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Arte e Ideas

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Consumiendo vanidades de la vida

Llega marzo, vanidoso. Justo esta semana –apenas ayer se celebró el Día Internacional de la Mujer. Por ello es difícil no ceder a escribir sobre mujeres.

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La tentación siempre es grande. De hecho, en general, es casi lo único irresistible.

Llega marzo, vanidoso. Justo esta semana –apenas ayer se celebró el Día Internacional de la Mujer. Por ello es difícil no ceder a escribir sobre mujeres. La condición de la que suscribe –para llegar al colmo- también es femenina, el calendario avisa que en marzo nacieron varias féminas notables desde Margarita Maza de Juárez hasta la cantante alemana Nina Hagen, por si algo faltara, también llega la primavera, única estación del año de género femenino y por ello la resistencia cede: habrá que hablar de las mujeres.

Pero primero lo primero. Son muy hermosas las celebraciones pero hasta cierto punto es casi indignante que exista El Día de la mujer. No para decir la clásica banalidad de que todos los días deberían ser nuestros días sino porque la existencia de uno sólo es una prueba irrefutable de que aquello de la igualdad sigue siendo una quimera. Una suerte de sueño guajiro también de una minoría. Las cosas han cambiado es innegable. La participación de las mujeres en el mercado laboral, por ejemplo, ha ascendido en las últimas tres décadas: en 1970 de cada 100 mujeres de la fuerza laboral, 17 estaban insertas en el mercado de trabajo. Actualmente son 38. Y por esa pichicatería no vamos a saltar de gusto.

Ya del trabajo intelectual ni hablamos. Pero sí escribimos, por supuesto. Además de la falta de oportunidades y todo el melodrama que usted guste y mande, el cambio de nuestro habitual papel social se convirtió en una amenaza. Hasta el mismo Shakespeare dijo que a mayor talento en la mujer, era mayor su indocilidad. (Y tenía razón). Desde los tiempos más primitivos, la rebeldía mujeril tuvo mucho que ver con el estudio y las ganas de las féminas de ejercer el camino de la razón. (Piense en Sor Juana cortándose el pelo y renunciando a comer queso hasta no aprender todas las declinaciones latinas. (En perseguirme, mundo, qué interesas? / ¿En qué te ofendo, cuando sólo intento poner bellezas en mi entendimiento /y no mi entendimiento en las bellezas? Escribió alguna vez).

Hasta las estadísticas de hoy en día indican que falta un largo trecho hacia la equidad. En la Academia Mexicana de Ciencias, por ejemplo, las mujeres son sólo el 13% de los mil 45 integrantes dedicados a la investigación en ciencias exactas. Representan el 25% de los 697 dedicados a las ciencias naturales y el 40% de quienes se enfocan a las humanidades y a las ciencias sociales. De los 16 mil inscritos en el Sistema Nacional de Investigadores las mujeres representan el 33%. En números sólo 5,510 frente a 11,088 hombres.

A las estudiosas del idioma y escritoras, para que no se quejen, ya se los había dicho su nana: Mujer que sabe latín, ni tiene marido ni tiene buen fin , y ustedes nunca oyeron. (Y luego Rosario Castellanos lo puntualizó todo.)

Por eso no hay sorprenderse cuando uno se entera que solamente 4 de los 10 libros más vendidos corresponden a mujeres. Hay que alegrarse, sin duda.

Quizá con un poco de sabiduría misógina y popular acordándonos del galancete que dice que el hombre reina y la mujer gobierna o apelando a nuestro corazón azul para pensar que Rubén Darío decía que sin la mujer la vida es pura prosa. Todo fuera como eso. En realidad, por lo menos si de lacreación se trata hay que hacerse la siguiente pregunta ¿de qué serviría la imaginación si tuviera sexo?.

Ya después podemos celebrar.

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