Lectura 5:00 min
Estancados
Isaac Katz | Punto de vista
Un proceso de desarrollo económico requiere como condición necesaria, aunque no suficiente, que el ingreso de la población sea cada vez más elevado. Para que esto suceda, la economía tiene que experimentar un proceso sostenido de crecimiento económico a una tasa mayor que el crecimiento de la población. Más aún, el crecimiento del PIB también tiene que ser mayor que el aumento de la población ocupada laboralmente, reflejando esto último una mayor productividad de la mano de obra y, presumiblemente, también un aumento en la productividad del capital resultado de una mayor eficiencia en la asignación de recursos o, más importante aún, de un cambio tecnológico que aumente la productividad factorial total.
Aunque se espera que este proceso de crecimiento del PIB sea continuo, por ejemplo que el valor agregado producido en un trimestre sea mayor que el del trimestre previo pero menor que el del trimestre siguiente y así subsecuentemente, no se descarta que en ocasiones haya uno o más periodos de caída del PIB como por ejemplo si la economía experimenta un significativo choque real negativo (como fueron la caída en el precio internacional del petróleo en 1986, la crisis financiera internacional en 2009 y la pandemia de COVID en 2020). En estos casos, dado que el choque es de carácter transitorio, cuando los efectos del mismo son absorbidos (y la política económica para enfrentar el choque fue la correcta), es de esperarse que la economía retome la senda de crecimiento de largo plazo.
También puede haber periodos de crecimiento negativo cuando el gobierno se ve forzado a instrumentar una política fiscal (y monetaria) de estabilización después de haber incurrido en una política de gasto y endeudamiento público en una magnitud no sostenible, como fue durante el periodo 1983 - 1988 ante los excesos fiscales y monetarios cometidos durante la “docena trágica” de 1970 a 1982 (y que podría presentarse en el futuro cercano ante los excesos de endeudamiento cometidos a partir de 2023, pero muy particularmente en 2024 y 2025).
Finalmente, también puede haber periodos de contracción cuando los incentivos derivados del marco institucional son completamente los opuestos de los que se requerirían para que se materializaran los proyectos de inversión privada en cuyo caso la economía experimentaría, en promedio, un nulo crecimiento del PIB agregado y una disminución tanto del PIB por habitante como del PIB por persona ocupada laboralmente. Y esto último es lo que ha sucedido con la economía mexicana durante los seis trimestres que van de este periodo presidencial.
A continuación se presenta el valor del PIB trimestral expresado en miles de millones de pesos reales (a precios de 2018 con cifras ajustadas estacionalmente) para el periodo del cuarto trimestre de 2024 (el primero del gobierno de Sheinbaum) al primer trimestre de este año. (Como referencia, el PIB durante el cuarto trimestre de 2018, formalmente último de Peña pero en realidad primero de López, fue de 24,605 miles de millones de pesos mientras que el correspondiente al tercer trimestre de 2024, el último de López, fue de 25,476 miles de millones de pesos).
IV/2024 25,693 I/2025 24,914 II/2025 25,619 III/2025 25,424 IV/2025 26,136 I/2026 24,974
Como puede observarse, durante estos seis trimestres, tres han tenido un incremento en el valor agregado producido en el trimestre mientras que en los otros tres ha disminuido, todo ello alrededor de una tendencia que marca el estancamiento de la economía. Hay que destacar que el PIB producido en el primer trimestre de este año fue 2% inferior que el producido durante el último trimestre del gobierno de López, es decir el tercero de 2024, mientras que en el mismo periodo la población aumentó en aproximadamente 1.8%. Es un hecho que no puede haber desarrollo económico si no hay un aumento en PIB por habitante.
Lo observado con la evolución del PIB trimestral no es sorpresivo. Es el resultado de haber prácticamente destruido los incentivos a la inversión y por ende al crecimiento todo para poder acumular y concentrar el poder político del régimen gobernante, con un arreglo institucional en el cual no existen contrapesos al ejercicio del poder, tanto por la desaparición de los órganos constitucionales autónomos como por la reforma que le quitó la independencia al Poder Judicial y la subordinó al Poder Ejecutivo con lo que los individuos quedan de facto indefensos frente a actos de gobierno que violen sus derechos.
Como esto no va a cambiar en los próximos años, las perspectivas es que la economía seguirá prácticamente estancada y con el PIB por habitante sin aumentar significativamente, con lo que se acumularían 12 años sin desarrollo económico. Por diferentes razones pero pinta para otra “docena trágica”.