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Le urge al gobierno una obra ?de relumbrón
En México siempre habrá espacios para que personajes como Vicente Fox puedan con total descaro ubicarse en primera fila de un evento de Peña Nieto y diga que va muy bien pero que le falta.
Y entonces todos sin excepción pensaremos que ése sí es un descarado. Porque el inconveniente que le ve el expresidente panista al actual Mandatario es que todavía no ha llevado a cabo las reformas más difíciles, como la fiscal y la energética.
Porque en seis meses no ha propuesto lo que el propio Fox no hizo en seis años.
Lo cual ha sido una constante durante muchos gobiernos. Las transformaciones no han sido lo suficientemente profundas como para darle a este país otro destino.
Lo que sí hacen los gobiernos, sean federales, estatales o municipales, es presumir obras de relumbrón. Algunas sirven, otras no, pero todas quedan como un monumento al gobernante que las ordenó.
Las mejores obras son invisibles para la mayoría, sean presas, tendidos eléctricos o drenajes. Por eso es que la tentación siempre ha sido hacer cosas que se vean aunque de poco sirvan.
Ahí está el propio Fox y su mediocre parche al aeropuerto de la ciudad de México con la Terminal 2.
Los que vivimos en la capital padecemos la falta de planeación urbana de los segundos pisos de López Obrador y Ebrard. Los que viven en Acapulco ya han sufrido tonterías como el deprimido de Papagayo que se inundaba, o el inexplicable puente de la panorámica. Y así cada entidad tiene su monumento a la mezquindad política.
Regularmente una obra con cálculo político inicia cuando los ingenieros y arquitectos planean el final de su construcción en coincidencia con los tiempos electorales. Nada mejor que cortar el listón de algo impactante el último día en que un gobernante tiene permiso para ello antes del inicio de las campañas.
A Marcelo Ebrard le falló. Los tiempos prometidos no fueron cumplidos y es la fecha en que no se han acabado ni el segundo piso del periférico ni la llamada supervía; y del exjefe de Gobierno hoy ya ni quién se acuerde.
A esta administración le empiezan a faltar grandes proyectos. Ya es hora de anunciar la nueva terminal del aeropuerto de la capital del país, la ruta del tren a Querétaro o Toluca, un nuevo puerto mercante.
Ya es hora de poner la primera piedra de algún proyecto de gran envergadura que permita la reactivación de una parte de la economía. El cálculo tiene que ser económico y no coincidente con algún periodo electoral.
Hoy hablamos de los parches a la autopista México-Pachuca tras el accidente de Xalostoc. Conocemos la nueva distribución de los pocos espacios disponibles del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. Hace falta una obra de relumbrón al gobierno federal, para mandar mensajes económicos necesarios en estos momentos.
Ahora que la economía se desacelera de forma tan notoria, el primer signo de confianza lo tiene que dar el sector público con una de esas megaconstrucciones pendientes. ¿Qué tal, por ejemplo, anunciar el nuevo aeropuerto antes del verano?