ALAJUAELA, Costa Rica. Una vez que acabó de pintar el cielo, el fatigado Dios limpió sus pinceles en un a?uente que desde entonces lleva en su cauce y su nombre el particular color celeste que lo ha convertido en una de las siete maravillas turísticas de Costa Rica.

Así explican los ticos, románticamente, la belleza de este río Celeste, pieza principal en la galería del Parque Nacional Volcán Tenorio, cuyos colores remiten a la paleta de un pintor, antes de que a la tabla periódica de un químico genio, quien en realidad atribuiría a un compuesto mineral que recubre las rocas del fondo de este cuerpo de agua, el re?ejo azulado de la luz que le penetra.

Pero conviene, ante un lienzo tan excelsamente utilizado, dejarse llevar por la imaginación y recorrer los más de 3 kilómetros de senderos habilitados para los visitantes, como si fueran los pasillos de un museo que expone los cuadros emblemáticos del más destacado paisajista.

Obras maestras

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En el camino, sinuoso, rocoso, de subidas y bajadas, pero finalmente llevadero a un paso calmo y con zapatos cerrados, es posible encontrar cinco obras maestras que atraen las miradas de más de 100,000 personas que cada año lo recorren.

Curiosamente, la primera de éstas es como La Gioconda del Louvre, la más buscada y fotografiada. Se trata de una majestuosa cascada ubicada a 1.5 kilómetros de distancia de la entrada del sendero, en apariencia accesible para todo aquel que quiera apreciarla, salvo por el profundo descenso al que obliga sus 30 metros de altura.

Son 254 escalones que se bajan con ánimo, conforme se va haciendo más claro el concierto que ofrece la caída de agua y mientras las variaciones de altura permiten la toma de fotografías con distintas panorámicas.

Mas el ascenso no resulta igual de alentador, cuando la humedad va aumentando su peso a cada escalón. No obstante, bien vale la pena regresar para admirar el siguiente cuadro, envidia del Dr. Atl: un mirador desde el que se puede disfrutar del macizo del volcán Tenorio, donde el verde lo cubre todo, dejando en claro que aquí, lo que menos falta es lluvia.

Por esa misma razón es que se recomienda hacer una visita temprana, de hecho el parque está abierto de 08:00 a 14:00 horas. Pero también por eso es que los mejores meses para encontrar este atractivo en su óptimo estado son aquellos en los que hay menos precipitación, a principios o ?nales de año, ya que en ocasiones la lluvia revuelve los sedimentos y despinta, sin miramientos, la rivera.

La siguiente parada se encuentra a 200 metros del mirador, que más que una pintura parece la locación de aquella vieja película ochentera protagonizada por Brooke Shields, llamada, igual que este punto del recorrido: La Laguna Azul. Un pequeño cuerpo de agua, cuya quietud permite apreciar con mayor nitidez ese increíble tono que maravilla a propios y extraños.

En seguida, a tan sólo 50 metros, el cielo contenido en este caudal se confunde con el aroma a azufre del in?erno en los llamados Borbollones, escala de este trayecto en la que puede apreciarse la vitalidad contenida de este cuerpo volcánico que a diferencia del Poas, otro volcán costarricense que recientemente ha entrado en actividad, muestra sin aspavientos ni exhalaciones su grandeza a cuantos lo quieran visitar. Es un pequeño manantial donde la temperatura del agua oscila entre 48 y 70 grados Fahrenheit.

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Finalmente, a 350 metros de distancia y dos puentes movedizos de madera, está la segunda obra más interesante de este museo natural, última parada: Los Teñideros.

Se llama así porque es el punto donde el río se viste de cielo, donde Dios remojó sus pinceles, donde la química toma sentido y la física regala ese efecto que atrae viajeros. Es el lugar en que las aguas de la Quebrada agria se juntan con el río Buenavista, como en realidad se llama este afluente para convertirlo, por la diferencia de PH y el contenido de ciertos elementos, en Celeste a lo largo de, al menos, 36 kilómetros, después de los cuales el agua vuelve a mostrar su color original, que tampoco carece de belleza.

Como la sopa bicolor de un chef, en este punto, pueden verse juntos, sin mezclarse, las dos tonalidades de este cuerpo de agua, es el ying y el yang de este espacio que evoca a la espiritualidad y el relax, antes de que el museo se vuelva interactivo y los visitantes puedan formar parte de estas obras maestras, nadando en ellas, fuera de los límites del Parque Nacional, donde ya es permitido.

El tubing es la actividad recomendada para refrescarse y entrar en contacto con esta maravilla, después de un buen almuerzo para recuperar las energías invertidas en el sendero. Sólo basta dejarse llevar por la corriente en una especie de neumático que traslada al paseante hacia una aventura distinta, en la que éste se vuelve el pintor de un paisaje que se va descubriendo entre gritos de adrenalina y zambullidas de gente que sabe que Costa Rica es pura vida.

Tip

Es recomendable contratar un tour desde San José y dejarse guiar por los expertos, ya que los traslados por este país resultan un tanto más largos de lo que parecen, además de que los caminos pueden ser complicados.

Dato de viaje

El río Celeste es el atractivo principal del Parque Nacional Volcán Tenorio, que es visitado por más de 100,000 personas al año.

¿Cómo llegar?

En auto, desde San José, se puede llegar al parque por la carretera principal a San Carlos hasta a Upala. Luego, hay que tomar el camino a Bijagua y seguir el trayecto por unos 48 kilómetros hasta la entrada del parque.

Hospedaje

Casitas Tenorio

  • www.casitastenorio.com
  • 3 kilómetros al sureste del Liceo, Bijagua, 21304, Costa Rica.
  • Tel: (00506) 8312-1248.

Río Celeste Hideaway Hotel

  • www.riocelestehideaway.com
  • A 700 metros el Parque Nacional Volcán Tenorio.
  • Tel: (00506) 2206-4000.

Operador

Bijagua Rainforest Tour

  • www.bijaguarainforesttours.com
  • Tel: (00506) 2466-8242

ricardo.alonso@eleconomista.mx

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