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Opinión

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Punto muerto en bajadita: la falsa aceleración

Enrique Campos Suárez | La gran depresión 

No solo es el entusiasmo gubernamental el que está de vuelta, sino también el discurso altanero de descalificar a los que no adelantaban un mejor desempeño económico. Ahí están también los analistas proclives a celebrar cualquier movimiento estadístico, por pequeño que sea.

El motivo de la fiesta es el más reciente reporte del Indicador Oportuno de la Actividad Económica (IOAE), publicado por el Inegi, que proyecta para septiembre del 2026 un crecimiento anual de 3.7% en la actividad económica. De inmediato, la narrativa gubernamental y las lecturas más optimistas se apresuraron a declarar a la economía mexicana como un bólido con el acelerador a fondo. Sin embargo, confundir un rebote aritmético con una sólida recuperación productiva es un diagnóstico tan frágil como peligroso.

Si queremos hablar de velocidades –quizá porque ya está cerca de llegar la Fórmula 1 a México–, la comparación anual es un espejismo que podemos imaginar como un auto que estuvo casi frenado a 10 km/h, pero que este año va a 13.7 km/h. En el papel se ve un aumento de la velocidad de 37%; parece un salto enorme, pero no porque la economía vaya rápido, sino porque el punto del que partió el año pasado estaba por los suelos; a esto se llama efecto base de comparación.

Para saber si el auto realmente está acelerando hoy, lo que importa es ver cuánto aumentó su velocidad de agosto a septiembre. Y ahí la respuesta es casi nada (0.1%), así que el vehículo sigue prácticamente en la misma marcha lenta.

Al meterle el escáner a la radiografía por sectores, la narrativa de la gran aceleración deja ver algunos vicios ocultos. Es verdad que las actividades terciarias –comercio y servicios– registran un avance anual estimado en 4.0 por ciento. Sin embargo, este impulso descansa en un consumo de los hogares que ya da signos de fatiga, asfixiado por las altas tasas de interés activas y por un mercado laboral informal que reparte ingresos de supervivencia, pero que no genera riqueza ni productividad de largo plazo.

Por el lado del sector secundario –industria y manufactura–, el alza proyectada de 3.6% anual es un espejismo sostenido por la demanda externa puntual de componentes electrónicos en los que México funciona, de nueva cuenta, como maquiladora. Porque la construcción privada está frenada y la manufactura orientada al mercado interno se mantiene ralentizada.

Pero el verdadero talón de Aquiles, donde la maquinaria pasa aceite, es en la formación bruta de capital fijo. No hay manera de sostener una aceleración auténtica sin la expansión sostenida de la inversión. Hoy, la inversión privada nacional se mantiene sumida en la cautela preventiva ante la incertidumbre jurídica autoinfligida por este régimen, mientras que la inversión pública en infraestructura está frenada por el desorden presupuestal heredado del gobierno anterior.

Sin un motor propio de inversión que genere cadenas productivas sólidas, cualquier avance coyuntural carece de gasolina para el mediano plazo. Celebrar un rebote aritmético como si fuera una nueva era de dinamismo va desde la falta de entendimiento del momento, hasta un simple ejercicio de propaganda. Ojalá estuviéramos en una economía con un motor desarrollando altas revoluciones –hace falta–; simplemente estamos ante el espejismo de estar en punto muerto aprovechando una bajadita.

El verdadero talón de Aquiles, donde la maquinaria pasa aceite, es en la formación bruta de capital fijo. No hay manera de sostener una aceleración auténtica sin la expansión sostenida de la inversión.

Su trayectoria profesional ha estado dedicada a diferentes medios. Actualmente es columnista del diario El Economista y conductor de noticieros en Televisa. Es titular del espacio noticioso de las 14 horas en Foro TV.

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