El viernes pasado, la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum Pardo, anunció que, de mantenerse la tendencia se estabilización y ligera disminución de las personas hospitalizadas por Covid-19, el semáforo epidemiológico cambiará en los próximos días, por lo que la semana que transcurre fue designada como “de transición hacia el semáforo anaranjado” y con ella se autoriza la apertura este jueves de pequeños comercios de las colonias con una operación de menos de cinco empleados, incluyendo a las pequeñas librerías.

Sin embargo, el recuento de pérdidas por el cese de la actividad en este eslabón de la cadena del libro ha sido drástico, tanto así que varias de ellas definitivamente no podrán retornar a la actividad comercial.

Selva Hernández administra la librería A través del espejo, ubicada sobre Álvaro Obregón, en la Roma Norte, con más de 20 años de tradición y enfocada en libros antiguos, raros, primeras ediciones y autografiados. Hasta hace dos días comenzó la planificación de apertura, así como el proceso de sanitización del espacio y la adquisición del equipo de seguridad e higiene para los responsables de atender el negocio. El plan es abrir con dos trabajadores por la mañana y dos por la tarde y con una limitante al interior de no más de cinco compradores a la vez. Sin embargo, la apertura será solamente por unos días, dado que al final de este mes la librería habrá desaparecido.

“Para nosotros es una apertura triste porque solamente vamos a abrir para cerrar. La pandemia aceleró el cierre. El dueño me pidió el local anticipadamente porque ha recibido ofertas mucho mejores de lo que yo puedo pagar. Nosotros teníamos contrato hasta octubre, pero no hubo manera de negociar alternativas. Estaremos rematando el inventario que tenemos, con precios muy bajos, porque necesitamos desocupar el local antes de que termine junio. Al mismo tiempo vamos a mudar algunos libros a una librería mucho más pequeña en la Condesa, que se llama La oficina del libro. A otros tendremos que mandarlos a reciclaje”, comparte.

Alejandro Zenker es cofundador de la Librería del Ermitaño, en San Pedro de los Pinos, nacida hace seis años, más que como una librería, a manera de un proyecto de vinculación cultural con su comunidad y, junto con Ediciones del Ermitaño y Solar Servicios Editoriales, parte integral de una triada de proyectos editoriales encabezados por Zenker, quienb, sin embargo, no ve viable la continuidad de la librería.

“No pensábamos que esto duraría tanto tiempo. Las pérdidas son totales después de tantos meses de tener la librería cerrada. Todos los costos se nos han venido acumulando, de tal manera que la librería quedó totalmente descapitalizada. La dinámica que llevábamos se vino abajo, porque una librería de barrio se distingue por el contacto con la gente. Si la abrimos, tendríamos que atenernos a las pautas: atención de mostrador y que la gente puede entrar a cuentagotas, únicamente para comprar. Pero ese no era el esquema de nuestra librería, un lugar que ofrecía una experiencia. Pero con la pandemia la experiencia muere por completo. Eso lo hace un proyecto totalmente inviable en nuestro caso”, lamenta.

Mercurio López Casillas es administrador de Bibliofilia y otras tres librerías de viejo en el Centro Histórico. En este momento se encuentra limpiando y sanitizando los espacios, colocando señalética y dando capacitación a quienes serán responsables de los espacios para procurar la distancia y los protocolos de higiene. Esto, con el objetivo de abrir el lunes con una sola persona responsable por negocio. Sabe de al menos dos propietarios de librerías de viejo en la ciudad que ya han vaciado sus locales.

“Han sido tres meses de cero ingresos y todo tipo de gastos. Le pedimos un descuento de la renta a los dueños de los lugares que arrendamos, pero no aceptaron. Todavía muchos gastos por pagar y nos resta ver cuánto resistimos hasta el final de año. Ya me gasté todo mis ahorros. Estoy muy endeudado y casi seguro de que habrá que cerrar uno o dos locales”, comparte.

Entre el negocio de las librerías A través del espejo y La oficina del libro dependían unas 20 personas que se quedaron sin trabajo durante la contingencia. Más de la mitad no podrá continuar después del cierre de la sede en la Roma. La Librería del Ermitaño, por su parte, tendrá que prescindir definitivamente de dos trabajadores, el resto tendrá la posibilidad de continuar en los demás proyectos editoriales que encabeza Zenker.

De las cuatro librerías que administra Mercurio López dependen alrededor de 20 personas. A pesar de que la alcaldía Cuauhtémoc le entregó un apoyo de 30,000 pesos para pagar la renta durante la contingencia, esta cantidad únicamente alcanzó para el pago del mes para un solo local.

“Todas las políticas que se han hecho a favor del libro en México han sido de muy poco efecto. El precio único no es respetado por las editoriales y las grandes cadenas. Si una librería pequeña quiere vender grandes sellos, no puede porque las exigencias son altísimas y los márgenes de ganancia son muy bajos. Ganamos el 40% de lo que cuesta el libro, pero no podemos competir con una cadena que siempre tiene los libros en descuento. Las comunidades son las que van a mantener el libro a flote. Hay gente que está consciente de que al comprar en una librería pequeña está beneficiando a toda la cadena. Hay muchas personas que ya tienen conciencia de la compra sustentable y responsable de libros y ellos son los que se han acercado a nosotros”, asegura Selva Hernández.

Por su parte, Alejandro Zenker opina que “para que haya realmente un ecosistema librero tan amplio como lo necesita el país, se requiere de la participación del gobierno. Ya si no apoya a las librería, cuando menos debería utilizar los recursos que naturalmente tiene para apuntalarlas, como podría ser la distribución de los libros de texto a través de los puntos de venta, los centros culturales y la bibliotecas, es decir que los alumnos vayan a recoger esos libros y de esa manera se familiaricen con esos espacios libreros y culturales”.

La RELI ha emitido un listado de recomendaciones para la apertura, entre las que se considera:

- Garantizar una distancia mínima de dos metros entre clientes y trabajadores.

- Colocar guías y marcadores para hacer hincapié en el respeto de la distancia saludable.

- Instalar tapetes húmedos y secos para la limpieza de zapatos.

- Limpiar y desinfectar superficies de contacto frecuente al menos dos veces al día.

- El tiempo de permanencia en los espacios será el estrictamente necesario para la compra.

- Se evitará la manipulación de los libros por parte de los visitantes.

- Se sugerirá como principal medida de pago la tarjeta y se limpiará y desinfectará la terminal después de cada uso.

 

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