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Informalidad
La informalidad crece por pobreza y costos laborales, desplaza empleo formal, reduce productividad e ingresos fiscales, y exige políticas eficaces para frenar precarización y estancamiento.
Federico Rubli Kaiser | Expectativa racional
Urgen acciones eficaces para combatir la informalidad. Para concientizarnos más acerca de ello, es conveniente destacar algunos de los graves datos, causas y consecuencias.
Más del 50% de la población ocupada en nuestro país trabaja en la informalidad y se estima que el tamaño de ese sector es cercano al 25% del PIB. La causa es una multiplicidad de factores, destacando dos de ellos: 1) la pobreza, que determina una baja escolaridad que ocasiona que las personas no adquieran las habilidades y competencias necesarias para un empleo formal; son “inempleables”, por lo que escapan hacia trabajos precarios de autoempleo y comercio informal; 2) los costos de formalización laboral son elevados, sobre todo, para las pequeñas y medianas empresas. Además del aumento del salario mínimo, impactan los cambios recientes en prestaciones como el aumento de días de vacaciones y la reducción de la jornada laboral.
El ajuste de 13% al salario mínimo para este año afecta la estructura de costos de muchas empresas, y al no poder soportar el aumento salarial, la consecuencia es la reducción del empleo. Muchos de esos trabajadores despedidos recurren a la informalidad y muchas de esas empresas afectadas deciden cerrar y también mudarse a la informalidad. Por eso, en 2025 se observó una pérdida histórica del número de patrones afiliados al IMSS, registrando 25,667 empleadores desafiliados. A la vez, las unidades productivas en la informalidad han aumentado más rápidamente que las formales. Otro dato preocupante (para enero-noviembre de 2025, datos del INEGI) es que la población ocupada en el sector formal decreció en 441,742 personas, mientras que las de la informalidad aumentaron 962,385. De igual manera, datos del INEGI, mencionados por el CEESP, revelan que durante todo 2024 y el primer semestre de 2025, el crecimiento de la economía informal fue mayor al de la economía formal. Es decir, la informalidad aportó más que el sector formal al avance de la economía y hay que considerar que su productividad es menor y que el ingreso laboral mensual promedio en la informalidad es $7,558, menor al salario en la economía formal, que es del doble. La ENOE va en el mismo sentido: el empleo informal evitó que el empleo total cayera.
Pero además del concepto de informalidad laboral, hay la informalidad fiscal y la de protección social, que registran cifras alarmantes (datos del Banco Mundial y Bancomext, Reforma, 2 de enero de 2026). La informalidad fiscal se refiere a la proporción de empresas que operan fuera de la formalidad fiscal que, para nuestro país, alcanza una cifra enorme de 80%. Asimismo, la informalidad en protección social indica que, del empleo asalariado, el 42.1% son asalariados que no cuentan con beneficios de pensión o seguro de salud por parte del empleador.
En suma, la informalidad contribuye a la precarización del empleo, a una mayor caída de la productividad, a pérdida de ingresos fiscales, incertidumbre y exclusión de los beneficios del crecimiento económico, lo que conduce al estancamiento social y de la pobreza. Si a la presidenta Sheinbaum le interesa que la economía crezca, deberá buscar atender el creciente problema de la informalidad. Políticas públicas adecuadas pueden desincentivar y frenar la proliferación del sector informal.