En 1986, hace 30 años, el Museo Franz Mayer abría sus puertas. El Mayer, en esas tres décadas, se ha formado un lugar en el gusto del público. Visitarlo es como pisar un oasis de calma y silencio, en medio del ruidoso Centro Histórico.

Estos 30 años, el Mayer los celebrará haciendo lo que mejor sabe hacer: exposiciones que despiertan la curiosidad, desde el diseño, las artes decorativas hasta el desentierro histórico.

A este último género, el del desentierro histórico, pertenece la primera gran exposición de este año, tan especial para el museo.

Tesoros Escondidos de Conventos Carmelitas es el título de la exposición. Es un recorrido lleno de maravillas, obras de arte sacro que originalmente están destinadas exclusivamente al arrobo y la contemplación de los miembros de la Orden del Carmen. Es decir, como el título indica, son pequeños tesoros escondidos en un mundo de encierro, para poquitas personas.

Hoy, gracias a la curaduría de un equipo encabezado por Mario Sarmiento y la propia orden religiosa, las obras salen a pasear para que las podamos admirar en un contexto diferente, laico y estético.

¿De dónde viene el Carmen?

Para disfrutar más de la exposición, hace falta un poco de contexto histórico.

La Orden del Carmen se fundó en el siglo XIII, en la Edad Media, en el Monte Carmelo, cerca de Israel. En 1585 llegaron a la Nueva España. A pesar de que no tenía un lugar tan protagónico como los dominicos o los franciscanos, pronto los carmelitas se hicieron de un lugar en las tierras americanas.

Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz son los personajes claves de su historia. Santa Teresa refundó la orden en el siglo XVI y creó a los carmelitas descalzos, la encarnación contemporánea de la orden. Nunca viajó santa Teresa a la Nueva España, por lo que en los conventos de estas tierras se atesoraron las cartas de su puño y todo tipo de reliquias de su persona.

Hay una idealización de Santa Teresa, como debe ser alrededor de cualquier figura considerada sagrada. La exposición también forma parte de la celebraciones alrededor de los 500 años de la muerte de la santa.

Así el arte que se expone en el recorrido. Son obras con una vocación didáctica, tienen una utilidad espiritual. Como dice el fraile Ricardo Pérez Enríquez, provincial de la orden en México, la espiritualidad también es cultura .

Son 100 piezas divididas en cuatro ejes temáticos. Hay esculturas, recamadas obras de plata, cuadros de varios formatos y otras piezas que son más bien documentales de los símbolos que la orden usa en su arte sacro. La mejor sección es la de reliquias y relicarios, pues está estrellada de piedras preciosas en ese tipo de piezas, en las que se conservan objetos de cariz sagrado.

A diferencia de otras órdenes afincadas en las Américas, como los franciscanos, por dar un ejemplo, los carmelitas tuvieron una relación muy cercana con los artistas de tiempos virreinales. Maestros pintores como José de Ibarra, José Joaquín Magón, Baltazar de Echave o José Villegas Cora están representados con obra en el recorrido. Son nombres que quizá ya sólo le digan algo a los expertos en el arte de la época, pero que, cuando uno los encuentra por primera vez, se topa con una fiesta de colores y sensibilidad.

Tesoros Escondidos... tiene intriga: ¿cuántos episodios místicos habrán invocado estas obras? Algo de mágico hay en el arte, eso comparte con la espiritualidad.

Museo Franz Mayer

?Av. Hidalgo 45, Centro?

Martes a domingo?

de 10 a 17 horas.

[email protected]