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Opinión

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Las víctimas de Cassez

Chistian Hilario Ramírez Ríos nunca podrá olvidar que fue un miércoles -el 19 de octubre del 2005- cuando inició su calvario, que se extendería 52 días. Tampoco que la tarde anterior se percató de que una persona le tomaba fotografías con un teléfono celular mientras esperaban que le entregaran sus compras en una papelería cercana a su casa, que entonces se ubicaba en la colonia Bondojito, en la delegación Gustavo A. Madero.

En aquel entonces, era un niño que estaba a punto de terminar su primaria. Nada dijo a sus padres del extraño que lo seguía porque seguramente dirían que estaba exagerando . En menos de 24 horas estaba junto con su mamá en un cuarto sin más muebles que ese sucio sillón color café.

A punta de pistola -junto con el esposo de su mamá- fueron forzados a subir a una camioneta y trasladados a una casa de seguridad, en la que esperaron nueve horas hasta que llegó quien sabrían se llamaba Israel Vallarta hasta que fueron liberados por la Agencia Federal de Investigaciones.

Directo, sin matices, El Patrón, como le decían los demás integrantes de la banda de Los Zodiaco, dijo al adulto que retendría a su mujer y a Chistian durante 10 días. Iba a pedirte 30 millones de pesos, pero quiero 15 millones, ni un peso más ni un peso menos , exigió, de otra manera, ¡olvídate de tu familia! Te juro por la Santísima Muerte que obligo a tu vieja a que mate a tu hijo y luego te la entrego para que te mate a ti y se mate ella. Te vas a juntar ese dinero y cuidado con avisarle a la policía .

Un muchacho de 21 años, que llevaba tres semanas en cautiverio, esperaba en otra habitación. Lo voy a matar porque su familia no quiere dar el dinero que pido. Orita lo traigo para presentártelo , dijo El Patrón, para luego dar unos minutos a la familia Ramírez Ríos, para despedirse.

Los secuestradores preguntaron a Chistian si quería algo de comer. Él pidió una hamburguesa de McDonalds. Su mamá, Cristina Ríos Valladares, requirió medicamentos. Mucho tiempo después, cuando recuperó su libertad, un vendedor de verdura la reconoció y le dijo que la mujer que había aparecido en la televisión la había seguido semanas antes de su captura.

Christian y su mamá calcularon que pasaron un mes dentro de esa habitación. Afuera, su padre hacía esfuerzos sobrehumanos para reunir el monto del rescate que, de acuerdo con las instrucciones dadas por Vallarta, tenían que ser entregados en billetes de 200 pesos o denominaciones mayores si eran pesos mexicanos o de 20 dólares.

Un día, cuando ya estuvieron en lo que ahora identifican como el rancho Las Chinitas, en el poblado de Topilejo, Chistian fue separado de su madre. Los captores explicaron a Cristina que sospechaban que su hijo tenía anemia, por lo que debían llevarlo al doctor.

En otra habitación de ese predio, una mujer de manos delicadas y suaves y de acento muy raro introducía una jeringa en el antebrazo izquierdo del menor. Es para hacerle unos análisis , le dijo. Después cubrió con algodón su oído izquierdo y lo remojó con un líquido.

El niño quedó al borde de una crisis nerviosa. Es que tu papá quiere que le mandemos algo tuyo , le dijo la mujer. Y después de un rato, le pidió que escribiera una carta en la que apuntara que su mamá le había cortado la ojera, que quitara a la policía y que no tardara más en pagar el rescate.

Habían pasado dos semanas del secuestro. El líder de la banda de los secuestradores ya había mandado mensajes de texto desde un celular a los familiares y amigos más cercanos a la familia Ramírez Ríos para seguir con la extorsión. En alguno decía que mejor emplearan los 900,000 pesos que decían haber reunido para pagar el funeral de las víctimas.

La noche del 9 de noviembre, El Patrón llamó al papá de Christian para exigirle que retirara a esa pinche vieja -después sabría que se trataba de una psicóloga- y referir que afuera de la casa de su cuñada Blanca Rosa había dejado una bolsa de plástico naranja con la oreja del menor. Poco después recibió otra llamada de Cristina para exigirle que pagara el rescate.

Ya no hubo contacto entre los secuestradores y la familia de las víctimas. En Las Chinitas, Cristina pudo darse cuenta de que entre los siete integrantes de la banda había una mujer, porque varias veces le llevó de comer. Ella usaba pantalón de mezclilla entallado y ocultaba su rostro con un pasamontañas que no alcanzaba a cubrir su melena rubia.

Justo un mes después de que fingiera la mutilación de Christian, ocurrió el operativo de rescate. Ezequiel Yadir Elizalde Flores también fue liberado. Habían sido confinados en Las Chinitas porque Vallarta Cisneros, El Patrón, había reñido con sus cómplices.

Con estos elementos, el magistrado Carlos Hugo Luna Castro, propuso al pleno del VII Tribunal Colegiado en Materia Penal desechar la petición de amparo tramitada por Florence Cassez.

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