Lectura 3:00 min
Arte degenerado
Muestran once esculturas de bronce y cerámica que se vieron por última vez en la exposición de Arte Degenerado en Munich.
La Alemania nazi organizó una exposición en 1937 en Munich para mostrar a la población lo que era el arte indigno o degenerado de los modernos; cientos de aquellas obras se perdieron, pero 11 esculturas acaban de aparecer en Berlín cerca de los cimientos del ayuntamiento de la Edad Media en la actual capital alemana.
Once esculturas de bronce y cerámica que se vieron por última vez en aquella exposición de Arte Degenerado en Munich, tras ser incautadas hace más de 70 años por los nazis y después almacenadas en viviendas bombardeadas durante la Segunda Guerra Mundial, fueron encontradas durante las obras mencionadas en Berlín.
Las piezas convulsionaron la historia, aseguró el alcalde de Berlín, Klaus Wowereit, durante su presentación en el Nuevo Museo en la isla de los Museos de Berlín, donde fueron expuestas ahora tras ser sometidas a una restauración parcial.
Los arqueólogos que trabajaban ante el Ayuntamiento Rojo -nombre que recibe la Alcaldía de Berlin por el color de la piedra con que está hecha-, en obras para la construcción de una estación de metro se toparon con las piezas durante los trabajos de excavación entre enero y octubre.
La primera que apareció fue una imagen de Edwin Schaff representando a la actriz Anni Mewes, que data de 1921.
Le siguieron obras de Otto Baum, Marg Moll, Gustav Heinrich Wolff, Naum Slutzky y Karl Knappe, así como cerámicas de Otto Freundlich y Emy Roeder.
Lo que sigue siendo un misterio es cómo llegaron ahí las obras.
Se sabe que tras la exposición de Munich, unas 15 mil pinturas, esculturas, muebles y otros objetos acabaron en almacenes nazis, de donde fueron vendidos o destruidos.
Pero una pequeña parte acabó en posesión de comerciantes de arte que evitaron su destrucción.
Las figuras creadas entre 1918 y los años treinta del siglo XX fueron consideradas por los nazis como expresión de la podredumbre de la sociedad.
Las 11 esculturas fueron confiscadas, como aseguró el que fuera director del museo berlinés Klaus-Peter Schuster, experto en la exposición de 1937.
También aparecieron fotografías, catálogos e incluso filmaciones de obras como la Cabeza de Otto Freundlich o la Bailarina de Marg Moll, utilizados como muestras de arte digno de desprecio por los nazis.
No se sabe qué hacían las figuras en los restos de un sótano de la calle Koenig número 50 de Berlín. Los expertos de la capital alemana siguen pistas muy vagas.