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Aeropuertos competitivos
Rosario Avilés | Despegues y Aterrizajes
En el transporte aéreo, una aerolínea puede tener aviones modernos, tripulaciones capacitadas y una red atractiva, pero su desempeño depende, en buena medida, de la calidad del aeropuerto donde opera. Pistas, calles de rodaje, terminales, filtros de seguridad, sistemas de equipaje, posiciones de contacto y procesos migratorios forman una cadena: basta que un eslabón falle para generar retrasos, costos adicionales y una mala experiencia para el pasajero.
Por eso, los aeropuertos mexicanos deben entenderse como infraestructura estratégica y no solamente como inmuebles concesionados a la IP o administrados por el Estado. Su función es conectar regiones, facilitar turismo, comercio e inversión, y ofrecer a las aerolíneas condiciones confiables para crecer. En un país como México, con importantes polos industriales y turísticos, mantener a los aeropuertos con altos niveles de capacidad, seguridad operacional y servicio es una condición de competitividad nacional.
El caso de Grupo Aeroportuario Centro Norte, OMA, resulta ilustrativo. El grupo opera 13 aeropuertos y tiene en Monterrey su principal activo. Desde que VINCI Airports se convirtió en su mayor accionista en 2022, se ha impulsado un programa de expansión y modernización que busca consolidar a la terminal regiomontana como centro de conexiones del norte del país. La inversión anunciada, cercana a 16 mil millones de pesos, adquiere sentido cuando se traduce en capacidad, tecnología, conectividad y procesos más ágiles, no sólo en edificios nuevos.
La coordinación entre un operador mexicano con conocimiento local y una red internacional con experiencia en más de 70 aeropuertos puede aportar estándares, disciplina de ejecución y transferencia de mejores prácticas. Y es que -aun cuando la propiedad privada no garantiza por sí misma buenos resultados ni tampoco la gestión pública implica necesariamente ineficiencia-, lo determinante es la gobernanza: planes maestros realistas, inversión oportuna, indicadores verificables, regulación firme y una cultura enfocada en pasajeros y aerolíneas. El enfoque en mantener altos estándares implica no quitar el dedo del renglón. En 2025 OMA reportó una reducción de 88% en sus emisiones de alcance 1 y 2 por pasajero, respecto de 2018, mediante eficiencia energética, energía renovable, paneles solares, almacenamiento con baterías y vehículos eléctricos e híbridos. El dato es significativo, aunque la sostenibilidad aeroportuaria debe abarcar también agua, residuos, ruido, biodiversidad, acceso terrestre y resiliencia climática.
Los referentes globales muestran que la excelencia requiere continuidad. Dubai ha construido su posición como gran nodo internacional combinando capacidad, conectividad y procesos eficientes. Singapur-Changi ha convertido la experiencia del pasajero en una ventaja competitiva, con tecnología, limpieza, orientación clara y servicios que reducen el estrés del viaje. No se trata de copiar terminales monumentales, sino de adoptar su práctica de medir, anticipar y corregir.
También importa la relación cotidiana con las aerolíneas. Tarifas previsibles, disponibilidad de posiciones, tiempos aceptables de escala y coordinación durante irregularidades, ayudan a sostener rutas. Un aeropuerto sobresaturado, costoso o lento puede cancelar la ventaja geográfica local de una ciudad y desalentar nuevas frecuencias, aun cuando exista demanda suficiente.
México necesita aeropuertos que funcionen bien todos los días, no sólo durante inauguraciones o grandes eventos. La prueba real está en la puntualidad, la limpieza, la accesibilidad, el manejo de equipaje, la respuesta ante contingencias y la atención digna. El estándar debe aplicarse, con independencia del modelo de propiedad, a todo el sistema aeroportuario nacional.