Según cuenta la leyenda, el arquitecto Luis Barragán (Guadalajara, 1903-México DF, 1988), en su casa de Tacubaya, antes de morir, heredó en vida a su socio y amigo Luis Ferrara.

En el estudio está mi archivo profesional, que es tuyo, y afuera, mi archivo personal.

Una vez fallecido Barragán, tal archivo y los derechos autorales de sus obras quedaron, en efecto, bajo resguardo de Ferrara. Cinco años después, anota la artista Jill Magid en una entrevista para cream.mx, éste se suicidó y el archivo profesional cayó en manos de (su viuda) (...) Ella trató de venderlo en la Ciudad de México, pero nadie aceptaba el precio que pedía. Finalmente, el archivo fue comprado por (el galerista) Max Protetch en Nueva York a mediados de los noventa .

Casi de inmediato, el empresario suizo Rolf Fehlbaum adquirió el archivo y los derechos de autor de Barragán para regalárselos a su prometida, la arquitecta Federica Zanco. Una vez casados, convirtieron el nombre del jalisciense en una marca registrada y crearon la Fundación Barragán en un búnker, según dicen, cerrado al público debajo del corporativo de muebles propiedad de la pareja.

Los restos del arquitecto, por otro lado, fueron enterrados en un panteón de Guadalajara. En el 2002 se los llevaron a la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres y, en el 2014, tras una cena que ofreció Magid en el Museo de Arte de Zapopan, logró convencer a Hugo Barragán Hermosillo el mayor de los sobrinos de Luis Barragán y a parte de su familia de transformar lo que a la postre resultaron 525 gramos de las cenizas mortuorias de su tío en un diamante de 2.02 quilates, para montarlo en un anillo de compromiso forjado en plata que, a su vez, la artista intentaría intercambiar con Federica Zanco por la devolución a México del archivo, o bien, para que sea abierto al público.

Tras la respuesta positiva de la familia, el siguiente paso de Magid fue conseguir el apoyo Myriam Vachez, en ese entonces, secretaria de Cultura de Jalisco, quien la ayudó a obtener los permisos del Gobierno de la entidad para que el 23 de septiembre del 2015 se exhumaran de nuevo los restos de Barragán, viajaran a Estados Unidos, a Suiza en donde están los laboratorios que convierten el carbono de las cenizas humanas en diamantes para, seis meses después, recibir por correo la piedra lista para ser montada en el anillo.

La pieza pertenece legalmente a la familia Barragán y a Magid; sin embargo, no se puede vender y es la artista la que determina qué hacer con la obra, dónde, cuándo y cómo se exhibe así como el posible intercambio con Federica Zanco, que, hasta donde se sabe, se ha mantenido al margen del proyecto.

En el 2016, Jill Magid exhibió en una galería de Suiza The Proposal (nombre del anillo que también le daba nombre a otras piezas de la exposición), y, el próximo jueves, en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC), habrá una mesa redonda con la participación de la artista que, a su vez, inaugurará la muestra Una carta siempre llega a su destino: los archivos de Barragán, que incluye The proposal y 38 piezas más.

Por lo pronto, la parte de la familia Barragán que no fue tomada en cuenta para la aprobación del proyecto, apoyados por la firma de alrededor de 70 miembros de la comunidad cultural del país, está en contra de la exhibición de la pieza, que, sea dicho, es interesante por la reasignación de significados que encierra, más cuando es de pésimo gusto, cursi incluso, eso de transformar las cenizas de los muertos en diamantes.