aquellos primitivos pobladores construyeron el templo circular más arcaico del continente, la pirámide de Cuicuilco, rodeada de ofrendas de barro para las tumbas de sus muertos y con varias imágenes de Huehuetéotl, el viejo dios del fuego (nada que ver con la Iglesia de San Juan Bautista que es la catedral de esta zona y se yergue hermosa en el centro de la plaza mayor de Coyoacán). Aquella antigua cultura, como dijo Salvador Novo, acabó sepultada entre oleajes de lava y desparramó el enorme manto de piedra congelada sobre el que hoy se asienta en el extremo sur de Coyoacán. Se sabe que en el mismo año de 1810 se fraguó la denominada Conspiración de Coyoacán, encabezada por el cura de San Mateo Churubusco, don Manuel Altamirano, la cual no avanzó más al iniciarse el movimiento de Independencia. Fue en ese año, en abril, cuando sobre las bardas de las calles de Coyoacán apareció un anuncio que invitaba a la vista pública de María Rosa, india, doncella, de edad de 20 años; cuya construcción en el tamaño de su cuerpo es tan digna de notar, que solamente la vista calificará lo escasa que estuvo la naturaleza que produjo criatura tan extraña. Tiene una vara de cuerpo; de brazos una cuarta escasa, y duplicadas las coyunturas de las manos; los muslos, piernas y pies, guardan sus tamaños, según la cortedad del cuerpo. En medio de esta imperfección, sabe coser, enhebrar la aguja y acomodar el lienzo: baila y se va civilizando con toda propiedad .

Hoy, hay otros teatros, otros circos y excelentes cantinas. Recuerdos de Salvador Novo, Hernán Cortés, Madame Calderón de la Barca y José Juan Tablada, escritor que justamente nació en un 3 de abril , más pronto que tarde se dio cuenta que la verdadera cuna de Occidente es el Oriente y nos regaló varios haikús, tan buenos que hablan, grandiosos, de todo lo sencillo: de la luna (Es mar la noche negra/ la nube es una concha /la luna es una perla); el hongo (Parece la sombrilla/ este hongo policromo/ de un sapo japonista); la sandía (Del verano, roja y fría/ carcajada/ rebanada de sandía) y hasta del insomnio (en su pizarra negra suma cifras de fósforo). Tablada, coyoacanense de cepa y adopción que cuando le preguntaban cómo tenía mente para tantos intereses, suspiraba y respondía que la cultura es un heroísmo de todos los días .?Lo que sea. Abril supone ser soleado, las jacarandas retrasaron su partida y todavía pintan de azul plumbago las copas de los árboles. El sol brilla hasta el cansancio. Todo parece feliz. Como una promesa. Sin embargo, T.S. Eliot tenía razón: abril es el mes más cruel. Mucho sol, muy entusiasmada la primavera, muy bonito Coyoacán, pero en el calendario hay más muertos que vivos. En abril, nació María Félix, pero también pasó a mejor vida Dolores del Río. Murieron Blas Galindo, Luis Cabrera, Nicolás Bravo y Resortes. Y luego nos dijeron que habíamos de deshacernos de una hora, adelantar relojes y acostumbrarnos, otra vez, a amanecer de noche. En eso estamos.