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Lo de Iberdrola alcanzaba para Banamex
Cuando Citigroup anunció la venta de Banamex, muchos dudaron que al gobierno mexicano le alcanzara para comprarlo. Después de los onerosos gastos en Dos Bocas, el Tren Maya y la construcción del aeropuerto de Santa Lucía, no quedaba claro que quedaran más fondos discrecionales para financiar una oferta competitiva.
Además, aún con la nueva información de ofertas relativamente bajas, la magnitud de Banamex es formidable. Una transacción de 7 mil millones de dólares sería la más grande para el Estado mexicano en lo que va del siglo. Para ponerlo en perspectiva, es más de 10 veces la compra de Fertinal, unas 6 veces la de la refinería de DeerPark y unas 5 veces la recompra de los bonos de MEXCAT, por la cancelación del aeropuerto de Texcoco. En términos de transacciones privadas, por supuesto que palidece contra la compra de Grupo Modelo por AB Inbev, o la propia compra de Banamex por Citi de hace tiempo. Pero seguramente entraría al top 20 de todas las transacciones de entidades mexicanas en la historia.
Hasta el propio López Obrador parecía reconocerlo como un monto titánico. Cuando en agosto pasado reveló que su gobierno sí había considerado comprar Banamex, rápidamente lo acotó al 51 por ciento de las acciones – y luego terminó descartándolo por las complejidades de construir una estructura de inversión “mixta”. Como si el 100 estuviera fuera de su alcance.
Pero quizás sólo fue un asunto sectorial. El sector eléctrico, por lo pronto, ha escapado de la jurisdicción de esta versión acotada del nacionalismo presidencial. Aquí sí se animaron a pensar en una transacción de prácticamente el doble que lo que la compra del 51 por ciento de Banamex hubiera representado: la adquisición del 100 por ciento de las acciones de 13 plantas de generación eléctrica de Iberdrola por 6 mil millones de dólares.
Claro que hasta en la hipotética compra de acciones de Banamex, el presidente se sintió obligado a explicar el racional económico. “Porque imagínense, el gobierno maneja siete billones de pesos de presupuesto, un banco que tenga ese manejo de recursos, si no en exclusiva, sí de manera preferente pues tiene garantizado a un cliente importante”, dijo el presidente en agosto del año pasado. “Y, además, es sabido, eso lo pueden ustedes revisar en el internet, de que todos los bancos tienen utilidades, todos, y son de los que más utilidades tienen, están entre las cinco grandes corporaciones que tienen más utilidades anuales. Entonces, no hay pierde.” Acá, con los activos de Iberdrola, no hubo nada de explicación de creación de valor. De hecho, como si se estuviera vacunando contras futuras pérdidas económicas, el presidente argumentó varias veces que las empresas privadas sólo piensan en ganancias. Pero para el las empresas del Estado, como la CFE que operará esos activos, no tienen esa restricción. Hacienda también se abstuvo de argumentar que estaban creando valor. Puso su foco, misteriosamente, en que los recursos que se usarán no ampliarán la deuda pública.
Además, el presidente afirmó que el sueño guajiro de la compra de Banamex se detuvo por prudencia política. En sus propias palabras: “Y también imagínense cómo se iban a poner los conservadores. Si de por si están muy rabiosos e irritados, decir: ‘Ya llegó, ¿no que no?, ahí está el estatismo, el totalitarismo, el populismo, el comunismo, etcétera, etcétera, etcétera.” Acá, en el sector energético, el mismo presidente fue el que promovió el uso del concepto de nueva nacionalización.
Lo que consuela es que, aún en el sector donde el presidente se ha permitido el despliegue más expansivo de su idea de nacionalización, esta ha rimado con transacción y no con expropiación.
@pzarater