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Capital mental: De cómo Sancho Panza desgobernó su ínsula
Resulta sorprendente ahora descubrir que Cervantes pudo haber elegido a Sancho Panza para transmitir hace más de cuatrocientos años- una intuición científica visionaria, sobre la complejidad cerebral.

Al Dr. Héctor Pérez Rincón
Tantísimo se ha dicho y escrito sobre la obra de Cervantes que no deja de sorprender que hoy día puedan agregarse algunas nuevas observaciones, éstas de carácter científico, sobre el funcionamiento del cerebro encontradas en la primera novela de la historia.
Como ya quedó demostrado por el erudito francés Jean Garrabé, Don Quijote de la Mancha era un loco, no un enfermo mental . Sin embargo, resulta sorprendente ahora descubrir que Cervantes pudo haber elegido a Sancho Panza para transmitir hace más de cuatrocientos años- una intuición científica visionaria, sobre la complejidad cerebral.
Es posible que aún cuando el psiquiatra español Francisco Alonso-Fernández haya descrito a Sancho Panza como un Sócrates analfabeto, rescatado del establo por el hidalgo Alonso Quijano y quien se ufanaba de ser un cristiano viejo auténtico por su odio a los judíos - sobre todo los conversos -, en la actualidad Sancho Panza adquiera relevancia por su obsesión de gobernar una ínsula. Pero no de una ínsula cualquiera en el mapa de la geografía española del siglo XVI, sino de otra que se encuentra en el centro mismo - anatómico y funcional donde ahora sabemos que interactúan la inteligencia, el ingenio y las emociones humanas: la Insula de Reil.
Esta ínsula es el centro cerebral de conexión entre el sistema límbico (emociones) y el neocórtex (la parte más evolucionada del pensamiento). Su nombre proviene del psiquiatra Johan Christian Reil, quien a principios del siglo XIX tradujo del turco la obra de un discípulo del venerable Maimónides.
El autor de este tesoro de la cultura otomana era un médico originario de Sevilla quien, a raíz del horror desatado por la Santa Inquisición, se refugió en un viejo puerto del norte de Catalunia, de nombre Rosas o Rozas. Finalmente, fue menester que se embarcara, junto con su familia, rumbo a Estambul. En esta ciudad sensual realizó investigaciones y hallazgos sorprendentes sobre los recovecos de la mente, y se convirtió en médico y consejero del Sultán Soleimán El Magnífico .
Fue el primero en descubrir que existe una pequeña zona oculta en las profundidades del cerebro, protegida por las circunvoluciones temporal, parietal y frontal, del tamaño de una rebanada de almendra, y de la cual depende que los humanos podamos reconocernos como tales en virtud de una capacidad única entre los animales para discriminar el pensamiento racional de nuestras sensaciones y emociones.
Hoy día es posible apreciar en imágenes de alta tecnología cómo esta ínsula cerebral aumenta su actividad y brilla, por ejemplo, cuando una persona siente la necesidad de drogarse o emborracharse, cuando sufre y anticipa dolor; en los momentos de empatía, risa, goce y placer. La ínsula del cerebro se ilumina incluso cuando alguien se encabrona.
Por ello es que cuando Cervantes nos cuenta cómo Sancho Panza mal tolera las prescripciones de un médico bellaco y las malas intenciones de un labradaro charlatán, de paso nos informa que en esta vida no es suficiente con ser gobernador, sino lo que importa de un ínsulo es que éste no llegue a desgobernarse completamente de su ínsula cerebral.