Con entusiasmo, alegría y creatividad, miles de mujeres en México nos reunimos en las calles para honrar a las que nos precedieron en la larga?lucha por la igualdad y una vida digna, sin violencia. Esta demanda básica por el reconocimiento social del derecho a tener derechos , a ser ciudadana en igualdad de condiciones, a crecer y vivir sin la opresión de los patrones de género ni la violencia machista, a recibir pago igual por trabajo igual, a decidir libremente sobre la propia maternidad, a vivir en libertad, se dibujó, pintó, cantó, gritó y coreó?en el plantón convocado en el?Ángel, en la valla morada que rodeó al monumento y en la marcha?que partió por la tarde hacia el Hemiciclo.

Mujeres de todas las edades,?jóvenes sobre todo, dieron voz a las que no pudieron parar, a las que han sido asesinadas o están muertas en vida en las redes de trata, a las que son explotadas en los campos y en las fábricas, a las desaparecidas que también se encuentran cada día en esas fosas infames de las que pocos medios dan cuenta. Jóvenes hartas de la mirada cosificadora patriarcal se lanzaron a caminar con el pecho al aire y en el torso la demanda de respeto que a estas alturas del siglo XXI sigue pendiente: respeto al cuerpo, a la identidad sexual, a la diversidad. Trans y lesbianas reafirmaron su voluntad de romper con los velos hipócritas de una sociedad que se escandaliza más por el matrimonio entre personas del mismo sexo que por la violación o la prostitución forzada. Compañeras de la lucha por los derechos sexuales y reproductivos encontraron nuevas aliadas en cientos de jóvenes que se niegan a ser mujeres sumisas y obedientes o ? maquinitas de reproducción .

Aunque la huelga no tuviera el eco que la situación de las mujeres y niñas en México amerita, podría haber sido un día maravilloso para las participantes que se reunieron en Reforma. Aunque muchas prefirieran los paros simbólicos como si las desapariciones, el feminicidio o la brecha salarial fueran simbólicos también, este #8M podría, y debería, haber sido un día para festejar el inicio de una nueva forma de reclamo, la reactualización de una búsqueda más decidida de unidad más allá de las diferencias y separatismos. La realidad mexicana, por desgracia, sigue tan terca como el inamovible dinosaurio.

En vez de callar o de moderar su discurso, las voces oficiales repitieron las mimas frases huecas que año con año dan cuenta de las brechas de género y dibujan en un lejano horizonte la concreción de logros derivados de leyes de vanguardia y de programas de largos títulos y cortas miras. Que las leyes no se cumplan, que la alerta de género no cambie nada en el Estado de México, que haya aumentado en más 900% la desaparición de jovencitas en los últimos cuatro años no bastan para que Inmujeres o el propio Ejecutivo muestren un mínimo de respeto por la inteligencia ciudadana.

Más allá del gobierno omiso, y por tanto responsable, de la situación de violencia y desigualdad que vivimos, el corporativismo y el machismo social dieron también muestras de tozudez e insensibilidad, particularmente indignantes en este día de acción y memoria de las mujeres. Para quienes no estuvieron en Reforma, baste decir que antes de que se unieran los contingentes de mujeres para iniciar la marcha, otros se habían ya apoderado de las vanguardia: el llamado corporativismo de izquierda optó por no respetar ni un solo día el derecho de las mujeres a manifestarse libremente y en sus propios términos. Peor aún, integrantes del nada igualitario Frente Francisco ?Villa atacaron a algunas manifestantes, acción condenable cualquier día y ominosa en el marco del 8 de marzo.

Estas acciones y omisiones confirman desde luego que la impunidad de todas las violencias machistas las normaliza y perpetúa, que la desigualdad y violencia que enfrentamos es estructural y que en la sociedad abundan quienes siguen viendo en las mujeres objetos del deseo o brujas terroríficas. Contra estas inercias y ataques patriarcales, urge ampliar y fortalecer el movimiento feminista como fuerza política de transformación social.

lucia.melgar@gmail.com