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Opinión

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México llora pero no se rinde

Esta batalla no podrá ganarse si los ciudadanos no hacemos nuestra parte: dejar de fumar marihuana, consumir cocaína, comprar piratería...

Dicen que la fuerza de las ideas se conoce mejor en la adversidad que en el buen tiempo. Hoy, la fortaleza de los mexicanos se prueba a fuego lento entre el dolor y la violencia. México llora pero aún puede elegir entre rendirse o seguir la lucha. De optar por lo segundo, sólo se puede asegurar el éxito con una nueva estrategia.

Por muchos años hemos sido indiferentes ante los problemas de otros, hemos preferido callar e incluso ser cómplices en una cadena de corrupción infinita. La indiferencia, expresión más clara de nuestro egoísmo, ha sido el ingrediente principal para generar una sociedad que vive en la desconfianza. No confiamos en nosotros mismos, entre nosotros ni en las instituciones.

Hoy pagamos la factura de esa indiferencia. Hoy lloramos porque sentimos que el país se nos va de las manos. Estamos confundidos y por eso preferimos buscar siempre culpables sin antes hacer un examen de conciencia.

El gobierno federal está haciendo su parte y, hay que reconocerlo, las Fuerzas armadas cumplen con su deber. Todos los días, héroes anónimos dan la vida por salvar este país. Aun así, la estrategia sigue estando incompleta.

El gobierno no podrá ganar esta batalla si los ciudadanos no hacemos nuestra parte. El dolor que sentimos al ver a México llenarse de sangre debe sacudirnos profundamente; nadie puede permanecer indiferente. Hay que empezar por el principio. La próxima vez que critiques a México o al Presidente, piensa mejor en dejar de fumar marihuana, consumir cocaína, comprar piratería, ver pornografía, denunciar cualquier acto ilícito.

Qué bueno que salgamos a marchar y nos desahoguemos pero, ¿de qué sirve inundar las calles unas horas si después regresamos a nuestras casas, nos encerramos y volvemos a ser los mismos de siempre?

Llegó la hora de cambiar nuestra actitud. No podemos vivir lamentándonos por lo que no es, pensemos mejor en lo que puede ser y empecemos a hacer realidad ese México en el que queremos vivir a partir de ahora. Perdamos el miedo al fracaso, arriesguémonos, unámonos y seamos diferentes. Cada uno sabemos qué tenemos que cambiar y qué podemos mejorar. Esos pequeños cambios, multiplicados por millones de mexicanos, serán la expresión más visible del México que algún día lloró pero que nunca se rindió, del país que tras una larga noche de agonía decidió despertar en un nuevo amanecer.

armando.regil@eleconomista.mx

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