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Pequeña guía práctica de las finanzas personales (I)
(Parte 1 de 2)
En las últimas columnas hemos hablado mucho acerca de nuestra relación con el dinero y hemos planteado varias reflexiones que son, sin duda, el punto de partida para cambiar nuestra realidad. Hoy, sin embargo, quiero hablar de algo más práctico y tangible.
Mucha gente piensa que las finanzas personales son complicadas, pero esa afirmación está muy lejos de la realidad. De hecho, como hemos demostrado una y otra vez en este espacio, los conceptos son muy simples.
De hecho, hay cuatro pilares fundamentales de las finanzas personales:
1. Tener claras nuestras prioridades y objetivos.
2. Tomar control de nuestro dinero. Eso significa asignar nuestro ingreso hacia aquello que es más importante para nosotros (incluye separar una parte de lo que ganamos, para esos objetivos).
3. Invertir esos ahorros, de forma diversificada, de acuerdo con el plazo de esos objetivos (horizonte de inversión) y tomando en cuenta nuestra tolerancia al riesgo.
4. Proteger lo que estamos construyendo, ya que en la vida pasan cosas inesperadas que pueden destruirlo todo.
Todo esto lo podemos aplicar de manera muy sencilla –o podemos hacerlo complicado. Por ejemplo, si queremos ahorrar para nuestro retiro, podemos optar simplemente por hacer ahorro voluntario en la Afore. Nada más. No necesitamos saber demasiado de inversiones y no tenemos que preocuparnos por manejar nuestro dinero. Las Afores están muy reguladas y el ahorro voluntario de largo plazo o en aportaciones complementarias para el retiro, se invierten precisamente en un portafolio de inversión diversificado, controlado, adecuado para ese horizonte de inversión. Además, con un costo que es mucho menos elevado que en otro tipo de productos financieros (recordemos, los costos y comisiones son importantísimos en este horizonte de inversión).
Claro: también podemos tratar de manejar activamente nuestro propio portafolio, o contratar diversos planes de retiro si es que entendemos perfectamente sus costos y condiciones. Lo importante es que hay opciones simples, o complicadas. Hay que encontrar lo que funciona para nosotros.
Ahora bien, cuando hablamos de tomar control de nuestro dinero, lamentablemente hay muchísimos artículos, consejos y hasta libros con metodologías complejas que simplemente no funcionan para la mayoría de las personas. No se trata de ponernos una camisa de fuerza, tampoco de hacer estimaciones de nuestros ingresos, de cuándo nos van a pagar el fondo de ahorro ni nada por el estilo. Por eso, yo hablo de hacer un plan de gastos, que es simplemente aprender a asignar, a cada peso que ganamos, un trabajo. En otras palabras, cada vez que recibimos un ingreso tenemos que hacernos una sencilla pregunta ¿Qué es lo que necesito que este dinero haga por mí, antes de que me vuelvan a pagar?
Pero, además, el plan de gastos es una herramienta viva y flexible, que sirve para tomar decisiones y que se puede cambiar o ajustar en cualquier momento, porque la vida nunca sucede exactamente como la planeamos. Muchísima gente hace su presupuesto, pero nunca lo mira. Registra sus gastos en alguna app y al final termina frustrada porque no se pudieron “ajustar” al presupuesto. Es claro por qué hacer esto no funciona. Seguiremos hablando de esto en la siguiente entrega.