Buscar
Opinión

Lectura 4:00 min

¡Ya hay acuerdo! ¿Eso es todo?

Hoy es el día del Armagedón y si usted está leyendo esta columna lo más probable es que no haya desaparecido el mundo, como auguraba la profecía del incumplimiento de pagos. Claro que también ayudó el acuerdo de demócratas y republicanos, y la decisión de Barack Obama de lograr un mal acuerdo de inspiración conservadora antes que mantener un buen pleito de aspiraciones progresistas.

Ahora, el hecho de que tal cual lo pronosticábamos todo acabara con un final al estilo Hollywood no significa que aquí termina la historia y que no habrá problemas futuros, algunos inmediatos.

De entrada, constituye una victoria pírrica para el presidente Obama porque ganó un acuerdo bipartidista para sacar adelante el tema que lo libera de volver a discutir el tema del techo del endeudamiento hasta después de las elecciones del próximo año, pero le costó el voto en contra de 95 representantes demócratas.

Sin contar, claro, con el esperado bloque de opositores conservadores del Partido Republicano.

Porque no hay que perder de vista que en todo este conflicto bipartidista hay en medio toda una estrategia para debilitar al presidente demócrata con la esperanza de que logren regresar a la Casa Blanca el próximo año.

Por lo pronto, lograron desarmar la visión del Presidente salvador de la situación, porque el acuerdo que prevaleció tiene un marcado olor republicano, sin duda.

Por lo pronto, los titubeos políticos de Washington han provocado incertidumbre que acaba por tener consecuencias en el ánimo de los agentes económicos. Además de que dejar de gastar implica dejar caer el ancla en el lento paso de la recuperación económica.

La factura será muy alta para economías como la nuestra. Porque si las consecuencias son financieras nos pega y si son con cargo al proceso de recuperación económica, nos pega más.

A pesar del acuerdo que este mediodía se espera sea ratificado sin mayores dificultades en el Senado de Estados Unidos, la realidad es que las firmas calificadoras, Moody’s, Fitch y, sobre todo la más crítica: Standard and Poor’s, están obligadas a responder si es verdad que una economía tan tambaleante y estresante como la de ese país merece la calificación crediticia perfecta.

¿Realmente Estados Unidos sostiene un grado de inversión que le dice al mundo que no se preocupen, que su dinero siempre estará disponible para ser pagado a tiempo? ¿Qué la posibilidad de incumplimiento no fue lo que movió al mundo en estos días? La negociación del paquete que hoy mismo se acaba de aprobar, que estará por firmar y promulgar el presidente Obama, fue una negociación política muy complicada.

Bien, pues sería una jugada más políticamente arriesgada que las calificadoras se atrevieran a degradar a Estados Unidos. Si no se atrevieron a bajar la calificación de los bancos que arrastraban en sus enormes barrigas los créditos subprime, menos causarán semejante sismo, ¿o si?

No vaya ser que para Estados Unidos haya la opción de tener la gracia y la buena calificación. Y para economías como las europeas o las latinoamericanas la degradación a secas.

Por primera vez desde que estalló la Gran Recesión los analistas que consulta el Banco de México han ubicado la incertidumbre sobre la situación financiera internacional como el gran lastre del crecimiento interno, incluso por arriba de la criminal pasividad del Congreso mexicano de hacer reformas o de la inseguridad.

Cuando la semana pasada la treintena de expertos contestaban la encuesta, no dudaron ni en reducir la expectativa de crecimiento ni en ubicar a Estados Unidos como el epicentro de los peores temores sobre el futuro.

Ahora, además del costo infringido por la política, está lo que implicará que Estados Unidos entre en un proceso de corrección fiscal. Si el gobierno no tiene para gastar y si, por el contrario, meterá la mano en la bolsa de los contribuyentes, no habrá mucho margen de maniobra para la recuperación vigorosa que todos quisieran ver, especialmente los desempleados.

Los ajustes fiscales son ideales para las épocas de vacas gordas, no cuando hay que competir contra el resto de los agentes económicos por lo poco que hay.

Como sea, aquí sigue el mundo. Un poco magullado, pero sobrevivió a los peores augurios catastrofistas.

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros Newslettersregístrate aquí

Últimas noticias

Noticias Recomendadas