Dos miembros del personal de seguridad del Museo del Palacio de Bellas Artes flanquean a escasos centímetros el lienzo “La Revolución”, del artista chiapaneco Fabián Cháirez, y no se le despegan en ningún momento. La obra, con medidas de 30 por 20 centímetros y su ya distintivo marco garigoleado, pareciera que se trata de un Da Vinci por el trato que recibe desde este lunes al interior de la sala principal del máximo recinto para las artes en México, donde forma parte de la muestra Emiliano. Zapata después de Zapata.

Uno de los custodios permanece de pie, tan cerca de la obra, que su hombro casi choca con ella. Su rostro es inmutable a pesar de las decenas de fotografías que los visitantes toman con su celular y en cuya mayoría, inevitablemente, por la cercanía, tendrá que aparecer.

“¿Es ésa? Es la que han estado enseñando. Pensé que era más grande. Tómale una foto”, instruye a su acompañante una persona que parece más decepcionada que emocionada por el contacto con la imagen que se ha multiplicado en internet en los últimos días.

Hay dos reglas que los guardias repiten una y otra vez para limitar a los curiosos que se acercan a la obra que el martes pasado fue el tema de discordia entre las autoridades del recinto, del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) y de la Secretaría de Cultura federal con cuatro agrupaciones campesinas autoadscritas a las luchas agrarias para las que la imagen del líder revolucionario Emiliano Zapata es el estandarte intachable; mismas que irrumpieron en el máximo recinto para las artes en el país, dispuestas a retirar la obra de la muestra, quemarla y pagar su costo si preciso fuera, además de que, con gritos homofóbicos, amenazaron con volver al palacio las veces que fuese necesario, mientras la obra no fuera retirada.

Una de esas reglas es tomar rigurosa distancia de más de medio metro de la obra y la segunda, no usar el flash de la cámara ante cualquier circunstancia. Si bien son dos limitaciones que el museo impone para cualquier pieza en exhibición, la singularidad en este caso es que, de manera tajante, ambos edecanes harán saber al visitante si está violando las reglas del recinto.

La obra de Cháirez también fue motivo del disgusto de la familia descendiente del caudillo del siglo XX, quienes, a pesar de haberse desvinculado de los reclamos de los grupos campesinos, también se expresaron públicamente en contra de la “inadecuada reproducción de Zapata”, caracterizado en el cuadro montando a caballo al desnudo, con una figura feminizada y calzando unos zapatos con tacones de pistola.

“Descendientes de Emiliano Zapata expresaron su desacuerdo con esta imagen, por considerar inadecuada la representación de Zapata. Mediante el diálogo entre autoridades de la Secretaría de Cultura y el INBAL, el Museo del Palacio de Bellas Artes mantendrá la obra, basándose en el principio de la protección al derecho de libertad artística y creativa”.

La anterior leyenda aparece inmediatamente después de la explicación de cómo, para algunos artistas contemporáneos, la imagen de Zapata se ha convertido en estandarte de la lucha por los derechos y la identidad de la comunidad LGBT+, lo mismo que sirve como herramienta para cuestionar las masculinidades hegemónicas.

Otras de las novedades de la exposición a partir de esta semana es que todos los visitantes deberán esperar en una fila para ingresar en grupos controlados que, antes de llegar a la sala principal, estrictamente deberán pasar por un arco detector de metales.

La exposición permanecerá en el recinto, con todo y la obra en cuestión, hasta el próximo 16 de febrero.

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